La sostenibilidad está de moda

El cambio climático es uno de los grandes retos de nuestro siglo y ya se ha convertido en una de las primeras preocupaciones de los ciudadanos de todo el mundo. Por ello, industrias como la de la moda, la segunda más contaminante del mundo, mueven ficha y apuestan por una industria más sostenible con el planeta


Consumo responsable, materiales eco, reciclar, reutilizar… son conceptos cada vez más asentados en nuestras mentes. Sin embargo, y aunque la sostenibilidad parezca ser últimamente la palabra de moda, es todavía una asignatura pendiente para, precisamente, la industria de la moda.

El sector textil es uno de los mayores sectores de producción masiva. En números, la industria de la moda mueve más de 2,1 billones de euros al año en el mundo. Para hacernos una idea, en España, según el INE en 2008 gastábamos el 9% del presupuesto familiar en ropa y calzado, sin embargo, en la actualidad solo dedicamos un 5%. ¿Significa eso que ahora compramos menos ropa que antes? No, de hecho, ahora compramos más ropa que nunca, pero compramos mucho más barato. Comprar más, utilizar menos. Un concepto denominado como ‘fast fashion’ o ‘moda rápida’.

La moda rápida y su impacto ambiental

La ‘moda rápida’ es un fenómeno de consumo basado colecciones de ropa que siguen las últimas tendencias y que son fabricadas de forma acelerada y a bajo coste. Una forma de ofrecer al consumidor la posibilidad de acceder a prendas novedosas a precios asequibles de forma continuada. Esto ha provocado que la moda conlleve una obsolescencia programada y que el promedio de uso de una prenda nueva sea de solo siete veces antes de ser desechada. Pero, ¿cómo pueden las empresas producir a precios ínfimos sin reducir su margen de beneficios? Fácil. Contaminación y precariedad.

De acuerdo con la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la industria de la moda es la segunda más contaminante del mundo. De hecho, se estima que el 20% de la contaminación industrial del agua está asociada a la producción de prendas de vestir. Todo esto sin contar el impacto social y económico que ello conlleva. Por ejemplo, confeccionar un pantalón vaquero supone un gasto de 8.000 litros de agua, el equivalente a la cantidad que bebe una persona promedio en siete años. Si actualmente se producen cada año unos 5.000 millones de jeans en todo el mundo, los cálculos son abrumadores.

Además, este sector es responsable de la emisión de 850 millones de toneladas de C02 al año y del vertido al mar de medio millón de toneladas de microfibra, lo que equivale a tres millones de barriles de petróleo, según la ONU.

Asimismo, y más allá del derroche, la ineficiencia de esta tendencia consumista se extiende al reciclaje de las prendas. Según la Asociación Ibérica de Reciclaje Textil, en España, más de 800.000 toneladas de desechos textiles acaban en los vertederos cada año. Lo que significa que solo el 10% de los textiles se reciclan.

Somos lo que vestimos

Hasta no hace mucho tiempo, la sostenibilidad no era un concepto relevante para los consumidores a la hora de comprar un artículo y, por consiguiente, tampoco era tenida en cuenta por las marcas. Sin embargo, estos datos han alertado no solo a quienes trabajan en la industria sino a los propios consumidores que son cada día más conscientes de que la industria necesita un cambio y están tomando conciencia de la necesidad de adquirir unos hábitos que tengan un efecto positivo para el planeta.

Según un informe elaborado por OCU y NESI, más del 70% de los españoles tienen en cuenta aspectos éticos y ecológicos a la hora de hacer sus compras, y al 81% le preocupa mucho el desperdicio textil, según una encuesta realizada por IBM. “Solo con una reducción de consumo o con un consumo realmente consciente y responsable ya estaríamos cambiando muchísimo la situación en la que vivimos”, afirma Carol Blázquez, directora de Innovación y sostenibilidad de Ecoalf. Si utilizamos cada una de nuestras prendas durante al menos dos años, podríamos reducir nuestro impacto en el ambiente hasta en un 24%

Hace años, como respuesta a esta problemática surgió el concepto de ‘moda sostenible‘. Sí, hace años. Y es que, aunque nos suene novedoso, este sistema empezó de manera residual en los años 80, pero no es hasta finales de los 90, principios de los 2000 cuando toma un gran impulso.

Slow fashion, moda ecológica, moda lenta, moda circular… Pero, ¿qué es en realidad este concepto? La moda sostenible se trata de una nueva corriente de pensamiento en el mundo de la moda. Un pensamiento que nace con el objetivo de concienciar al consumidor sobre la posibilidad de consumir prendas de vestir con unos criterios de sostenibilidad ambiental y social.

La moda sostenible o slow fashion se caracteriza por cumplir diversos criterios a la hora de llevar a cabo sus procesos de fabricación que la distinguen de la fast fashion: utilizan materiales naturales, de origen orgánico, regenerados o reciclados; tienen un control sobre las condiciones de seguridad y dignidad en el salario de sus trabajadores; y minimizan la huella de carbono y el uso de químicos en sus prendas.

La industria textil se apunta al cambio

Poco a poco, la moda sostenible está encontrando su espacio dentro de la industria que se presenta como un motor esencial para el cambio. Grandes empresas como la cadena global H&M ya han adoptado un sistema de recolección de ropa, Springfield acaba de lanzar una colección completa enfocada al comercio justo; o Lidl que se suma a esta tendencia eco y presenta sus primeras zapatillas a base de plásticos reciclados del mar.

Al mismo tiempo, algunas compañías más pequeñas también se han sumado al movimiento para cambiar la industria textil en un mundo más sostenible para el planeta. Por ejemplo, Heavy Eco se trata de la primera firma de moda fundada en un centro penitenciario estonio que fabrica prendas sostenibles; o ActandBe, que es una marca online de moda deportiva sostenible hecha 100% en España que planta un árbol por cada pedido recibido.

Empresas que recogen lo que nosotros desechamos para darle una nueva vida. Precisamente, con esta finalidad nació Ternua, una marca técnica de ropa deportiva outdoor de alta calidad y 100% sostenible nacida en el País Vasco. Para fabricar sus prendas utilizan materiales reciclados, biodegradables, naturales, con algodón orgánico o con materiales certificados Bluesign. ¿Su objetivo? Devolver al planeta lo que él nos ha dado, protegiendo a la naturaleza y las personas, sin destruir ni una mínima parte esencial de ellas.

En esa línea también surgió en 2009 Ecoalf, una empresa madrileña pionera en moda sostenible que recoge botellas de agua del fondo del mar y las convierte en hilo para fabricar prendas de ropa. Una empresa cuyo eslógan, ‘There is not planet B’, se ha convertido ya en el de muchos jóvenes que luchan contra el cambio climático.

Hace más de 10 años que su presidente y fundador, Javier Goyeneche, fue pionero en la producción de prendas realizadas con materiales reciclados de la misma calidad, diseño y propiedades que la moda rápida y en demostrar que no es necesario utilizar los recursos naturales del planeta de una forma indiscriminada. “Sabíamos que el hecho de no utilizar los recursos naturales tiene un impacto positivo sobre el planeta, pero no éramos conscientes de todo lo que iba a suponer el utilizar esos recursos como materia prima” nos explica Blázquez.

El coronavirus nos ha demostrado la rapidez con la que es capaz de recuperarse el planeta cuando no abusamos de sus recursos. Por lo que un mundo mejor es posible, y solo nosotros tenemos la clave. La moda sostenible no solo existe, sino que ha llegado para quedarse.



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