La pandemia y la inacción política hacen peligrar los ODS en una década decisiva

La pandemia y la inacción política hacen peligrar los ODS en una década decisiva

La pandemia y la inacción política hacen peligrar los ODS en una década decisiva

La ONU intenta relanzar el compromiso internacional en torno a los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) cuando se cumplen cinco años de su adopción y alerta de que la crisis que plantea el coronavirus podría impedir alcanzar estas metas para 2030


Nicolás Pan-Montojo
Madrid | 22 septiembre, 2020


Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), el proyecto de Naciones Unidas para transformar los sistemas financieros, económicos y políticos que gobiernan nuestras sociedades y crear un mundo más sostenible e igualitario, cumple cinco años este viernes. Sin embargo, incluso antes de que la pandemia golpeara con fuerza, el planeta no estaba en el buen camino para cumplir con la también llamada Agenda 2030 y el coronavirus ha terminado por complicar aún más alcanzar este logro colectivo. Ahora, con solo 10 años para el final, se hace cada vez más necesario un ambicioso esfuerzo a nivel mundial para cumplir la gran promesa del desarrollo del siglo XXI. Y, paradójicamente, la COVID-19 se presenta, según la ONU, como una gran oportunidad para dar a los ODS el impulso definitivo.

Aprovechando el inminente quinto aniversario de su aprobación, el pistoletazo de salida para relanzar los ODS se produjo este pasado viernes en un evento paralelo a la Asamblea General de Naciones Unidas que se está celebrando estas semanas de manera telemática. Entre representantes de los gobiernos, la sociedad civil y el sector privado, el secretario general de la ONU, Antònio Guterres, aseguró en su discurso que “como una familia unida de naciones”, el mundo dispone de las herramientas necesarias para erradicar la pobreza y el hambre, mitigar el cambio climático, lograr la igualdad de género y llegar a alcanzar los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible.

Para el líder de la ONU, la COVID-19 se presenta como un inesperado obstáculo para la consecución de los ODS, pero también como una oportunidad. “La pandemia nos ha empujado hacia la peor recesión en décadas, con terribles consecuencias para los más vulnerables”, explicó Guterres, que cree sin embargo que el mundo no debe perder el tiempo buscando nuevas soluciones, porque dispone de la herramienta necesaria para minimizar su impacto: la Agenda 2030.Es la hoja de ruta que brinda la orientación que necesitamos para poner fin a la pandemia, responder a sus repercusiones socioeconómicas y trazar el rumbo de una recuperación transformadora”, lanzó el veterano político portugués, que cree que sin embargo falta un elemento esencial: “voluntad política”.

Asamblea de Naciones Unidas en la sede central de Nueva York (EEUU).

“Los principios sobre los que se establecieron los ODS son clave para una mejor reconstrucción durante la recuperación después de la COVID-19”, aseguró por su parte Liu Zhenmin, secretario general adjunto de Asuntos Económicos y Sociales de la ONU. Para resaltar su importancia, a partir de ahora y durante toda la década se celebrará anualmente un Momento ODS durante la sesión de apertura de la Asamblea General, en el que se analizarán los avances y retrocesos de la Agenda 2030.

Sin embargo, antes de centrarse en las posibles oportunidades que ofrece la crisis provocada por el coronavirus, es importante revisar los efectos que ha tenido la pandemia sobre el avance de los ODS. Porque, aunque pueda ser vista como una oportunidad, la COVID-19 también ha evidenciado la fragilidad del progreso mundial hacia el desarrollo sostenible.

En palabras de la ONU, el año 2020 “es el momento para hacer un balance de dónde estamos y considerar los desafíos que enfrentamos para cumplir con los ODS mientras respondemos a la pandemia de COVID-19 y establecemos lo que se necesita para avanzar”.

Un proyecto mal encaminado

A un tercio de la trayectoria para alcanzar los ODS, el mundo no está bien encauzado para alcanzar estos objetivos mundiales para el año 2030. Esta es la principal conclusión que se extrae del material que ha publicado la ONU con motivo de este primer “momento ODS”, en el que se hace balance del progreso actual en desarrollo sostenible. Y es que, según los diferentes datos disponibles, incluso antes del brote de la COVID-19 los avances habían sido desiguales y se necesitaba una atención más centrada en la mayoría de las áreas.

Los analistas de la ONU reconocen que en estos últimos cinco años se habían logrado avances en algunas esferas, como la mejora de la salud maternoinfantil, la ampliación del acceso a la electricidad y el aumento de la representación de las mujeres en los gobiernos. Sin embargo, estas mejoras se vieron contrarrestadas por retrocesos como una creciente inseguridad alimentaria, el deterioro del medio ambiente, la aceleración del cambio climático y el aumento de unas desigualdades que se describen como “persistentes y generalizadas”.

Los datos hablan por sí mismos: tanto en lo relativo a la lucha contra la pobreza como en la acción climática, estamos aún lejos del objetivo. Este año va a suponer el primer aumento de la pobreza mundial desde 1998, con casi 71 millones de personas descendiendo al umbral de la pobreza extrema en 2020, según la ONU. Al mismo tiempo, y a pesar del respiro que ha supuesto el coronavirus, las emisiones de gases de efecto invernadero siguen acelerándose y los países ven cada vez más lejano cumplir con el límite de 1,5 grados al calentamiento global que proponía el Acuerdo de París y ninguno de los objetivos intermedios de biodiversidad que había que alcanzar este 2020 se han conseguido.

El panorama es complicado globalmente, pero es especialmente pernicioso para regiones en desarrollo como África o América Latina, cuyas poblaciones más pobres sufren desproporcionadamente el impacto del cambio climático y la desigualdad. Pero es que incluso la Unión Europea, que se intenta posicionar como punta de lanza de la lucha climática global con proyectos ambiciosos como el Pacto Verde Europeo, está incumpliendo lo pactado: según un informe elaborado por Eurostat en junio, Bruselas se ha estancado en medidas relativas a la lucha contra el cambio climático.

Mientras tanto, el avance del coronavirus amenaza con echar por la borda los tibios progresos logrados en cinco años. Y es que la pandemia no solo ha expuesto las graves y profundas desigualdades de nuestras sociedades, sino que está exacerbando aún más las disparidades existentes dentro de los países y entre ellos.

El peligro del coronavirus

La rápida propagación del coronavirus convirtió una emergencia de salud pública en la peor crisis mundial de nuestras vidas. En apenas unos meses, la pandemia ha interrumpido la implementación de muchos de los ODS y, en algunos casos, ha generado un retroceso de décadas de progreso. Sobre todo, porque afecta desproporcionadamente a las personas más pobres y vulnerables.

Unas 1.600 millones de personas –la mitad de la fuerza laboral del mundo– se mantienen a sí mismas y a sus familias mediante trabajos inseguros y muchas veces peligrosos en la economía informal, y se han visto considerablemente afectadas. Los efectos de la COVID-19 también están empeorando la vulnerabilidad de los 1.000 millones de habitantes de barrios marginales del planeta, que ya tienen que vivir en viviendas inadecuadas con acceso limitado o nulo a infraestructura y servicios básicos.

Del mismo modo, la pandemia está afectando a millones de mujeres y niños que, por su propia condición, son más vulnerables a sus efectos. La interrupción de la atención sanitaria y el acceso limitado a los servicios de alimentación y nutrición podrían aumentar las muertes maternas y de niños menores de cinco años en cientos de miles en 2020. Además, en muchos países se ha registrado un aumento de las denuncias de violencia doméstica contra mujeres y niños. También, se pueden prever millones de embarazos no deseados, ya que decenas de millones de mujeres no pueden acceder a los suministros y servicios de planificación familiar.

Africa
Reparto de comida y productos sanitarios durante la pandemia en el asentamiento informal de Masiphumelele, Ciudad del Cabo, Sudáfrica. EPA/Nic Bothma

Y por supuesto, están también los preocupantes efectos económicos de la crisis sanitaria. Aunque los países más avanzados y desarrollados están teniendo dificultades para hacer frente a las consecuencias sanitarias, sociales y económicas de la pandemia, los más pobres y desfavorecidos serán inevitablemente los más afectados. Las estimaciones indican que el comercio mundial se desplomará entre el 13% y el 32%, la inversión extranjera directa disminuirá hasta en un 40% y las remesas a los países de ingresos medios y bajos se reducirán en un 20% en 2020.

De hecho, muchos de los países más pobres ya están experimentando una grave inseguridad alimentaria y se enfrentan a un cóctel explosivo de pérdida de empleos, fragilidad de los sistemas de salud e insuficiencia de servicios básicos. Sin el apoyo de la comunidad internacional, la crisis podría desestabilizar las economías de estos países ya empobrecidos.

Repensar los ODS

Por tanto, y por mucho que la ONU señale que la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible “está diseñada para abordar las mismas fragilidades y deficiencias que la pandemia ha expuesto”, la realidad es que el coronavirus amenaza con hacer saltar por los aires el mayor ejemplo de lucha internacional por el desarrollo que ha visto la humanidad en décadas.

Las cosas han cambiado mucho desde 2015, año en el que la ONU adoptó por unanimidad los 17 ODS. Entonces el viento soplaba a favor del internacionalismo, pero el avance de las guerras comerciales y la pandemia global han hecho desaparecer gran parte de ese optimismo y amenazan las bases mismas del proyecto.

La respuesta a este callejón sin salida podría estar en repensar y recalibrar estos objetivos. Un editorial de la revista Nature publicado en julio apuntaba que “es necesaria una nueva reflexión sobre las mejores formas de alcanzarlos”, una idea que también han defendido grupos de asesores de la ONU como la Red de Soluciones de Desarrollo Sostenible (SDSN).

La propuesta principal es que los 17 ODS y 169 objetivos asociados se redistribuyan en seis estrategias que simplificarían la gestión de la Agenda 2030 y la harían más sencilla de alcanzar. Estos serían el bienestar humano (que incluiría eliminar la pobreza y mejorar salud y educación); las economías sostenibles (que fusionaría los objetivos de crecimiento económico, empleo para todos y economía circular); acceso a alimentos, agua y nutrición; el acceso y la descarbonización de la energía; desarrollo urbano; y la protección de los recursos comunes (combinando biodiversidad y lucha contra cambio climático).

Pero también hay sectores dentro de la ONU que piden una revisión más radical de los ODS. Según el hasta hace poco relator especial de la organización sobre pobreza extrema y derechos humanos, Philip Alston, es necesario desacoplar los ODS de los objetivos de crecimiento económico. Y no solo porque este sea inalcanzable a corto plazo a causa de la pandemia, sino que cada vez hay más evidencia que demuestra que la subida del PIB no significa que los beneficios se compartan de manera equitativa.

Los 17 ODS resumidos en seis frentes 

  • Bienestar humano
  • Economías sostenibles
  • Acceso a alimentos, agua y nutrición
  • Descarbonización de la energía
  • Desarrollo urbano
  • Protección de los recursos comunes

Es más, según Robin Naidoo, científico principal del grupo de conservación WWF en Washington (EEUU), y Brendan Fisher, científico ambiental en la Universidad de Vermont, la lógica del crecimiento infinito acaba asignando valor a estrategias que son contraproducentes con el desarrollo sostenible, como la inversión en combustibles fósiles o en automóviles y aviación.

En cualquier caso, para la ONU, “el cambio es posible” y tiene que pasar forzosamente por “aumentar la ambición”. Al fin y al cabo, si la pandemia nos ha enseñado algo, es que, si hay voluntad, los países pueden cambiar drásticamente su forma de pensar y actuar. Si podemos tomar medidas radicales para frenar el coronavirus, quizás sea el momento de aplicar la misma lógica a la hora de abordar la pobreza y la desigualdad, la mejora de la salud y la educación o la lucha para conservar la biodiversidad y el clima



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