Trump se despide abriendo el Ártico a las petroleras - EL ÁGORA DIARIO

Trump se despide abriendo el Ártico a las petroleras

Donald Trump, antes de quedarse sin tiempo en la Casa Blanca, ha apresurado las concesiones para la explotación de gas y petróleo en el Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico, en Alaska, poniendo en peligro uno de los pocos territorios vírgenes del planeta con una riqueza biológica única


Aún quedan dos meses para que Donald Trump, el presidente saliente que aún no ha reconocido su derrota en las elecciones, deje la Casa Blanca. Dos meses que dan para mucho, y que los presidentes salientes suelen utilizar, entre otras cosas, para hacer un último guiño a las industrias que apoyaron sus administraciones. Ellos firman la ley y poco después ya están libres de ataduras, polémicas y potenciales demandas; de vuelta en la vida civil. A este frenesí que se apodera de los mandatarios en sus últimos días de gestión se le llama “Efecto Cenicienta”: tienen que hacer muchas cosas antes de que toque medianoche, antes de dejar el baile.

En el caso de Donald Trump, el republicano se dispone a otorgar concesiones de explotación de gas y petróleo en la franja costera del refugio ártico de Alaska: unos 6.000 kilómetros cuadrados, el 8% de la superficie total del refugio, que los líderes republicanos tienen desde hace cuatro décadas en el punto de mira. La Oficina de Administración de Tierras ha pedido oficialmente a las empresas energéticas que elijan los lugares en los que les gustaría perforar.

El Refugio Nacional de Vida Silvestre del Ártico es una extensión prácticamente virgen, con pocos vestigios de actividad humana. Más allá de las escasas familias de nativos Inuit y Gwich’in que viven allí, hay abundantes manadas de caribús, aves acuáticas y osos polares que poco a poco han ido siendo desplazados, debido al deshielo, de las regiones más septentrionales.

Osos polares en la costa norte de Alaska, donde cada año pasan la temporada de cría. | Foto: Jeff Stamer

La decisión de Trump es la conclusión esperada de su mandato. El Congreso de mayoría republicana quitó la protección pública al refugio en 2017, Donald Trump anunció sus intenciones el pasado agosto, y este martes el proceso se puso en marcha. El calendario, sin embargo, es de lo más estrecho. El Gobierno tiene un mes, hasta el 17 de diciembre, para nominar a las empresas interesadas, y luego un mes más antes de otorgar las concesiones. Si todo avanza de la manera más rápida posible, las primeras concesiones se darían el 17 de enero: tres días antes de que Trump abandone la Casa Blanca.

“Este calendario indica que están intentando comprimir esto de una manera que evite las consideraciones de preocupación pública”, declaró Brook Brisson, abogado de un bufete ecologista de Anchorage, a la radio NPR. Su bufete, Trustees for Alaska, es uno de los muchos grupos y 15 estados del país que han tratado de parar en los tribunales la iniciativa republicana.

Por otra parte, los grupos favorables a la industria han celebrado el anuncio. El American Petroleum Institute dijo en un comunicado que la explotación de los recursos energéticos “creará empleos bien pagados y dará un flujo de ingresos para el estado: la razón por la que la mayoría de los alasqueños lo apoyan”. Una encuesta de Pew Research Center, en la pasada primavera, reflejó que casi el 80% de los estadounidenses respalda el desarrollo de energías alternativas a los combustibles fósiles. Por el contrario, solo uno de cada cinco estimaba como prioridad seguir explotando el gas, el petróleo y el carbón.

Uno de los objetivos fuertes de la agenda económica de Donald Trump ha sido la independencia energética. El presidente saliente se ha referido muchas veces a la necesidad de que Estados Unidos no tenga que deber favores a otros países para poder abastecerse de todo el petróleo que necesita: una idea especialmente alineada con las posturas aislacionistas del republicano.

Gasoducto Trans-Alaskan. | Foto: Anita Warren-Hampson

Desde hace dos años, Estados Unidos produce, intermitentemente, más energía de la que consume, lo cual técnicamente lo pondría más allá de la línea de meta. Sucedió en febrero y marzo de este año, en marzo de 2019 y en dos meses de 2018. Aún así, esto no tiene un impacto directo en la economía, ni siquiera a la hora de llenar el depósito. “El precio del petróleo y de la gasolina en Estados Unidos está motivado por el mercado mundial de petróleo, y esto sigue siendo así incluso cuando producimos una proporción cada vez mayor del petróleo que consumimos”, dijo a Politifact Severin Borenstein, director del Instituto de Energía de la Universidad de California. A día de hoy los combustibles fósiles aún representan en torno al 80% de la producción energética total del país, seguidos por las renovables y la electricidad.

Si la iniciativa de Trump prospera, es posible que Estados Unidos se consolide como productor neto de crudo. Varios factores, sin embargo, empañan las posibilidades del proyecto. El primero es de índole geológico: no está claro cuántos hidrocarburos hay en esta región. Según The New York Times, los estudios que se usan datan de la década de los ochenta y pueden no ser muy precisos. La explotación del petróleo ártico, además, es especialmente costosa, y, de salir todo bien para las compañías, empezaría en aproximadamente una década, cuando la demanda global de combustibles fósiles sería probablemente menor. Razones a las que se pueden sumar las demandas de grupos ecologistas, preocupados por el potencial daño al medioambiente y a la fauna local.

Caribús en el monte Mckinley, Alaska. | Foto: Martin Capek

Pero quizás el mayor obstáculo es la presidencia demócrata que se avecina. El veterano Joe Biden ha expresado varias veces su rechazo a abrir el Ártico a los taladros de las grandes energéticas. La Administración Biden podría revisar estas concesiones de derechos de explotación, en caso de producirse, y retirarlas en el plazo de un mes o dos alegando todo tipo de excusas.

El Efecto Cenicienta de los últimos días de la Administración Trump se produce al mismo tiempo que su presidente continúa alegando, sin pruebas, fraude electoral, y multiplicando las demandas en los estados clave para tratar de revertir el resultado de los comicios: un desenlace altamente improbable. Mientras, la medianoche se aproxima, y con ella el aluvión de decretos cenicientos.



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