El reciclaje de colchones se echa la siesta

El reciclaje de colchones se echa la siesta

Unas 80 montañas Everest de colchones termina cada año en los vertederos de toda Europa. Más del 90% de ellos están hechos de poliuretano, un plástico derivado del petróleo. Un proyecto europeo ha creado el primer colchón de material reciclado y ha definido por primera vez un proceso industrial de reciclado que evitaría fabricar nuevo poliuretano. Este material, con aplicaciones en construcción o automoción, va a aumentar su demanda un 8% hasta 2023


¿Alguna vez se ha parado a pensar qué pasa con los colchones antiguos cuando los cambian por uno nuevo? Lo más fácil, y a veces lo más inocente, es pensar en su correcta gestión y reciclado, pero hay una cosa cierta cuando se habla de basuras, y esto es que las tasas de reciclaje de los residuos urbanos resultan cuanto menos mejorables.

En España llegan cada año al vertedero más de un 55% de los residuos urbanos. Sólo el 33,9% de las basuras se recicla o se composta, muy por debajo de la media europea que está en el 47%, según los últimos datos de Eurostat.

En nuestro país hay excepciones, como Cataluña, donde el reciclaje a día de hoy se sitúa en el 40% de media (gracias entre otras cosas a un impuesto que sitúa la tonelada de basura que llega al vertedero como la más cara de la Península. Frente a los 20 euros de media, en Cataluña se paga hasta 90 euros por la misma cantidad).

Hablar de porcentajes no permite entender la dimensión del problema. Ahora bien, considerar las cifras de un sólo tipo de residuo produce, cuanto menos, vértigo. Sólo en España, y hablando de descanso, se calcula que hay cinco colchones per cápita. Estas es la media y tiene en cuenta las segundas viviendas y que cualquier habitante tiene un colchón de más en casa por si alguna visita se queda una noche a dormir. Si además se le suman los de los centros hospitalarios, residencias y hoteles parece que van cuadrando las cuentas.

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En la Comunidad de Valencia se generan unas 30.000 toneladas de colchones en desuso cada año

Y ¿cuando termina su vida útil? “Cada año acaban en los vertederos el equivalente a 80 montañas Everest en colchones”, dice Vicente Barberá, director general del grupo Delax, empresa fabricante de estos productos.

La realidad es que cuando el colchón sale de una casa y a día de hoy, “solo se reciclan los muelles de acero. Pero el resto, es decir, la mayor parte del material termina en vertedero. En el mejor de los casos, en ciudades grandes, las empresas de gestión de residuos subcontratan a firmas que se encargan de la recogida de estos residuos voluminosos. Antes de llevarlos a vertedero, les quitan la parte textil, separan las espumas y comprimen el residuo en balas de 250 kilos para que el colchón ocupe menos. Lo reducen hasta un 10% del volumen original. Una vez llegan a vertedero se entierran.

Esto en las ciudades grandes, porque en las poblaciones más pequeñas no pueden dar este paso intermedio, por lo que los colchones terminan enteros en los vertederos. El problema de la gestión de residuos es que salga rentable. Eso significa que el volumen de residuo a tratar debe ser muy grande. Por eso, sólo en las ciudades grandes se da este paso intermedio.

Por ejemplo, en la Comunidad de Valencia, donde se generan unas 30.000 toneladas de colchones en desuso cada año, el coste por tonelada gestionada es de 350 euros, explica Tomás Zamora, director de Innovación de grupo Delax. Es decir, un 60% del total en desuso yace enterrado a día de hoy en los diferentes basureros municipales.

Esta empresa valenciana forma parte del proyecto Urbanrec (proyecto europeo que ha coordinado Aimplas y en el que han participado varias regiones europeas) y es uno de los partners responsable de fabricar el primer colchón elaborado en un 90% con materia prima reciclada de otros colchones en desuso.

Los materiales de los colchones

A día de hoy el acero de los muelles representa un 10% del peso total. Luego está la parte textil que es como un 5% de todo el volumen y al menos, un mínimo del 40% del total lo representan las espumas. Estas son el verdadero problema. La razón es que están fabricadas con poliuretano, un plástico termoestable, que al final es el responsable del buen descanso.

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Una de las etapas del proceso de reciclaje de colchones | Grupo Delax

Cada año se venden en España 1.800.000 nuevos colchones y de los que se compran sólo un 40% de los modelos son de muelles. “Cada vez un mayor volumen de ellos contiene poliuretano. Sólo los modelos de látex naturales están libres de estos, pero en el mercado deben representar a día de hoy un 3% de las ventas. Y de estos ni siquiera hay estudios sobre reciclabilidad ni perspectivas.

Aun así, la mayor parte de los que se venden como látex contienen también estos derivados del petróleo. Incluso los que conocemos como viscoelásticos están hechos con poliuretano. Pero es que, además de en los colchones, el poliuretano se encuentra en sofás y otros tapizados, en los aislantes térmicos y acústicos de los hogares y tiene aplicaciones en otros sectores, como el de la automoción”, matiza Zamora.

“Se trata de uno de los materiales más versátiles que hay y a día de hoy no tiene sustituto. Se utiliza en formato rígido como aislante en construcción o en su versión flexible en colchones, muebles tapizados o asientos de vehículos. El 90% de los colchones de Europa lo contiene”, matiza Ana Crespo, investigadora y miembro del proyecto por parte del Instituto Tecnológico del Plástico (Aimplas). Las perspectivas a nivel mundial sobre el consumo de este material hablan de que “desde 2018 a 2023 la demanda crecerá un 8%. Y ya ahora mismo el valor en el mercado a nivel mundial ronda los 54.000 millones de dólares”, dice la investigadora.

La definición de residuo voluminoso

El objetivo de Urbanrec era el de “implementar soluciones para hacer una ruta global que acabe con los residuos voluminosos”, Pero ¿qué se entiende por residuos voluminosos? Crespo explica que ahora, a principios de noviembre se presentarán las conclusiones del proyecto en el Parlamento europeo y unas recomendaciones para una futura legislación.

Entre ellas figura la unificación de lo que se entiende por voluminoso: “Depende de cada región o autoridad local que gestione el residuo y de cómo lo considere, pero en ningún caso están sujetos a una una normativa común. Las únicas estadísticas oficiales en Europa consideran los residuos urbanos en general, pero faltan datos sobre restos específicos. En el caso de España, se incluyen como voluminosos moquetas, alfombras, sofás y con estos, además de con los colchones, ha trabajado el proyecto”.

En Europa se generan 19 millones de toneladas de residuos, que incluyen muebles, alfombras, tapicerías y desechos fabricados en látex o material rígido

A pesar de la ausencia de una nomenclatura común, las estimaciones hablan de que en Europa se generan 19 millones de toneladas de estos residuos, que incluyen muebles, alfombras, tapicerías y desechos fabricados en látex o material rígido que contienen metal, fibra, cuero, vidrio.

Al final, y grosso modo, lo que proponen es regular todos estos restos, que por su tamaño, forma y peso no tienen cabida en la recolección de los residuos domésticos habituales. Y que además no tienen una ley propia, como los residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE).

Y es que lo que ocurre en España desafortunadamente sucede en toda Europa, donde se calcula que la mayor parte de los 19 millones de colchones en desuso acaban igual. La causa: la ausencia de procesos de reciclaje, al menos hasta ahora.

De hecho, según explican desde el departamento de Medio Ambiente de la Comisión Europea: “Los colchones están sujetos a la jerarquía de residuos establecida en el artículo 4 de la Directiva Marco de Residuos y tienen prioridad en la legislación y política de prevención y gestión de residuos. La prevención de residuos es la opción preferida, seguida por la preparación para la reutilización, el reciclaje, la recuperación y, como última opción, la eliminación. En su última revisión, la Directiva ha establecido ambiciosos objetivos para la preparación para la reutilización y el reciclaje de los residuos municipales (que incluye los residuos voluminosos)”.

La economía circular, clave para la correcta solución

La Unión Europea considera prioritaria la gestión de este residuo para alcanzar los objetivos de reutilización y reciclado de residuos domésticos fijado en más del 55% para 2025; un 60% en 2030 y un 65% en 2035. Más impactante es el objetivo para 2035, que establece que sólo un 10% de los residuos urbanos podrá llegar a vertedero en 2035. También es prioritaria para Europa la apuesta por la Economía Circular.

Sólo como ejemplo de la importancia de la Economía Circular y la reducción de basuras sin gestionar, basta recordar lo que está ocurriendo en la Comunidad de Madrid con los vertederos. El histórico vertedero de la Mancomunidad del Este, el de Alcalá, se ha cerrado porque se ha colmatado y su sustituto, la nueva planta de Loeches, todavía no está preparada para admitir basuras. Los 230.000 toneladas de residuos que llegaban hasta aquí, provenientes de los 31 municipios de este área geográfica, amenazan con llegar a Valdemingómez, el vertedero que da servicio a la ciudad de Madrid. Hasta aquí se calcula que llegan unas 4.000 toneladas de basura cada día. Sin entrar en polémicas políticas, es indudable que reducir las basuras que lleguen a vertedero acabará con problemas como este.

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Operario durante el proceso de reciclado de colchones | Grupo Dalex

En en el caso del poliuretano, se trata de “un material inerte, es decir, que no se descomponen fácilmente químicamente ni es biodegradable. Un poco como le pasa a los neumáticos”, afirma Zamora. Esto significa que su llegada a vertedero no supone un problema para el medio ambiente en principio. Sin embargo, vista las perspectivas de crecimiento de la demanda y sus múltiples usos, puede existir un mercado que incorpore este material reciclado como materia prima sin tener que fabricar nuevo material. “Cuando empezó Urbanrec vimos que no había tecnología para reciclarlo y se trata de un material muy bueno desde el punto de vista mecánico. Cuando se le acaba la vida útil como colchón todavía tiene mucho recorrido. En realidad si lo piensas el colchón se degrada mayormente por donde se apoyan las caderas, pero se tira más por una cuestión de higiene”, matiza el técnico

La primera planta piloto de tratamiento de este residuo ha conseguido encontrar el proceso por el que primero se separa el poliuretano de los restos textiles y de los muelles para luego higienizar el resto.

“Se ha conseguido separar el metal que ya se está reciclando, de la madera, las espumas y los plásticos. El poliuretano es un mezcla de poliol e isocianato. En función de las características de estos y de los aditivos que se emplee se consiguen los diferentes tipos y usos finales. Existen dos formas de tratarlo. Uno es químico. Gracias a él se aísla el poliol y se puede volver a introducir en procesos de fabricación de poliuretanos rígidos para construcción o incluso adhesivos con los que luego se unirán las capas de los colchones. La otra forma es mediante triturado y el añadido de aglomerantes. Así se obtienen nuevas espumas flexibles con las que se pueden hacer nuevos núcleos de colchón”, afirma Crespo.

Juntando las dos fórmulas se ha conseguido fabricar un primer colchón un 90% reciclado. Las tasas de reutilización de los polioles rondan entre el 20 y el 50% dependiendo del uso final en adhesivos, materiales para aislantes, espumas flexibles…

La apertura de la primera planta de tratamiento se prevé para dentro de un año y medio y tendrá capacidad para volver a fabricar entre 600 y 700 núcleos de colchones. Ahora bien, Barberá matiza “hay que estudiar la percepción del público, aunque el producto esta perfectamente higienizado ¿se compraría como colchón reciclado?”, exclama.

El colchonero del Pirineo

Hace un año, en la anterior cita anual de la feria Biocultura, Carles Casas presentó sus diseño de colchones en Madrid. Afincado en el Pirineo, elabora sus creaciones siguiendo las tradiciones de montaje manual del siglo XV. Bajo la marca Ecomatalasser comercializa productos hechos de lino, algodón, soja y lana proveniente de la zona y cuando no son locales, al menos con certificado ecológico. Entre las fibras de sus colchones esconde laurel, romero y lavanda para favorecer el sueño, incluso piedras que emiten vibraciones o cáscaras de cereal.

El colchonero Carles Casas trabajando la la lana. | Foto: Ecomatalasser

La elección de cada compuesto depende de cada cliente, de sus necesidades y su descanso. “El oficio antes era muy cercano; el colchonero sabía lo que le convenía a cada persona. Ahora los colchones son industriales; están llenos de derivados del petróleo. Se tarda menos pegando con colas, que cosiendo burletes a la inglesa para sujetar la lana y hacer que se reparta de manera uniforme”, dice el artesano, mientras explica cómo elabora sus creaciones.



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