Y si acaso valoramos la vida, empecemos a valorar el agua - EL ÁGORA DIARIO

Y si acaso valoramos la vida, empecemos a valorar el agua

Y si acaso valoramos la vida, empecemos a valorar el agua

Con motivo del Día Mundial el Agua hemos constatado cuán importante es para todos los actores de la vida social y económica global el líquido elemento. Una importancia que no termina de traducirse en conciencia real de que el agua es una cuestión de vida o muerte



Con el agua, hace falta valor. Y hacen falta valores. Que, con el agua, hace falta valor, es algo más que un estribillo. Es un mensaje que debiera calar con urgencia y sin más dilación, como una de las más importantes prioridades a las que nos enfrentamos.

El dibujante y humorista catalán, El Perich, trató de hacerlo ver con tono de humor, acidez y aire noir: “El agua es sin duda la bebida más peligrosa, te mata si no la bebes”. Pero, no es cuestión baladí. El agua, el valor del agua, requiere rigor, seriedad y compromiso. Requiere contundencia y firmeza para que, sin excepciones, cada cual, desde su ámbito de actuación, contribuya al logro de lo que hoy debiera ser entendido como algo más que un objetivo a largo plazo. Y es que, por exceso y por defecto, el agua es un valor en sí mismo.

Contribuir, sin más demora, a garantizar agua y saneamiento a lo largo y ancho del planeta, debiera ser algo más que una vocación o un objetivo de desarrollo sostenible central, como lo es el ODS 6 en la Agenda 2030. Porque garantizar agua y saneamiento es cuestión de vida o muerte.

“Porque nos va la vida en ello, con el agua hace falta valor”

Porque nos va la vida en ello, con el agua hace falta valor. Mucho valor. Y algo más que palabras. Con el agua, es tiempo de acción sin más demora. Con el agua no hay un solo segundo que perder.

Porque del agua depende la vida. Depende acabar con el hambre y con la pobreza. Depende la economía. Depende el sistema productivo. Depende la sociedad y la civilización. Dependen los avances (y la ausencia) de derechos básicos y elementales. Y la igualdad, la biodiversidad, la salud. Y el Planeta. De si somos capaces -o no- de valorar el agua en su justa -o injusta- medida, depende el valor que otorguemos a la vida.

Por eso, si acaso apreciamos la vida, ha llegado la hora de valorar el agua.

Esta semana se ha celebrado en todo el mundo el Día Mundial el Agua. Nada ni nadie ha titubeado sobre cuán importante es para todos y cada uno de nosotros el agua. Oro líquido.  No hemos encontrado ninguna voz disonante que cuestione el valor del agua.

Consenso en torno al valor del agua, como poco, extraordinario. Y un poco mágico. Y es que, “si hay magia en este planeta, está contenida en el agua” como sugería el antropólogo Loran Eisely.

“Si con el agua llegamos tarde, no habrá vuelta atrás”

La importancia del agua se refleja en gestos políticos, como el de que la primera partida aprobada por el Gobierno de España para iniciar la reconstrucción esté destinada al ciclo del agua, aunque sean apenas un centenar de millones los que se dirijan a la depuración y saneamiento de pequeños municipios que tengan aún esta asignatura pendiente.

Una cuantía alejada del auténtico valor del ciclo del agua, que cómo decía Jacques Y. Cousteau “con el ciclo de la vida son uno mismo“, pero armada de simbolismo y valor político. Cunda el ejemplo como algo más que un mero aviso a navegantes. Valga como un gesto y una llamada ejemplar y ejemplarizante para entrar en acción sin más dilación.

Porque si con el agua llegamos tarde, no habrá vuelta atrás. Y de ahí que el lema de este año haya sido “El valor del agua”, porque el agua todo lo vale y nada vale sin ella.

Naciones Unidas insistía esta semana en que esa falta de conciencia social sobre el papel clave de los recursos hídricos para la existencia misma es la principal causa de su mal uso y desperdicio. “Reconocer, medir y expresar el valor del agua, e incorporarlo en la toma de decisiones, es fundamental para lograr una gestión sostenible y equitativa de los recursos hídricos”.

El agua es un recurso único e insustituible, es fuente de vida, y pilar básico para el mantenimiento de las sociedades y de las economías. Sin embargo, 2.200 millones de personas carecen de acceso a este recurso vital.

Antonio Gutérres, secretario general de la ONU, calificaba como inaceptable la falta crónica de inversión en agua y saneamiento, y refería con preocupación el abandono político de la gestión del agua, “que necesita cuadruplicar los esfuerzos e inversiones a nivel global para poder alcanzar la meta de lograr el acceso universal al agua para 2030”, como lo marca la Agenda 2030.

“El mundo del agua está lleno de obviedades. Y que, por obvias, con frecuencia, olvidamos”

Extrapolen estas afirmaciones a la Península y pongan el foco nuevamente en España, un país que a pesar de ser uno de los más vulnerables de toda Europa por sus elevados niveles de estrés hídrico, en el próximo año apenas destinará 1.700 millones de euros a la necesaria política de agua, con cargo a los Fondos de Reconstrucción.

Una cantidad que en el próximo sexenio se elevará a 7.000 millones de euros, pero que a priori no irán destinados para el agua urbana, un sector que necesita más de 2.500 millones anuales solo para el mantenimiento de las actuales redes e infraestructuras del ciclo urbano del agua.

Pero volvamos al quid de la cuestión y a algo más que el estado líquido de las cifras.

La pandemia nos ha ayudado a abrir los ojos y hacer visible esta realidad seca a ojos de la sociedad, que ha buscado el agua para poder lavarse las manos insistentemente como mejor barrera para alejar al virus; y que ha visto con otros ojos sus aguas residuales, que, gracias a la innovación, se han convertido en una herramienta de alerta temprana epidemiológica para anticipar decisiones ante la expansión del coronavirus.

“Debemos devolver al agua su circularidad para respetar su ciclo infinito, y garantizar así la seguridad hídrica que la propia humanidad necesita”

El mundo del agua está lleno de obviedades. Y que, por obvias, con frecuencia, olvidamos. Y es que el agua es un recurso que, naturalmente, se transforma, y que tiene un ciclo natural propio, manteniéndose la misma cantidad de agua en el planeta, pero no en los mismos lugares ni en el mismo estado de la materia.

Una de las cosas que aún podemos hacer es devolverle esa circularidad para respetar su ciclo infinito, y garantizar así la seguridad hídrica que la propia humanidad necesita.

¿Saben? Contamos con información y elementos de juicio más que suficientes para ubicar la importancia del agua en su contexto. Disponemos de datos e información, coherencia política y coordinación, participación y colaboración, con ciencia y conciencia. Porque todos sumamos en este desafío de lograr la seguridad hídrica. Porque nos va la vida en ello, y con el agua hace falta valor.



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