El agua apenas encuentra resquicios en una COP26 decepcionante

El agua apenas encuentra resquicios en una COP26 decepcionante

El agua apenas encuentra resquicios en una COP26 decepcionante

Tras dos semanas de eventos y declaraciones, la COP26 de Glasgow espera echar este viernes el cierre a las negociaciones sin avances de calado, en una cita en la que por desgracia el agua y su relación con el cambio climático han sido casi completamente ignorados



Durante dos semanas, los ojos del planeta han estado mirando fijamente hacia Glasgow. La cumbre climática COP26 que allí se ha celebrado esta primera de quincena de noviembre ha servido para demostrar que los líderes mundiales son conscientes del enorme problema que supone el calentamiento global, como prueban los discursos que muchos dieron en los primeros días del evento. Un inicio en el que, a pesar de las dificultades planteadas por la pandemia, se respiraba optimismo por el regreso de Estados Unidos a la lucha climática internacional o el compromiso de India de alcanzar la neutralidad de carbono en 2070.

Sin embargo, las enormes dificultades a la hora de pasar de las palabras a los hechos, ya sea por la falta de acuerdo en torno a la financiación climática o a las reticencias de ciertos grandes países contaminantes, han acabado por empañar unas negociaciones que, salvo milagro de última hora, no producirán ningún tipo de compromiso vinculante que refuerce la aplicación del Acuerdo de París. No habrá avances en los mercados de carbono, la financiación al mundo en desarrollo o la obligación expresa de aumentar la ambición en la reducción de las emisiones de efecto invernadero, los tres puntos que los organizadores se habían marcado como prioritarios.

Un resultado sin duda decepcionante para una COP que quería ser “definitiva”, aunque el inesperado acuerdo de cooperación climática entre China y EEUU abra una puerta a la esperanza. Pero no es la conclusión más grave que se puede extraer de la cita de Glasgow. El hecho de que el agua haya estado casi completamente ausente del programa oficial y directamente desaparecida en las negociaciones de los países, a pesar de todas las llamadas de expertos internacionales a buscarle un lugar preferente en las negociaciones climáticas de la COP26, es una auténtica calamidad que dificulta aún más la posibilidad de encontrar una solución real al calentamiento global.

La ausencia del agua en la COP26 es injustificable si tenemos en cuenta sus vínculos con el cambio climático, confirmados más allá de toda duda por la ciencia

Es cierto que estamos ante la crónica de una muerte anunciada. Antes de que arrancara la COP26, desde El Ágora ya alertamos de que esta cita internacional corría el riesgo de quedarse seca por el poco peso del agua en el programa fijado por la presidencia británica. Pero han sido los expertos hídricos presentes en Glasgow, como la patronal europea del agua EurEau o la ONG WaterAid, los que han confirmado el casi nulo peso del líquido elemento en todo el evento.

“Es calamitoso. La falta de acceso al agua ya está matando gente… Es impensable no hacer algo al respecto. El mundo tiene que estar a la altura de este desafío”, pidió en vano el miércoles el director de esta última organización, Tim Wainwright. En vano, porque, incluso a pesar de que la zona azul contaba por primera vez con un pabellón dedicado al agua y la Alianza de Marrakech se esforzó a través de un evento el viernes por llamar la atención sobre los problemas hídricos que ya afronta el mundo, el agua brillará por su ausencia en la declaración final de esta COP26, según todos los borradores filtrados hasta el momento.

Una ausencia aún más injustificable si tenemos en cuenta los vínculos entre cambio climático y agua, confirmados más allá de toda duda por la ciencia. Según la ONU, en los últimos 20 años, el calentamiento global ha incrementado drásticamente la frecuencia de los peligros hidrológicos: los desastres relacionados con las inundaciones han aumentado un aterrador 134%, mientras que número de sequías y su duración también ha crecido en un 29%. A pesar de esto, la inversión en el sector del agua y el saneamiento representa el 0,3% de la financiación climática mundial total, según denuncia Unicef.

La comunidad internacional parece haber olvidado que sin agua será casi imposible resolver el reto climático

Ante esta situación es necesario impulsar cuanto antes una mayor ambición no solo a nivel climático sino sobre todo a nivel hídrico. Y si las negociaciones entre países siguen demostrando una discrepancia entre las palabras y los hechos, será imprescindible apostar por la única estrategia que parece haber dado frutos en esta COP26: las alianzas con el sector privado.

Muchos de los avances clave de la cita de Glasgow han ido por este camino. Es el caso del gran pacto para frenar y revertir la deforestación en la próxima década, que une a más de un centenar de países con fondos privados y grandes instituciones financieras, sin cuyo músculo económico y capacidad de influencia en los mercados parece imposible cualquier estrategia viable. O del compromiso para acabar con los coches de combustión en 2035, que ha aliado a una treintena de naciones con varios de los principales fabricantes de automóviles del planeta.

También en el agua, el único resultado tangible ha sido consecuencia directa de la colaboración entre actores. El viernes pasado se anunció la creación de la iniciativa 50 to 1 billion, una coalición de gobiernos, empresas, bancos y organizaciones no gubernamentales que prometieron su apoyo a un fondo para la crisis climática y del agua que tiene como objetivo llevar agua potable a al menos 50 millones de personas en África y Asia para 2030. Un proyecto que sin duda muestra el camino el seguir a una comunidad internacional que parece haber olvidado que sin agua será casi imposible resolver el reto climático.



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