¿Por qué habría de ser excluyente la SOStenibilidad?

¿Por qué habría de ser excluyente la SOStenibilidad?

¿Por qué habría de ser excluyente la SOStenibilidad?

“Alianzas”, ese es el modelo de gobernanza propuesto por Naciones Unidas para alcanzar los desafíos a los que como humanidad nos enfrentamos. El futuro nos concierne a todos. La sostenibilidad, también



No solo no es excluyente. Es que en materia de sostenibilidad todos sumamos. Todos somos parte de la solución. Porque el futuro nos concierne a todos. Sumar nuestros esfuerzos y aportar para remar en la misma dirección con el propósito de asentar los cimientos de un futuro (que o es sostenible, o puede que no sea), debiera ser una vocación planetaria y un desafío global.

No hay más ciego que el que no quiere ver. Y para promover que los Objetivos de Desarrollo Sostenible planteados por Naciones Unidas en su Agenda 2030 sean una realidad, tenemos toda una década por delante para que, efectiva y oportunamente, los ODS entren a formar parte prioritaria de las agendas gubernamentales, ciudadanas, civiles y empresariales.

“El desarrollo sostenible ha venido para quedarse, como ha venido para quedarse un marco instrumental de alianza como modelo de gobernanza”

La sinceridad y la honestidad con la que algunos de los aliados imprescindibles han integrado principios ASG-ESG, por sus siglas en inglés (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) en sus estrategias, y los han alineado con sus planes de negocio, no puede ser óbice para que todos asumamos nuestro papel y nos convirtamos en parte de la solución.

El viejo debate sobre las prácticas oportunistas o de greenwashing por parte de las empresas que, de un tiempo a esta parte, vienen gestionando con principios de responsabilidad y ética, debiera haber quedado zanjado desde el mismo momento en que el pronunciamiento de la ONU es taxativo. “Alianzas para lograr los objetivos”, propone como nuevo modelo de Gobernanza para avanzar en la senda del desarrollo sostenible. Alianzas para no dejar a nadie atrás. Y no es cuestión baladí entender que, para que el planeta del año 2030 dibujado por la ONU alcance a ser una realidad, se requiere del esfuerzo y la aportación de todos. Sin excepción.

El ímpetu desmedido para (re)abrir viejos debates sobre la conveniencia -o no- de que todos los actores aporten su saber, sus recursos, sus esfuerzos con compromiso y el propósito común de impulsar un cambio de paradigma y una transición ecológica que considere el valor de las personas y del Planeta es, con respeto, un ímpetu trasnochado y pasado de moda. El desarrollo sostenible ha venido para quedarse,  como ha venido para quedarse un marco instrumental de alianza como modelo de gobernanza… Los populismos o las visiones sesgadas y partidistas -más propias de amores reñidos- han pasado de moda.

¿Pueden las empresas contribuir al desarrollo sostenible?

La respuesta es sí. Pueden y deben. Y deben aportar su conocimiento, su práctica, sus recursos y su propósito por y para el desarrollo sostenible. Y aportar su experiencia. El papel de las más de 9.500 empresas, con presencia en más de 160 países, que forman parte del Pacto Mundial de Naciones Unidas debiera ser algo más inspirador y menos testimonial.

“El sector privado puede y debe desempeñar un papel central en este esfuerzo, avanzando en la cooperación internacional, participando en alianzas entre los sectores públicos y privados, buscando soluciones innovadoras para desafíos compartidos y haciendo negocios de forma responsable”, destacaba António Guterres, secretario general de Naciones Unidas.

Según el informe Contribución de las empresas españolas a la Estrategia de Desarrollo Sostenible 2030: una consulta integral, editado por la Red Española de Pacto Mundial, en colaboración con la Secretaría de Estado para la Agenda 2030, dependiente del Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, “más de un 85% de las empresas españolas afirma estar trabajando en los ODS”.

Esta misma semana el presidente de la Confederación Española de Organizaciones Empresariales (CEOE), Antonio Garamendi, afirmaba con rotundidad: “La empresa está comprometida al 300% con los Objetivos de Desarrollo Sostenible”. Lo hacía durante su participación en el foro ODS 2030. Objetivos Industriales, donde la CEOE reclamó asimismo al Gobierno que privilegie la transición ecológica y digital al repartir los fondos europeos.

¿Por qué no integrar la experiencia de las empresas con propósito y su valor testimonial en la Agenda de la Sostenibilidad?

Desafíos cruciales como la puesta en marcha de una verdadera economía circular, que permita garantizar unos estándares de bienestar en el siglo XXI; la mitigación y adaptación a la crisis climática; o el agotamiento de los recursos, son desafíos que no podrán acometerse si no es con el esfuerzo conjunto de todos los actores.

La pandemia del coronavirus ha mostrado hasta qué punto es vulnerable la sociedad global a una crisis inesperada, y está siendo también una muestra de lo que puede suponer el cambio climático, una amenaza a largo plazo que plantea un horizonte de incertidumbres marcado por fenómenos meteorológicos extremos, sequías, inundaciones y subida de temperaturas que pueden afectar a la producción agraria, las infraestructuras y la salud de las personas.

En las últimas décadas y años, el mundo productivo ha ido evolucionando hacia la sostenibilidad y ha dejado atrás los tópicos de cierto ecologismo trasnochado, que no se acompasa con la realidad actual del mundo empresarial.

“El mundo empresarial camina por la senda de la sostenibilidad mucho más rápido incluso de lo que los ciudadanos imaginan”

Las compañías han puesto en el centro de su actividad la obligación de responder a las exigencias ambientales, sociales y de buen gobierno corporativo, la terna de compromisos resumidas en el término ESG. Los inversores y los mercados premian a aquellas empresas que lideran esos ámbitos, pues no apostar por ellos supone sin duda un riesgo y una debilidad. El mundo empresarial camina por la senda de la sostenibilidad mucho más rápido incluso de lo que los ciudadanos imaginan.

En España, el Grupo Español para el Crecimiento Verde, por ejemplo, agrupa a decenas de compañías punteras de nuestro país que funcionan como una avanzadilla de la sostenibilidad y que abogan por apoyar a la administración y explorar iniciativas para la colaboración público-privada en la lucha contra el cambio climático.

La hoja de ruta del agua existe

Apostar por la innovación, la eficiencia y la inversión en tecnologías punteras en sostenibilidad fortalece a las propias empresas en un contexto de competitividad internacional por liderar el modelo verde de producción del siglo XXI.

En ese sentido, hay un sector clave por su capacidad de aportación económica y social: el agua. España, que es un país sometido a estrés hídrico por sus circunstancias climáticas, debe ser especialmente fuerte en este ámbito, pues el futuro que se avecina es absolutamente imprevisible.

En nuestro país hay conocimiento, tecnología y personas -unas 30.000 ligadas de forma directa al sector del agua- que están en la vanguardia mundial del conocimiento sobre la gestión de los recursos hídricos.

“Cada euro invertido en mejorar la resiliencia ante el cambio climático genera muchos más beneficios en forma de impactos evitados”

El sector del agua presentó su hoja de ruta de cara a la reconstrucción económica. Una propuesta que contemplaba más de 500 proyectos con un presupuesto que supera los 12.400 millones de euros, y que supondría un incremento estimado del PIB de más de 1.800 millones de euros y la creación masiva de empleo. La reconstrucción es verde, pero también azul.

Hay que tener en cuenta que cada euro invertido en mejorar la resiliencia ante el cambio climático genera muchos más beneficios en forma de impactos evitados. Invertir en agua y adaptación al cambio climático es invertir en futuro.

Por todo ello, y tal como se expuso este jueves en la presentación de la hoja de ruta de la Estrategia de Desarrollo Sostenible, elaborada por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030, las empresas tienen un papel fundamental que desempeñar, y la colaboración entre administraciones, empresas y sociedad civil es absolutamente esencial para lograr las metas y objetivos planteados por Naciones Unidas.

El ODS 6, Agua y Saneamiento, ha sido señalado como el objetivo transversal, sin cuya realización no será posible la consecución del resto de objetivos. El ODS 17, Alianzas, la única alternativa posible para que esos ambiciosos planteamientos se conviertan en una realidad.

Y es que en materia de SOStenibilidad todos sumamos. Todos somos parte de la solución.



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