De crisis a urgencia climática, cuestión de(l) tiempo

De crisis a urgencia climática, cuestión de(l) tiempo

El Foro Económico Mundial señalaba estos días al cambio climático como “el mayor riesgo global”. Podemos ver cómo el cambio climático se expresa con dureza, y cada vez con más frecuencia, en fenómenos meteorológicos como los que hemos vivido con Filomena. Y sabemos que la factura de esta meteorología extrema se traduce en coste económico, social y ambiental. Es un reto que requiere una acción inmediata de los gobiernos, del sector privado, del tercer sector y de la sociedad en su conjunto



Por mucho que haya aún quienes se afanen en cuestionarla, la crisis climática es innegable. Y lo es a pesar de que realidades como la irrupción de la pandemia derivada de la COVID-19 o los ingentes esfuerzos de la humanidad para contener un virus que se propaga como la pólvora, copen titulares y titulares de medios de comunicación que se han visto obligados a dejar en un segundo plano otras urgencias.

Hace unos días, el Foro Económico Mundial, presentó el Informe de Riesgos Globales de 2021, y sus conclusiones son taxativas. Por probabilidad y por impacto, el cambio climático copa la matriz de riesgos globales que requieren una acción inmediata. Sin más dilación. Entrar en acción o reaccionar. De nosotros depende. De los gobiernos, del sector privado, del tercer sector y de la sociedad en su conjunto. Impulsar -exigir- un nuevo modelo de producción que favorezca una transición ecológica de la economía es cuestión esencial e imperativa. Entrar en acción o escribir la “Crónica de una muerte anunciada”. La de la economía, dependiente aún y en gran medida de los combustibles fósiles. La de la sociedad, en la que se evidencia cada vez más la desigualdad del sistema. Y la del Planeta, sobreexplotado muy por encima de sus posibilidades.

“El cambio climático se expresa con dureza, y cada vez con más frecuencia, en fenómenos meteorológicos como los que hemos vivido con Filomena”

Con permiso de la Covid-19 y el drama humanitario que conlleva, que ha puesto en jaque al sistema sanitario y ha asestado un severo golpe a nuestro modelo económico; urge concentrar -también- la atención planetaria en cuestiones vitales como el cambio climático. Es imprescindible abordar la realidad del cambio climático en términos de “crisis” y de “urgencia”. Y es que su ferocidad y virulencia se expresa con dureza, y cada vez con más frecuencia, en fenómenos meteorológicos como los que hemos vivido estos días en nuestro país con la disrupción de Filomena, los vividos hace poco más de un año en el Mar Menor, o los períodos de sequía cada vez más largos…

“El cambio climático exige una respuesta inmediata de los gobiernos, del sector privado, del tercer sector y de la sociedad en su conjunto”

El calentamiento global y el cambio climático son cuestión de(l) tiempo. Es una realidad que apremia para no lamentar males mayores. Al igual que el Foro Económico Mundial alertó reiteradamente del riesgo de “enfermedades infecciosas”, el organismo también ha alertado reiteradamente del alto impacto de los riesgos relacionados con el clima, con los desastres naturales, o el fracaso de las políticas tendentes a dar respuesta a una situación que apremia, si no queremos enfrentarnos a las consecuencias de otra “urgencia”.  Es de sobra conocido -aunque haya quienes se afanen en negarlo- que la factura del cambio climático se traduce en coste económico, social y ambiental.

Según el Índice de Riesgo Climático de Germanwatch, entre los años 2000 y 2019 murieron 475.000 personas como consecuencia directa de más de 11.000 fenómenos meteorológicos extremos, y las pérdidas económicas generadas ascendieron en este mismo periodo a los 2,56 billones de dólares estadounidenses, calculados en Paridad de Poder Adquisitivo (PPA), lo que supone unos 2,1 billones de euros. Un coste demasiado alto, y no solo en lo económico.

“La factura del cambio climático se traduce en coste económico, social y ambiental”

Precipitada por la -avisada- irrupción en nuestras vidas de una pandemia de alcance global como la que vivimos, apremia el impulso de un nuevo modelo productivo y el compromiso firme, liderado por la UE, China y EEUU, de favorecer una energía tendente a la descarbonización de la economía y el impuso al Acuerdo de París y las diferentes Cumbres del Clima.

En cuestión de cambio climático, ha llegado el momento decisivo de quitarnos la venda de los ojos y demostrar(nos) que somos capaces de abandonar nuestras diferencias y apostar por una transición ecológica de la(s) economía(s) y un “gran pacto verde”, que sustenten la “tercera revolución industrial”. Es factible y es posible. Aprovechar las oportunidades de la crisis climática es cuestión de voluntad política, empresarial y civil. Frenar el riesgo de que se produzca una aun mayor “urgencia climática”, en un marco de consenso y alianza situaría, al fin, a la humanidad en su conjunto a la vanguardia de una causa global: proveer, a generaciones presentes y futuras, un mañana y un Planeta habitable.



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