Filomena: aviso de riesgos a evitar con inversiones

Filomena: aviso de riesgos a evitar con inversiones

La gran nevada de este arranque de 2021 ha impactado a toda la sociedad española y debe marcar un punto de inflexión en la adaptación al cambio climático de nuestras ciudades. Un frente principal es el ciclo urbano del agua, que reclama desde hace años paliar el déficit de inversiones en mantenimiento y adecuación de infraestructuras. Ante un clima más cambiante, todo esfuerzo realizado ahora es una ganancia futura



Las temperaturas en España empiezan a elevarse ligeramente a partir de hoy, pero no lo suficiente para deshacer el manto helado que cubre buena parte del centro del país y muchas ciudades. Este arranque de 2021 ha dejado una nevada histórica y nos ha dado una demoledora lección sobre hasta qué punto somos vulnerables a la meteorología y a un clima cada vez más cambiante.

Madrid apareció cubierta por la nieve el pasado lunes y todavía no ha recuperado su normalidad. La nevada también ha afectado a las zonas rurales y a la producción agropecuaria. Lo sucedido es tan impactante que la borrasca Filomena debería marcar un antes y un después en los planes de gestión de riesgos y emergencias, especialmente en las ciudades, y la planificación y desarrollo de infraestructuras.

Y esto es así porque sabemos que seguiremos estando en riesgo. Este fenómeno ha sido extraordinario, pero las previsiones científicas nos hacen ver que en el futuro será más posible que nos veamos sometidos a escenarios extremos, ya sean gélidos como este que estamos pasando, ya sean sequías, inundaciones, grandes incendios u olas de calor.

“Filomena ha impactado a toda la sociedad española y debe marcar un punto de inflexión”

Como siempre, los científicos son cautos a la hora de establecer una relación directa entre un suceso meteorológico concreto y el cambio climático. Pero los expertos coinciden en que eventos como el que padecemos estos días son justo lo que los modelos climáticos predicen para el futuro.

Se sabe que, con más energía en la atmósfera, los casos extremos aumentarán en intensidad y periodicidad. Los plazos de retorno de estos acontecimientos se acortan. Y si antes sucedían cada siglo, ahora pueden ocurrir cada década o cada año. Las infraestructuras y los sistemas urbanos no están dimensionados ni planificados para este volumen y constancia de retos.

Filomena ha impactado a toda la sociedad española y debe servir para marcar un punto de inflexión en la adaptación al cambio climático de nuestras infraestructuras y nuestras ciudades.

Por desgracia, y a pesar de los evidentes consecuencias del fenómeno, no se está fomentando este debate, imprescindible y de altas miras, sino que el espacio público está ahora enfrascado en la habitual lucha partidista de atribución de responsabilidades.

Toca salir de la nevada y del barro político que genera, y mirar con inteligencia y apertura de enfoque hacia el futuro. Y en ese sentido debemos sacar conclusiones. La primera de ellas y fundamental es que los organismos meteorológicos acertaron en sus predicciones.

Una semana antes de la borrasca ya avisaron de que se avecinaba una sucesión de circunstancias muy extraña. Y vaticinaron con mucha exactitud el alcance y la localización geográfica de las precipitaciones. Los modelos de predicción han mejorado mucho en las últimas dos décadas, y ahora los expertos en tiempo atmosférico pueden avisar habitualmente de lo que va a ocurrir.

Lo que falta por potenciar es la conexión con los sistemas de emergencia y con la planificación de riesgos. Necesitamos saber que estas cosas pueden pasar y pasarán. Y estar preparados para ello.

Se necesita mejorar los modelos y protocolos de riesgos en entornos urbanos, movilizar recursos humanos y tecnológicos para la previsión a medio y largo plazo y, sobre todo, mejorar y adaptar las infraestructuras a nuevos escenarios.

La participación de todos los actores, tanto de la administración como del sector privado, es fundamental en el día a día, y es de primera necesidad en caso de emergencia.

Contra el negacionismo acuático

Durante décadas, los científicos han estado advirtiendo del riesgo que suponían las emisiones de gases de efecto invernadero y el cambio climático. Ahora, mucho después, estamos empezando a notar, y de una manera brutal, los efectos de un sistema climático cada vez más caótico.

Si ha habido durante años un negacionismo climático, mucho nos tememos que exista también un cierto negacionismo acuático. El sector lleva avisando desde hace tiempo de que es necesario hacer un esfuerzo notable en la mejora, adecuación y adaptación de las infraestructuras del agua al cambio climático.

“Si ha habido durante años un negacionismo climático, mucho nos tememos que exista también un cierto negacionismo acuático”

España arrastra un déficit en inversiones desde la crisis del 2008 y destina mucho menos de lo necesario, no ya a mejorar nuestro patrimonio hidráulico, sino ni siquiera a mantener el existente. Nuestro esfuerzo inversor en esta materia está muy por debajo del de los países de nuestro entorno. Y ello a pesar de que somos un país especialmente sensible a la crisis climática por nuestras condiciones geográficas y latitud.

Se ha utilizado a menudo el mito de Casandra para explicar lo que ocurría a los expertos que advertían sobre el clima. A Casandra los dioses le concedieron el don de la profecía, pero la castigaron con una maldición: acertaría siempre, pero ninguno de sus vecinos la creería.

El sector del agua lo lleva diciendo alto y claro desde hace mucho tiempo. Hacen falta inversiones y una política de Estado clara y firme para adaptar las infraestructuras al cambio climático. Pero surge este fenómeno del negacionismo acuático, una metáfora para explicar lo que le ocurre a una sociedad que presta oídos sordos a las advertencias de los expertos que manejan el día a día de la gestión de los recursos hídricos.

Tenemos la oportunidad de destinar parte de los Fondos de Reconstrucción a esta cuestión, pero de momento no parece que las mayores partidas vayan a destinarse a él.

Evitemos el negacionismo acuático y huyamos del mito de Casandra. Si alguien no cree que es necesario invertir en gestión del agua en España, no tiene más que asomarse a la ventana y ver lo que la nieve puede provocar en una ciudad.



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