Un informe inoportuno, desactualizado y falto de rigor

Un informe inoportuno, desactualizado y falto de rigor

Un informe inoportuno, desactualizado y falto de rigor

El último informe elaborado por Léo Heller es una oportunidad perdida para avanzar en el cumplimiento de los derechos humanos al agua y al saneamiento



El derecho humano al agua y al saneamiento es incuestionable. Lo es desde julio de 2010, cuando la Asamblea General de Naciones Unidas aprobó la Resolución A/RES/64/292. En dicha Asamblea votaron más de 160 países y ninguno se opuso a la resolución. Existía consenso en la necesidad de reconocer el agua como derecho humano.

En 2015, la Asamblea de Naciones Unidas decidió ir un paso más allá “para hacer realidad los derechos humanos”, y aprobó la Resolución A/RES/70/1 (la conocida como Agenda 2030).

Lo hizo de forma unánime, con el voto a favor de los 193 países representados, que establecieron la nueva hoja de ruta de la Sostenibilidad (los ODS), fijando el ODS 6, Agua y Saneamiento, como un objetivo central, transversal e imprescindible para la consecución del resto de objetivos; y el ODS 17, Alianzas, como la herramienta para hacerlos posibles.

Los ODS solo se pueden conseguir con asociaciones mundiales sólidas y cooperación”. Como en 2010, volvía a existir consenso en torno al agua y a los mecanismos para hacer realidad este derecho humano, consenso para “no dejar a nadie atrás”.

Sin embargo, ahora parece que hay quien quiere acabar con todo eso. Léo Heller, profesor de la Universidad brasileña Minas Gerais, y hasta el pasado 2 de noviembre, Relator Especial sobre los Derechos Humanos al Agua y al Saneamiento, presentó el pasado mes de octubre un informe con el que pretende romper las unánimes posiciones de Naciones Unidas en torno al agua.

El informe, en el que aspira a analizar la intervención del sector privado en la prestación de servicios de agua y saneamiento, lo afirma desde la primera frase: “Este informe se opone al discurso común de la comunidad de derechos humanos”.

Al menos hace bien Heller en señalar que el documento se trata de un simple informe no vinculante que no expone la opinión de Naciones Unidas, pues no solo se opone a los posicionamientos de la organización para la que trabaja, o trabajaba, sino que además es por todos conocido que la ONU se expresa a través de resoluciones (como las expuestas en torno al agua y los mecanismos para hacer realidad los derechos humanos -alianzas-) o a través de su secretario general, única voz autorizada de la organización; y no a través de informes como el publicado ahora por el señor Heller.

António Guterres, secretario general de la ONU, es además un firme defensor de que los objetivos en torno al agua sólo se lograrán con la intervención de todas las partes (administraciones públicas, empresas y sociedad civil). De hecho, ha reiterado en diversas ocasiones que “el agua y el saneamiento exigen una respuesta integral, sistémica y multilateral”; y ha destacado la necesidad de que los países y el sector privado trabajen juntos: “Cuento con todos ustedes para aportar las innovaciones, las colaboraciones público-privadas y la financiación que necesitamos para un futuro sostenible y saludable”, destacó en un foro sobre ciudades el pasado mes.

“Los objetivos en torno al agua solo se lograrán con la intervención de todas las partes (administraciones públicas, empresas y sociedad civil)”

Asimismo, el informe Heller es una oportunidad perdida. Naciones Unidas señala que actualmente “una de cada tres personas no tiene acceso a agua potable salubre; dos de cada cinco personas no disponen de una instalación básica destinada a lavarse las manos con agua y jabón, y más de 673 millones de personas aún defecan al aire libre”; y sin embargo, Heller dedica su informe de despedida a analizar la situación en países desarrollados donde los derechos humanos al agua y al saneamiento están absolutamente garantizados.

Este 2020, Naciones Unidas celebra su 75 aniversario; 75 años tratando de velar por la paz y de garantizar el cumplimiento de los derechos humanos. Heller no solo no aprovecha la oportunidad de contribuir a la realización efectiva de los derechos humanos -al agua y al saneamiento-, sino que además pone en cuestión el consenso alcanzado en torno a los mismos.

Y lo hace encima con un informe totalmente falto de rigor. La Universidad Federal de Minas Gerais, de donde proviene el señor Heller, hace alarde de exigir a sus estudiantes unos requisitos mínimos para la presentación de trabajos universitarios. En todas las guías e instrucciones se señala la obligatoriedad de citar las fuentes utilizadas en la elaboración de los mismos.

Pues bien, el profesor Heller parece haber olvidado los más elementales requisitos y exigencias de su Universidad, pues en el último informe que ha presentado no duda en nutrirse de “afirmaciones de comentaristas anónimos” para nada menos que poner en cuestión la integridad de la propia Organización de Naciones Unidas y cuestionar su compromiso con los derechos humanos. Sí, el compromiso de una organización que lleva 75 años trabajando porque se cumplan.

Pero es que además, en el informe, Heller utiliza datos absolutamente desactualizados (algunos incluso del siglo pasado), descontextualizados (denuncia, por ejemplo, supuestas subidas del precio del 180% en Ecuador, cuando en ese mismo periodo el IPC subió un 408,5%) o directamente falsos (por destacar solo alguno que muestra lo infundado del informe, Heller sitúa en 500.000 la cifra de supuestos cortes de agua producidos en España durante la crisis de 2008 e incluso afirma que estas cifras están “infravaloradas”, cuando los avisos ni siquiera llegaron a esa cantidad).

“El informe Heller utiliza datos absolutamente desactualizados, descontextualizados y directamente falsos”

Demasiados errores para un informe incomprensible, que es incluso contradictorio con la propia opinión de Heller, que afirmó que “el marco de los derechos humanos no tiene preferencias por una gestión pública o privada porque piensa en los resultados y en los medios que se necesitan para conseguirlos”.

Y es que es precisamente esta situación la que debería ocuparnos a todos. A Naciones Unidas, a Heller, al próximo relator, y a cada uno de nosotros. Los desafíos en torno al agua y al saneamiento, el garantizar el derecho humano a esos millones de personas que todavía carecen del mismo, el “garantizar el interés general -como señalaba Heller- requiere de todos los recursos disponibles”. Y del compromiso de todas las partes. El agua y el saneamiento representan, como defiende Naciones Unidas, la oportunidad para refrendar que la colaboración funciona. Abandonemos informes infundados y sumemos esfuerzos para lograr los desafíos a los que como humanidad nos enfrentamos.



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