Ingeniería, agua, y mujer: soluciones para el siglo XXI

Ingeniería, agua, y mujer: soluciones para el siglo XXI

Ingeniería, agua, y mujer: soluciones para el siglo XXI

Emplear la técnica y el conocimiento para una economía verde y circular es algo que podemos y debemos hacer. Incorporar a las jóvenes a las disciplinas científicas y técnicas es también perentorio, y el sector del agua destaca especialmente



Vivimos tiempos complejos, de grandes retos e incertidumbres. Una humanidad globalizada -nunca jamás en la historia tan populosa y conectada– se enfrenta a desafíos que amenazan el bienestar de todos: cambio climático, pérdida de biodiversidad, agotamiento de recursos y, como último y reciente obstáculo, una pandemia que atenaza el mundo desde hace ya más de un año.

¿Cómo abordar todos estos frentes que ensombrecen el futuro? Sin duda, la primera herramienta es la coordinación de esfuerzos y alianzas. Hace falta la implicación de todos los actores, gobiernos, administración, empresas y sociedad civil, para remar juntos en la dirección de la sostenibilidad y la economía circular, verde y baja en carbono.

La otra solución que tenemos a nuestra disposición es la del conocimiento y la tecnología, ya que nunca antes ha tenido la humanidad un tan alto grado de desarrollo en estas cuestiones. La amplitud de nuestra evolución actual, técnica y de saberes, está al nivel de los retos que tenemos por delante.

Lo que toca ahora es poner a trabajar todo ese talento y capacidades en la buena dirección, la de la sostenibilidad.

Precisamente, se celebraba el pasado jueves el Día Mundial de la Ingeniería para el Desarrollo Sostenible instaurado en 2019 por la Conferencia General de la UNESCO. Según el organismo de la ONU, la ingeniería tiene un papel clave en el logro de los ODS, ya que utiliza los principios de la ciencia y las matemáticas para “desarrollar aplicaciones prácticas en alimentos, agua, energía, medio ambiente, ciudades sostenibles, resiliencia ante desastres naturales y otras áreas que son cruciales para toda la humanidad en el momento actual”.

“Es posible mantener el bienestar y el desarrollo si enfocamos nuestros recursos, nuestras técnicas y nuestro conocimiento en la buena dirección”

No cabe duda de que la tecnología ha sido arte y parte, y es comienzo y solución, de muchos problemas que afrontamos. No podemos evitar admitir que ha sido el desarrollo industrial iniciado en el siglo XVIII, el ingente consumo de energía fósil llevado a cabo desde entonces, y el gran crecimiento de la actividad orientada a una economía lineal de usar y tirar lo que nos ha llevado hasta donde nos encontramos. Ha sido así en lo bueno y en lo malo.

En lo positivo, hemos logrado altos estándares de bienestar y desarrollo para amplias capas de población. En lo negativo, lo hemos hecho gastando recursos finitos y contaminando el aire, los suelos o el agua, ya que la polución y el daño ambiental son outputs que los mercados no han sabido, hasta ahora, integrar bien en las contabilidades.

Pero el siglo XXI ha de ser, y es ya, el de la tecnología y la ingeniería enfocadas hacia la sostenibilidad, como remarca la Unesco.

Detalle del óleo de Heinrich Friedrich Füger ‘Prometeo lleva el fuego a la humanidad’ (1817)
Detalle del óleo de Heinrich Friedrich Füger ‘Prometeo lleva el fuego a la humanidad’ (1817).

Prometeo y el fuego de los dioses

En el fondo, el debate es tan antiguo como la propia cultura humana. En el mito griego, es el titán Prometeo quien rescata al ser humano de la oscuridad robándole el fuego a los dioses. Y estos le castigan por ello, pues ha entregado a la humanidad la llave para dominar su entorno y empoderarse.

Algo similar al fatum de Prometeo nos ha ocurrido. Hemos dominado el fuego y la tecnología. Pero no siempre los hemos usado sabiamente. Descubrimos el petróleo y el carbón, y sobre ese suministro “barato y seguro” de energía, hemos alimentado un crecimiento desmedido de la producción y la población.

Toca ahora reflexionar sobre ello, los muchos réditos obtenidos y los males causados, y aplicar la tecnología a una visión más circular y a largo plazo, donde el análisis inteligente de intereses y rentabilidades futuras entren en la ecuación. Y la respuesta es clara: es posible mantener el bienestar y el desarrollo si enfocamos nuestros recursos, nuestras técnicas y nuestro conocimiento en la buena dirección.

En relación al uso de la tecnología como solución a los grandes problemas globales, como el del cambio climático, hay todo un cuerpo de discurso, casi de ciencia ficción, y es el de las grandes soluciones de geoingeniería.

Se ha hablado, por ejemplo, de rociar la atmósfera con gases de sulfuro para aumentar el albedo o reflexión de los rayos del sol; o fertilizar los océanos con hierro para que estos capturen más CO2 mediante la actividad acelerada de microorganismos que se alimentan de él.

Estas medidas, controvertidas, que exigirían inversiones billonarias y que alimentan además serias dudas sobre efectos rebote y adversos no bien analizados, no pasan del campo de la ficción.

Lo que tenemos a cambio es el realismo de las soluciones que, día a día, ya estamos experimentando y que solo necesitan los empujes necesarios para que tomen más fuerza.

En el campo de la energía, por ejemplo, estamos viendo ya lo que las renovables están haciendo por nosotros. El auge creciente de la eólica y la fotovoltaica en todo el mundo, tecnologías ya competitivas en términos de mercado, está permitiendo mitigar el cambio climático y, al mismo tiempo, generar nuevos nichos de empleo, inversión y crecimiento para quienes apuestan por ellas.

Pero hay más ámbitos esenciales, como el agua -que por desgracia no siempre ocupa el lugar destacado que merece en la opinión pública-, donde vemos cómo la ingeniería y la tecnología ofrecen ya soluciones a los retos mayúsculos que enfrentamos, como es la previsible escasez de recursos hídricos debido a la demanda creciente y la presión del cambio climático. Y nuestro país, y sus empresas, destacan especialmente a nivel mundial por su alto grado de preparación.

“Las soluciones del agua para el desarrollo sostenible requieren un impulso claro de la administración, un marco jurídico estable y señales a los mercados para apostar por ellas”

Hablamos de regadíos inteligentes y eficientes, que no solo ahorran agua, sino que emplean la digitalización y la inteligencia artificial para economizar otros insumos, como los fertilizantes que deben emplearse para una agricultura productiva; o la depuración de aguas residuales, convertida gracias a las biofactorías en una actividad autosuficiente que, además de limpiar los cauces, genera electricidad y convierte residuos en fertilizantes y cierra todo el ciclo de los recursos; o la desalación de aguas marinas, que junto a la reutilización de aguas depuradas es una llave para el abastecimiento sostenible de recursos hídricos.

Todo esto y mucho más es una realidad presente que, para crecer todavía más, solo requiere un impulso de la administración, reglas claras, un marco jurídico estable y señales a los mercados para hacer apuestas claras. Porque el conocimiento, la tecnología y la capacidad existen, depositadas muchas ellas en empresas que todos los días garantizan el suministro a los ciudadanos y son fuente de innovación.

Las vocaciones STEM y las mujeres

Se celebra también hoy una efeméride como es el 8-M, día señalado en el calendario mundial como el Día Internacional de la Mujer. En ese sentido, desde nuestro diario nos gustaría recordar cuán importante es su incorporación a las vocaciones STEM, el término inglés que define las disciplinas en auge del siglo XXI. Desde luego, Science, Technology, Engineering and Mathematics (ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas) son las herramientas del futuro verde y sostenible que todos necesitamos.

Precisamente, con motivo de la celebración del Día Mundial de la Ingeniería 2021, la UNESCO invitaba a alentar a los jóvenes, especialmente a las niñas, a considerar la ingeniería como una carrera. Y con motivo del Día Internacional de la Mujer, urge también romper el injusto techo de cristal a las que estas se enfrentan a menudo y cuya circunstancia contábamos en nuestras páginas con motivo de la celebración del Día de la Mujer y la Niña en la Ciencia el pasado 11 de febrero.

“Son muchas las mujeres que brillan en el sector del agua por su aportación desde la ingeniería y otras disciplinas de gran valor añadido”

La ciencia y la igualdad de género son vitales para alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible, y de hecho, en los últimos 15 años, la comunidad internacional ha hecho un gran esfuerzo para inspirar y promover la participación de las mujeres y las niñas en la ciencia.

En el sector del agua, a nivel global, como señala el Banco Mundial, el acceso de la mujer como empleada y su participación en la toma de decisiones todavía es reducido. En España, el análisis sectorial muestra que es aún mayor la presencia de varones en la masa laboral, especialmente en las tareas más operativas.

Un dato relevante a tener en cuenta es que en el sector del agua hay un mayor porcentaje de universitarias (27,11%) sobre el total de mujeres, que de universitarios (17,91%) sobre el total de hombres empleados en el sector, lo que es muestra del alto grado de preparación de muchas profesionales.

Las cifras de inclusión de la mujer deberían mejorar, pero ya hay señales positivas. Son muchas las féminas que brillan en el sector del agua por su aportación desde la ingeniería y otras disciplinas. Y deberían ser más en el futuro para reforzar el papel avanzado que tiene el sector del agua en todos los sentidos en nuestro país.

Si la tecnología es la solución, su uso y desarrollo debe estar en manos de todos, y debemos hacer lo posible por incorporar a toda la sociedad, incluidas las mujeres, cuya aportación en este ámbito ha sido importante hasta ahora y debe serlo mucho más en el futuro.



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