La nueva realidad se escribe en términos de Sostenibilidad

La nueva realidad se escribe en términos de Sostenibilidad

La nueva realidad se escribe en términos de Sostenibilidad

El amplio consenso existente entre políticos, empresas y sociedad civil sobre la necesidad de acelerar la transición ecológica debe ser aprovechado para cumplir con los ambiciosos objetivos que plantea la Agenda 2030



Las alianzas y el multilateralismo deben servir para escribir una nueva página en la historia de la humanidad que hoy, más que nunca, requiere una (re)visión por y para el desarrollo sostenible. Pero, sobre todo, es imprescindible tomar como marco de referencia los objetivos y las metas fijados por Naciones Unidas hace hoy cinco años en la Agenda 2030 y que, en el presente, adquieren más vigencia que nunca.

La nueva realidad está marcada por el azote de la COVID-19 en nuestras vidas, que afecta a la forma en que nos relacionamos, nuestros modelos productivos y nuestras economías. Por eso, la salida de la crisis requiere consenso y una visión integradora, inclusiva y multilateral para “no dejar a nadie atrás”, en una reconstrucción marcada también por la crisis climática y la necesidad de proveer soluciones sostenibles y responsables a las aspiraciones de los 1.200 millones de jóvenes que viven en el mundo. No podemos -ni debemos- ignorarles. En palabras de Akosua Adubea Agyepong, la ghanesa erigida en portavoz de la juventud mundial en la Asamblea General de la ONU celebrada estos días, “necesitamos ser los arquitectos de nuestro propio futuro”, 

Y precisamente por ese futuro por y para la juventud, que pasa por la reconstrucción del sistema en términos de sostenibilidad, es un buen momento para aprovechar(nos) del notorio consenso existente entre políticos, empresas y sociedad civil sobre la necesidad de acelerar la transición ecológica. Solo asi será posible sumar los esfuerzos y voluntades necesarias para contribuir a acelerar y cumplir los objetivos que plantea la Agenda 2030, con sus 17 ODS y sus respectivas metas

Esta semana se ha celebrado en Nueva York la fase de alto nivel de la 75 Asamblea General de Naciones Unidas, evento internacional clave que ha estado marcado por la disrupción en nuestras vidas de la COVID-19. Asamblea General en la que la ONU ha alzado la voz para pedir a los países un mayor esfuerzo para contribuir a cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible, que este viernes cumplen cinco años con un balance desigual. Y es que, a pesar de los notables avances en ciertas áreas, es necesaria una mayor ambición si queremos alcanzar lo (com)prometido.

Es cierto que la pandemia ha trastocado todos los planes globales de desarrollo sostenible y lucha contra el cambio climático, pero incluso antes de la COVID-19, el planeta no iba del todo por el buen camino para lograr el desafío mayúsculo que suponen los ODS. La ONU asegura que en estos últimos cinco años se han logrado importantes avances en algunas esferas, como la salud maternoinfantil, el acceso a la electricidad renovable y la igualdad. Pero la aceleración del cambio climático, la mayor inseguridad alimentaria y el aumento de las desigualdades son malas noticias que hay que tomarse en serio.

Hace apenas un lustro, estábamos viviendo un momento histórico para el internacionalismo. Apenas un año después de que se aprobaran los ODS, se alcanzaba el mayor pacto climático hasta la fecha, el Acuerdo de París, que aspira a mantener el alza de las temperaturas este siglo por debajo de dos grados centígrados con respecto a los niveles preindustriales. Pero este logro diplomático también vive actualmente horas difíciles, con la sonada salida de Estados Unidos pendiendo como una espada de Damocles sobre el futuro del Acuerdo.

Sin embargo, y a pesar de lo que pueda indicar el negacionismo, las palabras y acciones de líderes como Donald Trump o el presidente brasileño, Jair Bolsonaro, la balanza parece inclinarse cada vez más hacia la sostenibilidad y el consenso internacional en torno a una transición ecológica que se refuerza semana a semana. Este mismo miércoles, China, el mayor contaminador mundial, se ha comprometido a ser neutral en carbono para 2060, un auténtico hito que refleja la enorme inercia política y social que hay ahora mismo en torno a la lucha climática. 

Porque es precisamente ese consenso entre políticos, empresas y sociedad civil, que coinciden en señalar la necesidad de acelerar la transición ecológica, el que puede y debe llevar a una mayor ambición climática. La propia vicepresidenta cuarta del Gobierno y ministra de Transición Ecológica, Teresa Ribera, lo explicitaba en un encuentro entre líderes empresariales y políticos de esta misma semana: es imprescindible contar “con las aportaciones de las empresas” en esa transformación hacia un modelo más sostenible. La recuperación sólo puede ser verde. 

Por supuesto, y a pesar de las dificultades que supone la pandemia o la no colaboración de algunos países, hoy en día es más necesario que nunca mantener las metas y el espíritu de los ODS, que representan uno de los mayores compromisos internacionales sobre desarrollo sostenible que ha tenido la humanidad. Aunque hayamos recorrido ya un tercio de la trayectoria y el cumplimiento de las metas de algunos ODS parezca lejano, es importante recordar que todavía queda una década por delante.

De nuestra voluntad presente para asentar las bases de una reconstrucción basada en el diálogo, el consenso y la alianzas, depende el desarrollo presente y futuro. No puede haber ninguna duda de que ha llegado el momento de actuar y acelerar la transición ecológica. El consenso, la agenda y las herramientas necesarias para lograrlo están ahí: solo queda remar juntos hacia una sostenibilidad que no se puede retrasar ni un minuto más. De ello depende nuestro futuro.



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