Plan DSEAR: deseos imposibles por falta de recursos

Plan DSEAR: deseos imposibles por falta de recursos

El Plan Nacional de Depuración, Saneamiento, Eficiencia, Ahorro y Reutilización (Plan DSEAR), actualmente en fase de consulta pública, adolece de concreción en las acciones y carece de recursos, lo que lo convierte en una ambiciosa lista de deseos imposibles de ejecutar sin inversión



En fase de consulta pública, España estudia estos días las aportaciones que los distintos agentes implicados en la materia están formulando al Plan Nacional de Depuración, Saneamiento, Eficiencia, Ahorro y Reutilización (PLAN DSEAR), el Plan que en teoría ha de guiar el reto del saneamiento en el próximo ciclo hidrológico.

No es un reto baladí, pues si bien España -con el respaldo de fondos europeos- cumplió con lo proyectado en el Plan Nacional de Depuración, aprobado a finales de los 90, y logró que pasásemos de cero al 85% de cobertura de saneamiento, en el siglo XXI, los avances han sido pocos, y la inversión, mínima e irregular.

De hecho, a finales de 2017, con un tercio del periodo transcurrido del ciclo de planificación hidrológica 2016-2021, las inversiones apenas alcanzaban una cuarta parte de lo proyectado para antes de finalizar el año 2021. Sí, un tercio del tiempo transcurrido, menos de un 25% de inversión.

Lo cierto es que, a día de hoy, el saneamiento sigue siendo una asignatura pendiente para el país. Arrastramos un déficit en depuración del 16% en tratamiento secundario, y si observamos lo que ocurre con el tratamiento terciario en zonas sensibles, el déficit de depuración se eleva hasta casi un 60%.

Este es el diagnóstico que recoge el Plan DSEAR en su exposición de motivos, que pretende alcanzar un 100% cobertura en los próximos cinco años para, fundamentalmente, poner fin a los expedientes sancionadores que reiteradamente ha levantado la Unión Europea contra España por incumplimientos en materia de depuración, y que nos ha supuesto la imposición de constantes y cuantiosas multas desde hace dos años. Por citar solo un ejemplo, recientemente el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) ha impuesto a España una importante sanción económica por no haber implantado el tratamiento adecuado sobre las aguas residuales procedentes de 17 aglomeraciones urbanas mayores de 15.000 habitantes.

Por todo ello, el Plan DSEAR es un proyecto celebrado, por necesario y ambicioso, y que además se dota de un gran espíritu crítico para diagnosticar problemas y esbozar posibles soluciones. Es un importante esfuerzo planificador que, en semanas como esta, en las que se celebra el Día Mundial del Saneamiento, y en un contexto marcado por la pandemia de la Covid-19, donde las aguas residuales se han mostrado esenciales como herramienta de alerta temprana epidemiológica, se ha de reconocer. Y sí, es un esfuerzo que se ha de reconocer, pero que sin embargo, carece de recursos que garanticen su ejecución.

Una ejecución que se ha ido aparcando a lo largo de los años y que no puede esperar más. Hablamos de protección del medio ambiente, de recuperación de ecosistemas, de salud e higiene, de un compromiso con la Unión Europea y de un Derecho Humano.

Si a priori el plan reconoce que no es un programa de actuaciones, quizás el Fondo Verde Europeo y el de Reconstrucción nos brinden la oportunidad de disponer de esos recursos financieros que aseguren la ejecución de un plan con el que es difícil no compartir objetivos.

Es cierto que el Plan DSEAR tiene margen de mejora, y que habría de otorgar al agua urbana el peso que verdaderamente tiene en materia de depuración y saneamiento. Que le falta concreción respecto al tratamiento para los lodos procedentes de las depuradoras. Que habría de incorporar algunos asuntos olvidados, como los referidos a acciones concretas para avanzar en reutilización de aguas regeneradas, más allá del uso agrario y en línea con el reciente Reglamento de Reutilización, que permitirá multiplicar por seis el agua regenerada empleada en los regadíos. Y que, desde luego, no tiene en cuenta dos principios básicos que establece la Directiva Marco del Agua: la recuperación de costes y la adecuada contribución del usuario en los servicios de agua potable y saneamiento, algo que no hará sino perpetuar el déficit estructural de un servicio que ha de ser sostenible en el tiempo.

Digamos que el Plan DESEAR aprueba con nota el teórico, pero vuelve a suspender en el práctico, porque ni en el Proyecto de los Presupuestos Generales del Estado para 2021, ni lo que hemos podido adivinar del Plan España Puede hay recursos que permitan ejecutarlo.

Vamos, que si el río no suena es porque no lleva agua…



Se adhiere a los criterios de transparencia de

Archivado en:
Otras noticias destacadas