Sin refugio frente al Covid-19 ni agua para neutralizarlo

Sin refugio frente al Covid-19 ni agua para neutralizarlo

Más de 79 millones de personas, casi el 1% de la humanidad, se ha visto obligado a desplazarse de sus paises de origen huyendo de la guerra, del hambre, de la sed, pero ni ellos ni los que gozamos de un hogar hemos podido huir de la pandemia ni encontrar refugio seguro frente al COVID

María Santos
Madrid | 19 junio, 2020

Tiempo de lectura: 8 min



Como cada 20 de junio se conmemora el Día Mundial del Refugiado, una fecha que este 2020 cobra especial relevancia porque, más que nunca, se eviencia que no hay refugio en el mundo que proteja a los más de 79,5 millones de desplazados del riesgo que supone la pandemia del coronavirus.

Una terrible pandemia que ha generado más de 8,5 millones de contagios y 400.000 fallecimientos en todo el mundo, un virus que ha causado estragos en todo el planeta, tanto en países desarrollados como emergentes o en vías de desarrollo.

Si la llegada del virus ha causado temor en todos los países hasta el punto de mantener confinada en su casa a casi el 73% de la población mundial, para millones de personas que buscan refugio de la violencia o los desastres en los campamentos de todo el mundo el impacto potencial del Covid-19 podría ser catastrófico.

La Organización Internacional para las Migraciones (OIM) ha estado adaptando rápidamente sus operaciones globales en previsión de un brote del virus en los campamentos donde el distanciamiento físico y el aislamiento son extremadamente difíciles. Se trata de campamentos densamente poblados y superpoblados donde el terreno ya es limitado.

Una niña siria se lava las manos en el campamento de refugiados de Za’atari, de acuerdo con las directrices de la OMS para prevenir la propagación de la pandemia del coronavirus COVID-19. © ACNUR / Mohamad al-Taher
Una niña siria se lava las manos en el campamento de refugiados de Za’atari, de acuerdo con las directrices de la OMS para prevenir la propagación de la pandemia del Covid-19. © ACNUR / Mohamad al-Taher

Las condiciones de vida en los campos de refugiados son muy difíciles. El campo de refugiados de Moria (Grecia), por ejemplo, tiene espacio para 3.000 personas y sin embargo, allí viven cerca de 20.000.

A veces también es complicado tener acceso a agua potable y no hay las medidas higiénicas necesarias para protegerse del virus. Las malas condiciones de vida y la falta de asistencia sanitaria provocan que la salud de los migrantes que viven allí se vea afectada y les convierta en personas de riesgo ante el Covid-19.

La Agencia de la ONU para los Refugiados (ACNUR) ha hecho un llamamiento a los países de todo el mundo para que hagan un mayor esfuerzo para encontrar un hogar para millones de refugiados y otras personas desplazadas por conflictos, persecuciones o eventos que perturban gravemente el orden público.

Refugiadas malienses en un punto de distribución de ayuda en el campamento de Goudoubo, en Burkina Faso, el 3 de febrero de 2020. © ACNUR/Sylvain Cherkaoui

Números en aumento

En informe anual de ACNUR Tendencias Globales, muestra que un número sin precedentes de 79,5 millones de personas estaban desplazadas a fines de 2019. Es la cifra más alta jamás registrada por ACNUR.

El informe también señala que disminuyeron las posibilidades para las personas refugiadas que esperan una solución rápida de su difícil situación. En la década de 1990, un promedio de 1,5 millones de refugiados pudieron regresar a sus hogares cada año.

Durante la última década, ese número se ha reducido a alrededor de 385.000 personas, lo que significa que el aumento en el desplazamiento hoy supera ampliamente las soluciones.

“Estamos presenciando una nueva realidad, ya que el desplazamiento forzado hoy en día no solo está mucho más extendido, sino que simplemente ya no es un fenómeno a corto plazo y temporal”, ha afirmado el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, Filippo Grandi.

“No se puede esperar que las personas vivan en un estado de incertidumbre durante años sin la posibilidad de volver a casa ni la esperanza de construir un futuro donde estén. Necesitamos una actitud fundamentalmente nueva y más receptiva hacia todas las personas desplazadas, junto con un impulso mucho más decidido para resolver conflictos que duran años y que están en la raíz de un sufrimiento tan inmenso”.

El informe Tendencias Globales de ACNUR muestra que de los 79,5 millones de personas que se encontraban desplazadas al final del año pasado, 45,7 millones eran personas que habían huido a otras áreas de sus propios países.

El resto eran personas desplazadas en otros lugares: 4,2 millones de ellas esperaban el resultado de sus solicitudes de asilo, mientras que 29,6 millones eran refugiados y otras personas que se habían visto obligadas a desplazarse fuera de su país.

“La pandemia está causando heridas profundas en todo el mundo, particularmente para las mujeres y las personas mayores. Para las personas que huyeron de las guerras y la persecución, el impacto en su existencia, mayoritariamente de subsistencia, y en quienes les acogen ha sido devastador”, dijo el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi.

“Junto con nuestras ONG socias, la ONU está decidida a mantener el rumbo y asistir a las personas obligadas a huir y a sus anfitriones, para garantizar su inclusión en las respuestas de salud pública y el acceso a las redes de seguridad social”.

La evidencia del impacto económico profundo y contundente de la crisis en los refugiados es abrumadora. En todo el Medio Oriente y África, cientos de miles de refugiados han pedido asistencia financiera urgente para cubrir sus necesidades esenciales diarias desde que los bloqueos y otras medidas de salud pública entraron en vigor en muchos países en marzo.

En el Líbano, que enfrentaba una recesión económica incluso antes de la pandemia, más de la mitad de los refugiados encuestados por ACNUR a fines de abril informaron haber perdido sus medios de vida.

Entre los refugiados consultados, el 70% informó que tenían que saltear comidas. El impacto en las mujeres refugiadas es profundo, y casi todas las que estaban trabajando dijeron que habían visto interrumpida su fuente de ingresos.

El programa de ACNUR recoge acciones como estas para minimizar el riesgo de contagio entre la población refugiada empezando por la distribución de agua potable y jabón entre los refugiados y el desarrollo de infraestructuras sanitarias, refugios colectivos y centros de recepción. También es clave llevar a cabo campañas de información sobre el Covid-19 y sobre medidas de higiene entre los refugiados en su propio idioma y asegurar que son atendidos por los planes nacionales de salud.

Campañas de información sobre el Covid-19 y medidas de higiene entre los refugiados en su propio idioma.

 

Ocho cosas que debes saber sobre el desplazamiento forzado

  • Al menos 100 millones de personas se vieron obligadas a huir de sus hogares en la última década, buscando protección dentro o fuera de sus países. Hay más personas que huyen que toda la población de Egipto, el decimocuarto país más poblado del mundo.
  • El desplazamiento forzado casi se ha duplicado desde 2010 (41 millones entonces frente a 79,5 millones ahora).
  • El 80% de las personas desplazadas del mundo se encuentran en países o territorios afectados por inseguridad alimentaria aguda y desnutrición. Muchos de ellos son países que enfrentan riesgos climáticos y de desastres naturales.
  • Más de las tres cuartas partes de los refugiados del mundo (el 77%) están atrapados en situaciones de desplazamiento prolongado, por ejemplo, la situación en Afganistán, ahora en su quinta década.
  • Más de ocho de cada 10 refugiados (el 85%) se encuentran en países en desarrollo, generalmente un país vecino del que huyeron.
  • Cinco países representan dos tercios de las nacionalidades de las personas desplazadas a través de fronteras: Siria, Venezuela, Afganistán, Sudán del Sur y Myanmar.
  • El Informe Tendencias Globales cuenta todas las principales poblaciones desplazadas y refugiadas, incluidos los 5,6 millones de refugiados palestinos que están bajo el mandato de la Agencia de la ONU para Refugiados Palestinos (UNRWA).
  • El compromiso de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030 de “no dejar a nadie atrás” ahora incluye explícitamente a las personas refugiadas, gracias a un nuevo indicador sobre refugiados aprobado por la Comisión de Estadística de la ONU en marzo de este año.

 

Refugiados en España

La pandemia no ha frenado la llegada a España de inmigrantes en busca de refugio. Con motivo del Día Mundial del Refugiado, la Comisión Española de Ayuda al Refugiado ha presentado su Informe Anual 2020 titulado Las personas refugiadas en España y Europa en el que recoge que el año pasado España fue, por primera vez, el tercer país de la Unión Europea que registró un mayor número de solicitantes de asilo.

 Más de 118.000 personas buscaron refugio en España, el doble que su anterior récord de solicitudes en 2018

La ruta migratoria hacia España pasó a ser la segunda más frecuentada del Mediterráneo, después de que el año pasado se convirtiera en la principal vía marítima de entrada a Europa.

Unas 32.513 personas llegaron por las fronteras marítimas y terrestres (Ceuta y Melilla), un 50% menos que en 2018. Este pronunciado descenso se debe principalmente al refuerzo de las relaciones entre España y Marruecos en materia migratoria. Al comienzo de 2019 la mayoría llegaba principalmente por el Estrecho de Gibraltar y el Mar de Alborán, pero a partir del último cuatrimestre de 2019 se reactivó la peligrosa ruta atlántica hacia Canarias, con un 106% de incremento. En lo que llevamos de 2020 ya han llegado el mismo número de personas a las islas que el año anterior.

Las puertas de las casas han pasado a convertirse en las nuevas «fronteras» CEAR

La CEAR ha compartido las vivencias de personas como Khedidja, quien llegó de Argelia en busca de la seguridad que en su país se le negaba, dispuesta a rehacer su vida; una vida en lista de espera, como la de la mayoría, debido a la pandemia que ha generado no solo incertidumbre sino también desconfianza e incluso el miedo hacia el contacto social.

La seguridad de sus hijos e hijas es la prioridad y cualquier medida a adoptar parece poca.

Las puertas de las casas han pasado a convertirse en las nuevas «fronteras» que permiten salvaguardar su salud, pero que al mismo tiempo paralizan sus procesos de inclusión por tiempo indefinido.

Millones de niños en todo el mundo se han visto obligados a abandonar sus hogares y traspasar fronteras a causa de conflictos, violencia y otras formas de daño. Entre ellos hay 12,7 millones de refugiados y 1,1 millones de solicitantes de asilo.

Con la rápida propagación de la pandemia de Covid-19, las necesidades de los niños refugiados se han agudizado aún más.

Los niños desplazados están entre los que tienen más limitado el acceso a servicios de prevención, pruebas, tratamiento y otros tipos de apoyo esencial. Además, es probable que las medidas de contención de la pandemia tengan consecuencias negativas en su seguridad y educación, que ya eran precarias antes del brote.

Ir a la escuela ya era un desafío diario o imposible para muchos niños desplazados en todo el mundo. Menos de la mitad de todos los niños refugiados en edad escolar estaban escolarizados, y la cifra se reducía a uno de cada cuatro en el tramo de secundaria. Ahora, es probable que haya más niños desplazados que se queden fuera de la escuela por un periodo prolongado de tiempo, y algunos podrían no regresar nunca.

En algunos casos, los niños también se están quedando sin comidas ni agua limpia debido al cierre de escuelas. Es probable que aumenten las tasas de negligencia, abuso, violencia de género y matrimonio infantil conforme las familias vayan experimentando más dificultades socioeconómicas. Y existe un riesgo creciente de estigmatización y prejuicios a medida que el virus se propaga a través de las fronteras infundiendo miedo.

Desde Save the Children han desarrollado programas de saneamiento e higiene en todo el mundo y se trabaja con equipos de salud en el terreno para prevenir con consejos como el lavado de manos y el aislamiento.



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