Agua, ciudad y cambio climático, el reto del momento

Agua, ciudad y cambio climático, el reto de la adaptación

Agua, ciudad y cambio climático, el reto de la adaptación

Una entidad española, Aquatec – SUEZ Advanced Solutions, coordina un proyecto internacional para mejorar la preparación urbana ante el cambio climático. Cuatro años de trabajo, con el apoyo de la Comisión Europea, han servido para generar un modelo de planificación de riesgos aplicable a diversas ciudades, tomando como campo de pruebas Barcelona, Bristol y Lisboa. Los resultados acaban de compartirse en unas jornadas celebradas esta semana

Las ciudades avanzan hacia un modo de gestión más eficaz, que emplea los recursos tecnológicos y de la digitalización, entre otros, para ayudar a tomar decisiones a los gestores. Es lo que se ha venido a llamar smart cities. Pero, por mucho que avancemos en conocimiento e intangibilidad, los entornos urbanos siguen siendo sistemas físicos, sometidos a las fuerzas de la naturaleza y las constricciones de la región biogeográfica en la que se encuentran.

Por eso, y en un panorama de cambio climático como en el que nos hallamos, que hace cada vez más imprevisible el impacto de la meteorología y los fenómenos extremos, las ciudades, por inteligentes que sean, aún pueden ser muy vulnerables y frágiles. Los servicios básicos pueden fallar ante impactos naturales de gran alcance.

Sin duda, el término de moda de este 2020 azotado por la pandemia es el de resiliencia. Por él se entiende la capacidad para afrontar un cambio y adaptarse a la tensión sobrevenida. En el caso de las áreas urbanas, la resiliencia se refiere a la reducción de riesgos y daños y a la capacidad de volver rápidamente a una situación estable.

En este contexto, la conferencia Urban Resilience in a context of Climate Change (URCC), que se ha llevado a cabo esta semana de forma online, ha permitido poner al día los últimos avances en adaptación de las ciudades a los desafíos relacionados con el agua y el cambio climático. El encuentro se celebraba en el marco del proyecto europeo RESCCUE (Resiliencia Para hacer Frente al Cambio Climático en las Áreas Urbanas por su acrónimo en inglés).

Vista de la ciudad de Bristol (Reino Unido). | Foto: Sion Hannuna

Durante dos días, más de 100 expertos de administraciones públicas, organizaciones internacionales y empresas privadas, han podido debatir los últimos avances en la evaluación, gestión y  planificación de la ciudad mediante la integración en herramientas de software de nuevos conocimientos de los servicios urbanos estratégicos.

La conclusión de los ponentes, de forma unánime, es clara: ante la complejidad de los retos en ciudades cada vez más grandes e intrincadas, la integración de todos los actores es la clave para el éxito. El ODS17, el Objetivo de Desarrollo Sostenible de la ONU dedicado a las Alianzas para Lograr los Objetivos, gana cada vez más importancia en el mundo actual.

Un congreso puntero

“Cuando una ciudad es resiliente aborda mejor la tensión del cambio climático. En los últimos tiempos nos hemos centrado en la crisis de la Covid-19, pero el cambio climático sigue ahí y ha venido para quedarse. Es hora de que dejemos de pensar y comencemos a actuar“, afirmaba Esteban León, jefe del Programa Global de Resiliencia Urbana ONU-Habitat en la apertura de las jornadas.

“Hay que entender la ciudad como un sistema de sistemas, un red compleja interrelacionada”

En los últimos cuatro años, este proyecto internacional, apoyado con un presupuesto de ocho millones de euros a través del programa Horizonte 2020 de la Comisión Europea, ha estado trabajando en tres ciudades diferentes, seleccionadas por su representatividad en términos de tipo de clima y características de la ciudad: Barcelona, Bristol y Lisboa. 

“Las ciudades son sistemas complejos e interconectados. Desarrollar modelos de planificación como los de este proyecto pueden ayudar a cualquier zona urbana a mejorar su resiliencia”, afirmaba Marc Velasco, director de Aquatec y coordinador de RESCCUE durante las jornadas.

Puente 25 de abril, sobre el Tajo en Lisboa. | Perart

Como se puso de manifiesto en la conferencia, el estudio integrado de sistemas urbanos tan diversos como el agua, el alcantarillado, la electricidad, los residuos o las telecomunicaciones mejora la capacidad de exportación a otras ciudades del modelo predictivo generado en el marco del proyecto.

Lo explicaba uno de los técnicos involucrados, el ingeniero Beniamino Russo, experto en Hidrología y profesor asociado en la Universidad de Zaragoza y en la Universidad Politécnica de Catalunya. En opinión de Russo, no acabamos de valorar el fuerte impacto, especialmente económico, que tienen ciertas variaciones de la meteorología. Un aumento pequeño en intensidad de lluvias supone un incremento mucho mayor para el funcionamiento de los servicios de la ciudad.

“Hemos visto que un incremento de la lluvia en un 15% tiene un efecto económico en daños a la actividad urbana del 40%”, afirmaba durante su alocución en el encuentro. En el marco del proyecto RESSCUE, el profesor Russo ha ayudado a modelizar los efectos de posibles inundaciones por lluvias torrenciales en la capital catalana y a articular una respuesta rápida que permita la vuelta a la normalidad del sistema urbano. “Hay que tener un conocimiento del comportamiento de sistema urbano durante eventos climáticos extremos. Entender la ciudad como un sistema de sistemas, un red compleja interrelacionada”, afirmaba el experto.

Más de la mitad de la población es urbana

En este momento, el 54% de la población mundial vive en ciudades, una proporción que se espera que aumente al 66% para 2050 y que en España ya está en el 80%. El cambio climático representa todo un reto para las ciudades del futuro. Como ejemplo, seis de las 10 urbes más pobladas del mundo tienen riesgo de sufrir inundaciones por lluvias, marejadas ciclónicas y tsunamis.

Ejemplos en varias ciudades

Evaluar los posibles impactos del cambio climático y las vulnerabilidades de los sistemas urbanos permite calibrar mejor las dependencias entre sectores expuestos a los múltiples escenarios de cambio climático. El resultado de ello es desarrollar una cartera de estrategias de adaptación, que incluye servicios climáticos, enfoques basados ​​en ecosistemas, como las llamadas soluciones basadas en la naturaleza, los sistemas de drenaje urbano sostenible y medidas de eficiencia de uso de recursos como componentes clave.

El trabajo de RESCCUE no es un ejercicio teórico, sino un trabajo aplicado, pensado para diseñar herramientas de planificación aplicables y exportables y que ha llegado ya a conclusiones que empiezan a compartirse.

“Un incremento de la lluvia en un 15% tiene un efecto económico en daños a la actividad urbana del 40%”

Lo explicaba Marc Vuillet, responsable de Resiliencia Urbana en la Escuela de Ingeniería de París, una de las entidades participantes en el proyecto. El experto francés exponía el análisis que se ha realizado sobre las vulnerabilidades de la capital gala. Una crecida del Sena, en la línea de las conocidas históricamente, y acrecentada por el cambio climático, podría llevar cerca del bloqueo, momentáneamente, a la ciudad de la luz.

Inundación del río Sena en París. | Foto: Ekaterina Pokrovsky

Para ello, su equipo ha trabajado en un modelo que estudia las infraestructuras y servicios más expuestos, ofrece soluciones, medidas de emergencia y hasta incluso anticipa el sistema de evacuación de los habitantes de las áreas más afectadas. Se incluye incluso un estudio de la accesibilidad al trabajo desde el domicilio de los ciudadanos de un barrio en el caso de que los transportes públicos, como el Metro, o las vías terrestres estuvieran temporalmente fuera de operación.

Y no es solo eso. “Una gran inundación puede dejar sin servicio eléctrico a cinco millones de parisinos”, explicaba Vuillet. Por eso su trabajo trata de imbricar en un  modelo predictivo de riesgos a todos los servicios involucrados en la ciudad. Y articular respuestas rápidas. Si el clima no se puede dominar, sí se puede preparar una respuesta.

Casos particulares

Naturalmente, el caso de cada ciudad es particular y depende de sus condiciones geográficas y climáticas. Barcelona, Bristol y Lisboa, por ejemplo, las tres ciudades que han servido de campo de análisis y propuesta, son ciudades costeras. Pero cada una de ellas tiene particularidades de clima, régimen hidrológico y configuración de escorrentía.

En el caso de Barcelona, por ejemplo, el principal problema serían las lluvias torrenciales propias del clima mediterráneo. Y los principales sistemas urbanos afectados los de la movilidad ciudadana, según los trabajos llevados a cabo en el marco del proyecto RESCCUE.

“Una gran inundación puede dejar sin servicio eléctrico a cinco millones de parisinos”

Por el contrario, Bristol está en la desembocadura del río Avon, sometido al potente régimen de mareas del mar de Irlanda. En este caso son las subidas intermareales las que, unidas a episodios de lluvias intensas y al creciente nivel del mar, pueden hacer que la ciudad británica, con 500.000 personas, se vea sometida a un estrés cada vez mayor en el futuro.

 
Un enfoque holístico para las ciudades

Un mensaje clave que surge de la conferencia URCC, como señala la organización en sus conclusiones, es la importancia de la resiliencia urbana como clave para el futuro de las ciudades. Esta solo será factible si se trabaja de una manera holística, con un enfoque multidisciplinar y multisectorial.

“Existe la necesidad de colaborar desde distintos ámbitos para avanzar juntos, y de más foros como la URCC, ya que es clave la colaboración entre todos los actores implicados en la resiliencia y, en particular, la colaboración público-privada entre administraciones públicas y operadores de servicios urbanos”, afirman los organizadores.

Como explicaba en las jornadas Urban Resilience in a context of Climate Change el experto John Stevens, del Ayuntamiento de Bristol, la participación de todos los actores involucrados en la previsión de riesgos y la planificación previa de una respuesta coordinada resultan decisivos para abordar los desafíos que puedan presentarse. Los modelos de software desarrollados por RESCCUE son nuevas herramientas para emplear en esa tarea.

playas
Vista de las playas de la Barceloneta y del Somorrostro, gravemente afectadas por la borrasca Gloria. | Foto: EFE / Toni Albir

En el caso de Bristol, por ejemplo, se ha visto que los sistemas de telecomunicaciones y de electricidad, vectores básicos para el biorritmo de nuestra sociedad, son los que más severamente se verían afectados por una crecida del nivel del agua en la ciudad. Anticipar, modelizar, planificar, anticiparse a lo que pueda venir y coordinar agentes son claves de la adaptación climática en relación al agua y las ciudades, según quedó claro durante la conferencia de RESCCUE.

Aun cuando dejáramos de emitir hoy gases de efecto invernadero, las consecuencias del forzamiento climático que hemos producido nos seguirá trayendo lluvias torrenciales indeseadas en los próximos años… y las ciudades han de estar preparadas.

Consorcio internacional liderado desde España

El consorcio del proyecto RESCCUE cuenta con el liderazgo de Suez y está formado por los ayuntamientos de las tres ciudades en las que se han testado los trabajos llevados a cabo: Barcelona, Bristol y Lisboa.

Además, participan ONU-Habitat; compañías de servicios urbanos como Endesa, EDP Distribuição, Águas de Portugal y Wessex Water, junto a pymes como Hidra y UrbanDNA. Por parte del mundo académico, RESCCUE ha contado con la Universidad de Exeter y la École des Ingénieurs de la Ville de Paris (EIVP).

El consorcio moviliza además una amplia representación de centros punteros en la investigación del agua, como Cetaqua, Centro Tecnológico del Agua, la Fundación para la Investigación del Clima (FIC), el Laboratório Nacional de Engenharia Civil (LNEC) y el Instituto de Investigación en Energía de Cataluña (IREC).



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