La Covid-19 acelera la transición verde de las ciudades

La Covid-19 acelera la transición verde de las ciudades

El coronavirus ha transformado los usos sociales y puesto en evidencia la importancia de recuperar espacios de uso público. Ciudades de todo el mundo aceleran el cambio a lugares más habitables. En un contexto de cambio climático esto refuerza la necesidad de crear entornos urbanos más resilientes. La gestión del agua es clave para un futuro donde las sequías y las inundaciones serán más frecuentes e imprevisibles

Pedro Cáceres | Director adjunto
Madrid | 30 octubre, 2020

Tiempo de lectura: 7 min



El Gobierno está elaborando la Ley Nacional de Arquitectura y Calidad del Entorno Construido, una norma que emana del actual Ministerio de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, el organismo que durante décadas ha sido conocido como Ministerio de Fomento o Ministerio de Obras Públicas.

Solo la modificación de la nomenclatura de uno de los principales motores de inversión del Estado, es decir, el paso del Fomento del siglo XIX o de las Obras Públicas del siglo XX a la Agenda Urbana del siglo XXI muestra el cambio de paradigma en el que nos encontramos.

Si hasta hace nada hemos vivido en el marco mental de las infraestructuras, ahora nos adentramos en una visión holística del diseño del espacio público, que añade a las obras y las inversiones, siempre necesarias, nuevos conceptos y necesidades de nuestro momento, como la conectividad, la digitalización y el big data, la participación de actores, la resiliencia ante el cambio climático, las soluciones basadas en la naturaleza y el fomento de la biodiversidad urbana. 

Más de la mitad de la población mundial vive ya en ciudades y se espera que la cifra llegue al 60% para 2030

No puede ser de otra forma. Millones de ciudadanos confinados en sus casas y con su libertad de circulación reducida han descubierto la importancia que tienen el espacio público y la socialización y también la calidad y confort del espacio construido.

La ciudad, en su sentido primigenio, es hacedora de civilización. La polis griega es un invento de la cultura humana, la cuna de la  política en el sentido grande del término. La urbe bien concebida es un agregador de talento y un acelerador económico, pero siempre que esté pensada a la escala humana. Algo que el surgimiento de las desestructuradas y alienantes megalapólis del siglo XXI, desconectadas de su territorio o biorregión y desenchufadas de sus habitantes, pone en duda.

El cambio inmediato, forzado por la pandemia y que están viviendo todas las grandes ciudades en este extraño 2020 es el de la recuperación del espacio compartido y el de la movilidad. Volver a pensar la ciudad como un activo social cuyos usos hay que definir, planear y compartir.

Uno de los primeros elementos que hemos visto modificarse sin duda es la movilidad, que ya atravesaba en los últimos años una potente corriente de transformación.

Semana Europea de la Movilidad
La bicicleta se presenta como una alternativa perfecta para viajar en la ciudad

La movilidad urbana está en plena evolución. Y este cambio no se basa solo en la electrificación del transporte, elemento en el que suelen fijarse los titulares mediáticos, sino también en el surgimiento de un mix  más variado y complejo que no afecta solo a las tecnologías, sino a los comportamientos y a los usuarios. La intermodalidad y los vehículos compartidos son ya una realidad que crecerá en el futuro.

Durante décadas, el automóvil ha marcado la configuración de la ciudad moderna. Actualmente, el 70% del espacio urbano común está destinado al coche. Aparcamientos y vías ocupan la mayor parte del entorno disponible. En el restante 30% tratan de desarrollarse parques, aceras, plazas, espacios de encuentro y dispersión, en definitiva, lugares de activación del intercambio social, la vida ciudadana.

El coronavirus ha puesto en primera fila una pregunta que hasta antes de la pandemia estaba ya presente, pero en un segundo plano: ¿Qué ciudades queremos tener? ¿Cómo vamos a vivir en los entornos urbanos?

La respuesta la están dando ciudades de todo el mundo y toma plena actualidad en una semana como la actual,  cuando se celebra el Día Mundial de las Ciudades, el 31 de octubre.

Participación y ODS17

“Cuando las comunidades urbanas participan en la toma de decisiones y políticas, y se empoderan con recursos financieros, los resultados son más inclusivos y duraderos. Pongamos a nuestras comunidades en el corazón de las ciudades del futuro”, ha afirmado el secretario general de la ONU, António Guterres, con motivo de la celebración del Día Mundial de las Ciudades.
El ODS17 Alianzas para Lograr los Objetivos toma toda la relevancia en sistemas complejos como las ciudades, donde la confluencia de actores y la colaboración entre administraciones, sociedad y empresas es fundamental para lograr el entendimiento y el avance. 
Los cambios que estaban gestándose desde hace tiempo se han acelerado debido al coronavirus. Ahora mismo, hay una ola de cambios en marcha en muchas de las urbes de referencia mundiales. Desde Madrid hasta Nueva York las ciudades se están moviendo. Son también el ente más cercano al ciudadano y el que más capacidad tiene de tomar medidas rápidas que cambian de un día a otro los usos sociales o el desempeño ambiental de nuestra actividad.

El mundo ya es urbano

Más de la mitad de la población mundial vive en ciudades y se espera que la cifra llegue al 60% para el año 2030. En el caso de España, la población urbana está ya en el 80%.Estas estadísticas ayudan a visualizar la importancia creciente que la urbanización ha adquirido en un mundo globalizado.

Las ciudades son claramente el frente de batalla de la sostenibilidad para el siglo XXI porque no solo aglutinan a gran parte de la población mundial, sino que acumulan todavía en mayor grado el impacto sobre el ambiente.

Las ciudades son las grandes demandantes de recursos y las grandes generadoras de impactos. Como explica la ONU, las ciudades y las áreas metropolitanas son centros neurálgicos del crecimiento económico, ya que contribuyen aproximadamente al 60% del PIB mundial. Sin embargo, también representan alrededor del 70% de las emisiones de carbono mundiales y más del 60% del uso de recursos.

“Todo el mundo sabría identificar una ciudad, pero no todo el mundo se pondría de acuerdo sobre qué debería ser. La ciudad es un conjunto de calles y edificios, pero también una unidad administrativa, la materialización de una estructura y orden social, una aspiración, una decepción… la huella de miles de experiencias”, afirman Asun Candela y José Carlos Sánchez, responsables de proyectos de Prodigioso Volcán en un trabajo realizado con motivo del Día Mundial de las Ciudades.

desigualdad
La Favela da Rocinha, la barriada más grande en Brasil, se encuentra junto al centro financiero de la ciudad.

El impacto de la COVID-19, que también ha alterado y alterará nuestros espacios cotidianos, apremia a ello. Así lo expresa la última edición del índice IESE Cities In Motion, que defiende que “hoy más que nunca, las ciudades necesitan desarrollar un proceso de planificación estratégica y plantearse vías de innovación y priorizar los aspectos más importantes para su futuro”.

El índice apunta a la “gobernanza inteligente” como respuesta, a la búsqueda de una visión global que “tenga en cuenta todos los factores y actores sociales” señalan los expertos. Porque más allá de la forma final que adquiera, es obvio que necesitamos nuevas formas de comprender, diseñar y transformar las ciudades. También de que los actores urbanos comprendan las ciudades y su rol en ellas: una administración consciente y una ciudadanía comprometida, pero también empresas cívicas donde la sostenibilidad sea un valor intrínseco. Apoyo al comercio local, incentivo de trayectos sostenibles al trabajo, fomento del teletrabajo son algunas formas de lograrlo. “No solo grandes proyectos, sino cambiar el día a día, lo cotidiano… la ciudad”, explican en Prodigioso Volcán.

Panorámica de la ciudad suiza de Berna.| Foto: ONU / Rick Bajornas
Panorámica de la ciudad suiza de Berna.| Foto: ONU / Rick Bajornas

El reto del cambio climático

Estamos en plena emergencia de coronavirus, que parece llenarlo todo, pero nadie olvida que existen retos mayúsculos y con un horizonte de largo plazo, el mayor de los cuales es el cambio climático. La adaptación a sus efectos y la mejora de la resiliencia de los entornos urbanos a los impactos es el desafío de gestión urbana más grande que abordamos.

El calentamiento global plantea un futuro de incertidumbre en el que los fenómenos meteorológicos extremos, como olas de calor, las inundaciones y las sequías serán más abundantes e imprevisibles.

Dos informes de la Agencia Europea de Medio Ambiente (AEMA) publicados este mes destacan precisamente la urgente necesidad de actuar para mejorar la adaptación y la resiliencia a escala local. Además de planificar, hace falta también tomar medidas. Porque c0mo recuerda la Agencia Europea de Medio Ambiente “hasta ahora hemos avanzado en desarrollo de conocimientos y políticas, pero las soluciones de adaptación física, como el desarrollo de más espacios verdes o el ajuste de los sistemas de alcantarillado para hacer frente a las inundaciones repentinas, aún no se han implementado por igual en toda Europa”.

La forma en que planificamos y construimos nuestras ciudades sigue siendo insostenible, remacha la AEMA en su informe Adaptación urbana en Europa: cómo las ciudades y pueblos responden al cambio climático.

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Una mujer pasea por el centro de Palma con un paraguas | Foto: Europa Press

 

Específicamente, “la construcción continua en las llanuras aluviales, la mayor cobertura de la superficie del suelo con cemento o asfalto, la pequeña cantidad de espacios verdes y la expansión urbana que invade las áreas propensas a incendios forestales y a los deslizamientos de tierra están haciendo que las ciudades y pueblos sean mucho más vulnerables”, dice la máxima entidad auditora del medio ambiente en la Unión Europea.

Entre las presiones que el cambio climático ejerce sobre los entornos urbanos están los fenómenos ligados a precipitaciones intensas, algo especialmente importante en nuestro clima mediterráneo. En ese sentido, hace escasos días se celebraba la conferencia Urban Resilience in a context of Climate Change (URCC), donde se mostraron los últimos avances en la creación de herramientas de planificación de riesgos aplicables a diversas ciudades.

Como se puso de manifiesto en la conferencia, el estudio integrado de sistemas urbanos tan diversos como el agua, el alcantarillado, la electricidad, los residuos o las telecomunicaciones mejora la capacidad de los modelos predictivos de riesgos y permite tener planes de acción efectivos.

“Cuando una ciudad es resiliente aborda mejor la tensión del cambio climático. En los últimos tiempos nos hemos centrado en la crisis de la Covid-19, pero el cambio climático sigue ahí y ha venido para quedarse. Es hora de que dejemos de pensar y comencemos a actuar“, afirmaba Esteban León, jefe del Programa Global de Resiliencia Urbana ONU-Habitat en la apertura de las jornadas.

Reunión mundial de alcaldes

“Nosotros, los alcaldes, queremos aprovechar el impulso actual para reconstruir nuestras ciudades. Que todos podamos prosperar, que la calidad de vida sea el principio rector, la naturaleza y la biodiversidad sean una parte integral de la planificación urbana, las economías sostenibles generen riqueza para todos, prevalezca la solidaridad entre los habitantes de las ciudades y las desigualdades se reduzcan activamente”. Esta es la declaración final que lanzaban los regidores de las principales capitales de Europa y América reunidos hace escasos días en el Forum of Mayors de la comisión de Naciones Unidas para Europa (UNECE).

Nos alineamos con la iniciativa del secretario general de la ONU, António Guterres, de “reconstruir mejor” y convertir la recuperación en una oportunidad real para forjar un futuro saludable y resistente, añadían los participantes en el Forum of Mayors.

“El Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 11 llama a la acción para trabajar hacia ciudades inclusivas, seguras, resilientes y sostenibles; ahora está en nuestras manos colocar los ODS en el centro de nuestros esfuerzos de recuperación y crear nuevas realidades urbanas en beneficio de todos“, culmina este documento, llamado Declaración de Ginebra de 2020.



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