Marta Estrada: “En mi última expedición había gente tomando el sol la Antártida”

“En mi última expedición había gente tomando el sol en chancletas en la Antártida”

Marta Estrada

Oceanógrafa

En 1984, la oceanógrafa Marta Estrada participó en la expedición científica española a la Antártida, en la que se enroló también su colega Josefina Castellví. Fueron las dos primeras investigadoras españolas en pisar el continente helado. Cuando han pasado 35 años de aquella campaña pionera, la científica recuerda cómo ha evolucionado la investigación en este tiempo y reflexiona sobre los impactos que se pueden apreciar ya en el Polo Sur, producidos por el cambio climático y la presencia humana


Eva M. Rull | Especial para El Ágora
Madrid | 4 diciembre, 2020

Tiempo de lectura: 9 min



Hoy es frecuente encontrar entre las páginas de revistas antárticas internacionales de gran prestigio, artículos firmados por autores españoles. Pero nadie se acuerda de las peripecias para lograr “los pequeños pasos del que es fruto la actual actividad antártica”. Estas palabras son de Josefina Castellví, oceanógrafa del Instituto de Ciencias del Mar del CSIC ya jubilada. Pepita, como la llama Marta, y ella fueron las dos primeras mujeres españolas que pisaron suelo antártico e hicieron investigación allí. Vivieron de primera mano los malabares que fueron necesarios para contar con la primera base científica en el continente helado.

La científica española Marta Estrada (Izqda.) protagonista de la primera expedición moderna de nuestro país a la Antártida, posando con el continente helado junto a su estudiante de doctorado Sdena Nunes ,en una expedición de 2015. | FOTO: Research Gate
La científica española Marta Estrada (Izqda.) protagonista de la primera expedición moderna de nuestro país a la Antártida, posando con el continente helado junto a su estudiante de doctorado Sdena Nunes ,en una expedición de 2015. | FOTO: Research Gate

Fue en 1984 cuando llegaba a tierras australes gracias a la ayuda de una expedición argentina. Esa sería la única vez que ambas coincidieron en la Antártida, aunque siguieron siendo compañeras en el Instituto de Ciencias del Mar (CSIC) de Barcelona.

Marta Estrada llegó a ser directora de esta entidad de referencia en oceanografía; su compañera Josefina Castellví ejerció de directora de la Base Antártica Española Juan Carlos I. Junto con el desaparecido Antoni Ballester, el alma del sueño español de la ciencia antártica como dice Estrada, firmaban la primera aportación científica conjunta de este país a la literatura sobre la Antártida en el año 1985.

PREGUNTA.- ¿Cómo es que aquella primera experiencia de dos investigadoras en la Antártida fue gracias a Argentina?

RESPUESTA.- En aquella época trabajaba en el Instituto de Investigaciones Pesqueras que pertenecía el CSIC. El que luego sería el Instituto del Mar. Éramos pocos allí. Antoni Ballester, Josefina Castellví, etc. Ballester había estado ya en una campaña en le Antártida en el año 66 y de aquello le quedaron ganas de hacer investigación allí. Desde entonces iba insistiendo a sus jefes, por decirlo así.

Él era el alma de todo esto. Insistía en la investigación antártica, pero no se hacía nada. La ciencia en España siempre ha estado mal financiada y en aquella época peor. Como tenía muchos contactos consiguió que los argentinos nos invitaran. Ellos ya tenían bases allí, porque entonces tenían reclamaciones territoriales. Total, que consiguió hacerse invitar.

“La ciencia en España siempre ha estado mal financiada y en aquella época peor”

Paredes de hielo en el Polo Sur. | Foto: EP / Universidad de Gotemburgo

P.- ¿Qué recuerda de aquel viaje?

R.- El viaje fue en el rompehielos Almirante Irizar. Estábamos Pepita y yo y Charo Nogueira que hacía de documentalista. Para la época era bastante nuevo llevar un periodista a bordo. Luego había dos químicos argentinos que habían sido becarios en Barcelona con el doctor Ballester. El barco era enrome, servía para transportar materiales y personal a las bases argentinas e iba muchísima gente. Fue interesante porque visitamos varias bases, llevaban personal, barriles de queroseno y luego estaba esa mezcla, esa pequeña dotación de científicos argentinos y nosotros. Había gente de física, química, investigadores como yo de fitoplancton, contaminantes. Cuando volvimos se celebró un simposio científico y se presentaron los trabajos hechos en este campaña.

P.- Imagino que entonces mujeres habría pocas en la ciencia antártica, ¿no?

R.- En total en esa expedición éramos siete y a lo mejor había un centenar de personas. Algo ha cambiado, Pepita llegó a ser jefa de base en la Antártida. El tema ha mejorado, pero no lo que debería. Pero es pasa en todos los sectores. Para empezar las campañas son largas y la gente que va está unos meses, en las de barco pueden ser de un mes y medio, pero si vas a pasarte todo el año en una base… Normalmente las mujeres tienen más obligaciones familiares. Aunque va mejorando, yo creo.

“Supongo que los políticos no pensaban tanto en cuestiones de ciencia sino en si algún día había algo a repartir que nos tocara una parte”

P.- ¿Qué pasó después, porque todavía se tardó un poco en tener una base fija?

R.- Ballester seguía teniendo ganas de montar una base pero no había dinero. Pero claro, el tema se aceleró de pronto porque había que renovar el tratado antártico y España tenía que acceder como miembro de pleno derecho, pero para eso había que tener una base científica en la Antártida.

Como él quería impulsar lo de la base se puso en contacto con la Academia de Ciencias de Polonia que tenía presencia ya allí. Ellos le invitaron a él y a Pepita a una nueva campaña polar para hacer una especie de campamento. Era una forma de hacer un anuncio simbólico de que aquello era un buen lugar para construir una base española. Fueron allí unos días, pusieron su tienda de campaña y volvieron al barco. Luego las cosas se precipitaron porque venía la reunión del Tratado Antártico y desde el punto de vista de la diplomacia española había interés en que España estuviera.

Total que varios compañeros fueron a montar una base en tres meses. Pepita siempre comentaba precisamente que lo que no se había hecho en 20 años había que hacerlo en meses. Se compraron unos módulos prefabricados a Finlandia y todo esto se embarcó y se llevó hasta ese punto donde se había hecho el verano austral anterior el campamento. Con esto España ya pudo entrar en el Tratado como miembro de pleno derecho. Supongo que los políticos no pensaban tanto en cuestiones de ciencia sino en si algún día había algo a repartir que nos tocara una parte.

“Para aquella época, en 1985, era bastante nuevo llevar un periodista a bordo, rumbo a la Antártida”

La oceanógrafa española Marta Estrada, que participó en la expedición a la Antártida de 1984 y fue junto a Josefina Castellví la primera investigadora española en el continente helado.

P.- La pesca y el cambio climático son algunas de las amenazas actuales de la Antártida. Lo digo porque usted estudiaba el fitoplacnton. ¿cómo combina todo esto?

R.- No se puede estudiar pesca si no se estudia todo el mar. Desde las corrientes, la meteorología, la química, el fitoplacnton. Por eso se cambió el nombre del Instituto. En la Antártida yo estudiaba el fitoplancton. El plancton en general es importante porque con el problema del cambio climático hemos tirado a la atmósfera mucho CO2, el mar lo absorbe y lo disuelve. El fitoplacton, como produce materia orgánica, capta dióxido de carbono. Parte de este fitoplacnton se lo comen los peces y parte de ese CO2 vuelve a la atmósfera porque es respirado por los mismos organismos.

Pero una parte muy pequeña queda enterrada en los sedimentos y sale de la circulación. Los programas internacionales siguen intentando entender cómo es el flujo de carbono en diversos mares del mundo o  qué contribución tiene la corriente polar antártica en la corriente del mar a nivel mundial y todos los intercambios quimicos de los océanos. La Antártida es una pieza clave de todo esto, por razones fisicoquímicas, biológicas y ecológicas. Que está pasando allí en el contexto global de cambio climático es importantísimo. A qué ritmo se funden los glaciares, a qué ritmo cambian las corrientes, porque afecta a las de todo el mundo. Si se fundiera el hielo subiría el mar metros y metros. Igual nos hemos de ir a vivir a Montjuic o al Tibidabo los de Barcelona si esto ocurre. Además, los dos polos tienen importancia vital en el clima mundial, porque el hielo refleja mucha de la radiación que llega a la Tierra. Si se funde el hielo, hay una retroalimentación positiva porque se absorbe más calor.

“Los programas internacionales siguen intentando entender cómo es el flujo de carbono en diversos mares del mundo”

P.- ¿Está suficientemente protegido el entorno? Lo digo por los temas de pesca…

R.- Ha habido una gran explotación y ahora se explota el krill, lo que no deja de ser una amenaza porque muchos animales marinos como las focas o las ballenas viven de él. Los animales no entienden de fronteras. La pesca puede estar prohibida al sur de determinado paralelo pero si pescas al norte, en fin… Es un tema que hay que vigilar el de la explotación de recursos. Hay mucha pesca en las zonas subantárticas, porque son muy ricas, pero claro a los animales no les expliques donde están respecto a los tratados.

Existe un organismo internacional, la Comisión para la Conservación de los Recursos Vivos Marinos de la Antártida (CCAMLR) que en principio regula la pesca en la zona marina que rodea la Antártida. Hace unos días, en una reunión de este organismo se discutió la propuesta de crear una zona marina protegida en aguas cercanas a la Península Antártica, que es uno de los lugares más afectados por calentamiento y por el peligro de sobrepesca de krill, pero Rusia y China lo vetaron.

Krill
A pesar de su pequeño tamaño, los enormes bancos que forma el krill antártico es la base de la alimentación y absorción de CO2 en los mares australes.

P.- ¿Por qué atrae tanto al Antártida?

R.- Científicamente es muy interesante porque es una biología que aquí no tenemos. Pero además tiene el atractivo estético. No se cómo decirlo, es un paisaje exótico que atrae. Luego también está el ambiente de una base. Las que se usan todo el año tienen que tener me imagino sus tensiones psicológicas, pero en las de verano hay un ambiente de interdisciplinaridad, de compañerismo…

P.- El turismo también se ha sumado a las amenazas…

R.- Hay bastante. En el año 1984 ya había, pero poco. Ahora con la pandemia estará parado, pero sí había aumentado bastante. El turismo antártico es, sobre todo, de gente mayor porque son los que tienen dinero para pagarlo. Se supone que las compañías son responsables, pero todo lo que sea presencia humana son problemas posibles. Todo lo que se vierta en este clima no es fácil que se degrade. En ecosistemas fríos en los que cualquier huella que dejes se queda ahí. 

“En la parte sur de América hay zonas que eran glaciares y se han convertido casi en bosque”

P.- Su primera expedición fue en el año 1984 y la última en 2015 ¿qué ha cambiado?

R.- La primera vez sí que estuve en el continente, pero el resto de las veces he estado en islas. Como se dice en catalán una flor no hace verano. Yo voy un mes en el verano antártico en 2015, por eso lo digo. Pero hay años que en lugar de nevar te llueve. Además, en la zona a las que vamos a no ser que haga viento, que entonces es terrible, he visto gente tomando el sol en chancletas en una base. Ha habido cambios, aunque la Antártida es complicada porque los vientos y las corrientes cambian en unos sitios y en otros.

El hielo de los glaciares se va perdiendo, pero luego hay zonas donde ha mejorado algo. En la parte sur de América hay zonas que eran glaciares y se han convertido casi en bosque. Está cambiando, pero es complicado, porque con los vientos a lo mejor en algún sitio hace más frío y en otro resulta que no. Luego ya hay zonas con plantas invasoras. En la Antártida había musgos, líquenes y dos plantas de las que decimos plantas superiores. Ahora hay alguna invasora en alguna isla.

P.-  ¿Es optimista respecto al futuro del continente?

R.- Espero que se vaya renovando el Tratado Antártico, que no se hagan explotaciones mineras que eso ya sería malo para los ecosistemas. A la larga si el cambio climático no para, y no llevamos mucho camino, pues yo qué sé. Veo que no se hace gran cosa y en algún momento los gobiernos y la gente tomaremos conciencia de que habrá que entrar en una especie de economía como la de la pandemia de ahora. Tom

Marta Estrada, en el buque oceanográfico Hespérides, durante la Expedición Malaspina

ar medidas más importantes para ver si podemos parar el colapso. Ni nosotros ni los gobiernos respondemos hasta que no estamos con el agua al cuello.

“Hay muchas cosas que se pueden hacer. Por ejemplo medir el crecimiento de un país con otros parámetros que no sean el del PIB”

P.- Entonces será cuando no haya margen

R.- Exacto. Es probable que se precipiten acontecimientos. Se va hablando y hay más conciencia ahora pero no creo que eso sea gran cosa. Hay muchas cosas que se pueden hacer. Por ejemplo medir el crecimiento de un país con otros parámetros que no sean el del PIB. Con la globalización se hace más difícil porque si uno toma una medida pero los demás no, pues en fin.

P.- ¿Volverá?

R.- Ya me gustaría pero por edad no creo que me dejen. Me siento con ánimos, pero técnicamente ya es muy difícil. Tendré que volver como turista.



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