Día Mundial del Agua: reivindicar el valor de lo imprescindible

Día Mundial del Agua: reivindicar el valor de lo imprescindible

Día Mundial del Agua: reivindicar el valor de lo imprescindible

La gran abundancia del agua crea un espejismo alrededor de ella que no nos permite ver su verdadero valor dentro del desarrollo humano, ya sea para la creación de energía, alimentos o, simplemente, para asegurar nuestra salud. Por ese motivo, el Día Mundial del Agua quiere poner de manifiesto la importancia de este recurso, sobre todo, de cara a entender y afrontar los desafíos que nos depara un cambio climático que ya está aquí


Carlos de Pablo
Madrid | 22 marzo, 2021


¿Qué objeto os llevaríais a una isla desierta? ¿Qué es para vosotros lo más importante en el desarrollo de vuestras vidas? ¿Qué es lo único que no os puede faltar en este mundo? Este tipo de preguntas, que a veces se nos plantean como un simple juego, en realidad suponen todo un quebradero de cabeza al mostrarnos la verdadera complejidad del concepto del valor, entendido como la importancia de las cosas.

Las respuestas, en todo caso, muestran mundos dispares en los que los objetos y seres cobran distintos valores atendiendo a la importancia que tengan sobre nosotros. Una importancia relativa que camina de la mano con el concepto de escasez, dando lugar a una de las mayores paradojas de este mundo.

Así pues, nuestro planeta tiene la suerte de contener en el 70% de su superficie un recurso, que los científicos consideran el ingrediente principal en la receta de la vida y uno de los más importantes para nuestro desarrollo.

La llegada de la pandemia ha puesto de manifiesto el valor de este recurso ya que, de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), era -y es- el ingrediente fundamental junto al jabón para evitar que nuestro cuerpo entrase en contacto con el coronavirus. Gracias al correcto saneamiento y calidad del recurso se ha podido atajar la pandemia en muchos lugares del mundo.

Sin este recurso deducimos que no podríamos ni tan siquiera existir y, no menos relevante, disfrutar durante años de sus distintas creaciones. De hecho, la buena calidad del recurso nos ayudaría a ganar 123 millones de años de vida ajustados por discapacidad global (AVAD o DAYLs, por sus siglas en inglés) y evitar millones de muertes en todo mundo.

Su papel no se queda ahí ya que las distintas industrias son capaces de producir con su ayuda los combustibles que utilizamos en nuestro día a día, así como dar vida a la principal fuente de energía limpia de muchos países, la energía hidroeléctrica, como es el caso de España. Asimismo, sin este recurso tampoco podríamos explicar el alimento que por suerte disfrutamos muchos de nosotros sobre nuestras mesas, así como el resto de los productos agrícolas y ganaderos que mantienen en funcionamiento a este mundo.

Y estos son tan solo los primeros beneficios que encontramos en la larga lista que es capaz de ofrecernos y en la que podemos encontrar también el transporte, la división política del territorio y, a raíz de los sucesos del año pasado, ser el aliado indispensable contra la pandemia de coronavirus.

Ahora nos toca a nosotros preguntar, ¿cuál es el valor de este recurso imprescindible en nuestras vidas? ¿Cuál es el valor del agua?

Un gigante infravalorado

A pesar de su importancia, las nieblas de su abundancia terminan por empañar nuestra percepción sobre ella, haciéndonos creer que, porque ahora tengamos a nuestra disposición un flujo constante de ella, siempre va a seguir siendo así, y por lo tanto reduciendo su valor. Sin embargo, el mundo que hay por encima de esas nubes muestra una realidad totalmente distinta en la que el agua ocupará un lugar aun más privilegiado si cabe.

En primer lugar, debido a la incidencia del cambio climático. Según los informes de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), el agua y el sistema climático del planeta están intrínsecamente relacionados, por lo que los cambios antropogénicos inducidos en el segundo elemento están alterando la disponibilidad del primero en todo el globo. El agua desaparece de lugares donde antes abundaba.

En segundo lugar, por la demanda del recurso. De acuerdo con la ONU, el uso del agua ha aumentado por seis en los últimos 100 años, y lo sigue haciendo a un ritmo del 1% anual. El crecimiento demográfico y sus respectivos impactos suponen la principal amenaza ya que se deberá dar de beber a dos mil millones de personas más en los próximos 20 años, pero no solo eso, también se deberá procurar que gocen de todos los derechos que la rodean.

Para ello, la ONU estima que el sector agroalimentario y energético, como pilares de desarrollo, deberán aumentar la producción en un 60% y un 35% respectivamente para saciar la demanda. Esto es para la organización internacional “todo un desafío hídrico” ya que el primero de ellos consume en la actualidad el 70% del agua del mundo y el segundo copa el 15% de las extracciones del líquido elemento.

Teniendo en cuenta que solo el segundo aumentará las extracciones de agua en un 20% y su consumo en un 85%, debido a la necesidad de enfriamiento de unas plantas, eso sí, más eficientes, podemos hacernos una idea del enorme desafío al que se enfrenta el agua.

Sin embargo, tal vez la peor cara de todo este asunto se encuentre en las más de 2.000 millones de personas en el mundo que en la actualidad no tienen acceso seguro al agua potable, las 4.200 millones de personas sin servicios de saneamiento adecuados, las 700 millones de personas que pasan hambre o las 800 millones que no disponen de una fuente de energía eléctrica.

Cientos de personas en el mundo no disponen de agua de calidad ni de un servicio de saneamiento con todas las garantías

Para ellas, el futuro en este contexto de escasez es incierto y, según el presidente de la 75 Asamblea General de la ONU, Volkan Bokzir, su existencia en estas condiciones representa un “fracaso moral” de la sociedad actual por el simple hecho de que aún ven negado su acceso al derecho humano que asegura el correcto cumplimiento del resto de derechos.

“Es un fracaso moral que vivamos en un mundo con niveles tan altos de innovación técnica y éxito y que sigamos permitiendo que miles de millones de personas estén sin agua limpia para beber o las herramientas básicas para lavarse las manos”, sentenció Volkan Bokzir en esa reunión, en la que, además, pidió una colaboración global para paliar el problema.

Poner de relieve el valor del agua

La invisibilidad de los problemas que coexisten alrededor del agua y los desafíos a los que se enfrenta derivados del relativo escaso valor que la hemos atribuido se han establecido como prioridades para la ONU.

Por ese mismo motivo, el Día Mundial del Agua que celebramos hoy pone el foco sobre “el valor del agua” con el fin de recordar la relevancia de este líquido sobre nuestras vidas y la necesidad de buscar medidas para abordar los desafíos a los que se enfrenta.

Cartel promocional del Día Mundial del Agua 2021 | Foto: ONU

“El valor del agua es mucho más que su precio: el agua tiene un valor enorme y complejo para nuestros hogares, la cultura, la salud, la educación, la economía y la integridad de nuestro entorno natural. Si pasamos por alto alguno de estos valores, corremos el riesgo de gestionar mal este recurso finito e insustituible”, señalan desde la ONU.

“Este año el Día Mundial del Agua trata de lo que significa el agua para las personas, su verdadero valor y cómo podemos proteger mejor este recurso vital. La forma en que valoramos el agua determina cómo se gestiona y se comparte”, añaden desde la organización.

Estas ideas, que parecen ser actuales, llevan en el punto de mira de la ONU desde hace varias décadas. Concretamente en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente y el Desarrollo de Río de Janeiro, celebrada en 1992, se puso de manifiesto el problema de la degradación del ambiente y la contaminación en todas sus formas y se propuso como solución la gestión sostenible de los recursos.

Esta última idea tocó de lleno al agua que, a raíz de una propuesta en esa conferencia, se la empezaría a dedicar un día exclusivo del año, el 22 de marzo, a partir del 1993. Desde entonces, su importancia como elemento vertebrador de nuestro desarrollo se ha ido incrementando hasta el punto de que en el 2015 la Asamblea General de las Naciones Unidas reconoció explícitamente el derecho humano al agua y al saneamiento, reafirmando que “un agua potable limpia y el saneamiento son esenciales para la realización de todos los derechos humanos”.

De hecho, la actual Agenda 2030, que pretende alcanzar nuestra sostenibilidad y acabar con los grandes desafíos del mundo, no se entiende sin los nexos que constituyen cada una de sus 169 metas y 17 objetivos con el sexto Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) relativo al agua y saneamiento, porque sin agua no hay energía, no hay alimentos, no hay salud y ni tan siquiera paz.

En este sentido, las inversiones para conseguir un agua de calidad y saneamiento adecuado para lo población se han convertido en todo un imperativo para todos los países del mundo. Cada Nación y cada persona debe colaborar con sus semejantes para acelerar sus esfuerzos ante la amenaza de incumplimiento de este objetivo y, para ello, debemos empezar primero a valorar este recurso que, aunque en su abundancia, es de los más escasos de este mundo.

Entonces ¿Ahora cuál es el elemento más importante para el desarrollo de vuestras vidas? La respuesta es, una vez más, clara como ella misma: el agua.



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