Gloria, el temporal que demostró en Peñíscola que la crisis climática es una realidad - EL ÁGORA DIARIO

Gloria, el temporal que demostró en Peñíscola que la crisis climática es una realidad

Gloria, el temporal que demostró en Peñíscola que la crisis climática es una realidad

A principios de año, un temporal “sin precedentes” arrasó las costas del litoral mediterráneo español. Ahora, dos meses después de aquella tragedia, los habitantes afectados continúan recuperándose de sus heridas mientras claman por una mejor gestión que les permita adaptarse contra este tipo de fenómenos cada vez más frecuentes

Estaban avisados. De hecho, los vecinos de Peñíscola se prepararon con tiempo para lo que creían que era una tormenta como otra cualquiera. Sin embargo, la realidad les arrojó un jarro de agua fría y acabaron por experimentar una pequeña muestra de la destrucción que una naturaleza alterada por el cambio climático es capaz de provocar en un municipio costero.

Todo comenzó el día el día 19 de enero, cuando la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) lanzó un comunicado advirtiendo de la venida de un fuerte temporal que afectaría, sobre todo, al litoral mediterráneo. Según sus estimaciones, las rachas de viento podrían alcanzar los 130 kilómetros por hora y las olas superar los siete metros de altura, por lo que las autoridades locales se prepararon lo mejor que pudieron para hacer frente a la climatología.

Sin embargo, durante la mañana del 20 de enero, nada de lo que habían hecho para enfrentarse a lo que venía había resultado efectivo: “Sin haber un fuerte temporal de viento y marea, el agua había comenzado a entrar en el paseo. Otros días con borrascas más intensas, al agua le costaba entrar, pero aquel día todo fue diferente”, narra Jesús Figuerola, encargado de la brigada de obras y servicios del ayuntamiento de Peñíscola, a El Ágora.

En cuestión de minutos, durante la mañana de aquel día, el mar sobrepasó las dunas que protegían el paseo marítimo y el agua cargada de tierra y algas entró en él sin miramientos. En ese instante, los comercios y viviendas quedaron a merced del agua.

“Yo estaba aquí. El agua nos arrancó las puertas de aluminio y entró en nuestro local como si fuese una autopista”, comenta Vicente Albiol, dueño de un local gravemente afectado. “Lo tengo todo grabado y se puede ver en mis vídeos como se podía hasta nadar en el descansillo. No tenía palabras”, añade.

Su comercio está en primera línea de playa. Cuando entramos en él todo estaba destrozado y los artículos de playa que vendía para ganarse la vida ahora no servían para nada: los sombreros de paja coloreados de un color marrón a consecuencia de la arena, las estanterías oxidadas y maltratadas por la sal y el piso levantado por la fuerza del agua. No quedaba nada allí.

Ahora argumenta que tiene que abrir el negocio “sí o sí”, porque, como él, muchos de los afectados son autónomos y, mientras esperan respuesta del consorcio de seguros, deben sufragar las gastos por su propia cuenta.

El problema de las algas

Los pescadores fueron otro de los colectivos que también sufrieron los estragos del temporal. A diferencia de los demás, ellos no solo estuvieron afectados por el agua y la arena, sino por otro elemento natural que arrastró Gloria: las algas.

Según narra Jesús Figuerola, muchos que salieron a faenar los días posteriores, en el momento de recoger la captura, simplemente se sorprendieron porque las algas atascaron toda la maquinaria de los barcos, produciendo unos cuantiosos daños que jamás pensarían que un alga podría producir.

Además de los daños a la pesca, el alga arrastró otro problema ya que no puede devolverse al mar, por lo que su retirada completa resultó todo un quebradero de cabeza. Si se dejaba descomponerse al sol, su fuerte olor podría sumarse a la larga lista de problemas del municipio de por aquel entonces, por lo que optaron por enterrarla y trasladarla a centros especializados para su eliminación.

Pero no fue el único. Por ejemplo, Alfredo Barberá, dueño del restaurante “El pescador ermitaño”, explica que el agua entró al piso subterráneo de su local por todos los rincones que encontraba y lo echó todo a perder. Incluso, nos cuenta cómo la fuerza del agua tiraba los muros del local vecino, que también quedó gravemente afectado.

“Mi familia y yo llevamos toda la vida en frente del mar. Mi padre incluso era marinero, pero os puedo asegurar que ninguno de nosotros habíamos vivido en la historia, por lo menos en esta zona, un temporal tan fuerte como este. Jamás había visto llegar el agua hasta la altura de mi bar”, nos cuenta Alfredo.

Alfredo Barberá cree que los daños en su local rondan los 13.000 o 14.000 euros, que ya ha reclamado al consorcio de seguros

De hecho, esta consigna fue la que todos repetían cuando nos paramos a hablar con ellos, sobre todo porque según nos cuentan, el temporal no se había limitado a un solo día, sino que sus efectos se prolongaron durante dos jornadas más donde los daños se fueron sucediendo de una forma nunca vista.

Una vecina narra que ella vive en un cuarto piso y lo primero que vio durante el primer día de temporal fue cómo la arena se encontraba bajo sus pies, como si el bloque de viviendas se hubiese construido en la misma playa.

Para ella, lo peor no fueron los daños materiales, sino lo que vino después: “durante más de una semana, muchos vecinos como yo no pudimos salir a la calle por la arena, y permanecimos sin luz en nuestras casas durante todo ese tiempo. Fue horrible. Sinceramente, en cuanto pueda me largaré de aquí”.

Nadie pudo hacer nada para detener a esta bestia natural que llevó los recursos de la población y cuerpos de seguridad al límite:

“Entre el 20 y el 23 de enero registramos 168 servicios relacionados con el temporal. Nosotros junto al cuerpo de bomberos tuvimos que evacuar a 27 personas, algunas de ellas sacadas de sus hogares con barcas”, comenta Antonio Andrés Morejón, intendente jefe de la policía local de Peñíscola.

El recuerdo que posee de aquel día es de desbordamiento, sobre todo por la gran cantidad de servicios que poco a poco se fueron acumulando, acaparando todos los recursos de los que disponían a su alcance. “Además, en estas situaciones hay priorizar la ayuda a la gente porque se desespera al no estar preparada para hacer frente a un suceso como este. Quieras o no, todos estos factores hacen que te preocupes en cierta medida”, añade.

Unas heridas abiertas

El paso de Gloria culminó al término de aquella semana, pero ahora, dos meses después, su huella continua visible en Peñíscola, principalmente en el paseo y las playas, donde se acumulan montones gigantescos de arena y mobiliario urbano arrancado de cuajo de su emplazamiento original, a pesar de haber realizado una “excelente labor” para recuperar la zona.

Ahora, la lucha por cicatrizar esas heridas dejadas por el temporal se libra en las administraciones, encargadas de hacer frente a los importantes daños que, según Andrés Martínez, alcalde de Peñíscola, superan los dos millones de euros. El más aparatoso de ellos se encuentra en la carretera que une la zona norte con la zona sur del municipio. Allí, el agua arrancó las piedras y arena que sostiene el pavimento, poniendo en peligro a los coches que transitan diariamente en ella

“Por aquella carretera pasa el tren turístico, camiones y autobuses con niños. Por no hablar de los turistas que la utilizan cuando vienen a visitar el municipio. Nuestra prioridad ahora es centrarnos en esa región”, explica el edil.

Además, cabe resaltar los graves daños en el patrimonio monumental del Peñíscola, ya que en su castillo aún se puede apreciar los enormes socavones que el mar produjo.

Y es justamente en los daños donde surge el conflicto. Peñíscola, a pesar de ser un municipio conocido, no deja de ser una pequeña villa de menos de 10.000 habitantes, por lo que posee un presupuesto general modesto. Dentro de ese dinero existen partidas para gastos imprevistos, pero distan muy lejos de poder sufragar el daño ocasionado por Gloria.

El gobierno de España, por tanto, y más cuando se está hablando de que la mayoría de los daños se produjeron en las costas -un recurso de competencia estatal-, se debe hacer cargo de sufragar los costes del temporal. Pedro Sánchez, presidente de España, de hecho, visitó la zona poco después del paso de Gloria y se comprometió a ayudar en la recuperación y adaptación de la región.

Solo en retirar la tierra del paseo, el ayuntamiento ha gastado 180.000 euros. Aun habría que sumar los daños en mobiliario urbano y infraestructuras de la playa

Sin embargo, la realidad es que el gobierno solo destinó 19,5 millones para la reparación de los daños totales de la borrasca, de los cuales, 9,6 fueron destinados a la Comunidad Valenciana. Del reparto final, la provincia de Castellón recibió para todos sus municipios 4,1 millones. Si hablamos de que solo en Peñíscola los daños se valoraron en más de dos millones y en Castellón en su conjunto superan los 17 millones, el alcalde entiende “que el gobierno finalmente les ha dado la espalda o no les ha dado toda la cara que tenía que dar”.

“Nosotros ahora nos hemos visto obligados a pedir un préstamo a los bancos de dos millones de euros para sufragar los gastos en un municipio que  a tantos españoles y extranjeros atrae con su atractivo. Aquí llegan muchas divisas que benefician al Estado español y nosotros procuramos que este recurso esté lo mejor posible de cara al público, pero entendemos que el Estado también se debe comprometer a cuidarlo e invertir en él. Somos la imagen de España al exterior”, argumenta.

Defender el litoral

Pero para él la cuestión no es está en recuperar lo perdido por Gloria, sino justamente en lo que comentaba anteriormente: en invertir para que esto no vuelva a ocurrir, porque seguir gastando en recuperación no tiene sentido si se puede destinar esos fondos a eliminar el problema de raíz.

Los científicos, en este sentido, advierten que las costas serán una de las regiones más afectadas por la crisis climática global, no solo por ser la primera barrera ante los nuevos temporales, sino por otros aspectos como el incremento del nivel del mar.

Peñíscola, ante este nada halagüeño futuro, está muy expuesta por su morfología. En época de intensas lluvias, el municipio tiende a sufrir graves inundaciones por el gran número de arroyos que van a parar allí y por los acuíferos que componen su suelo.

Además, tal y como comenta Jesús Figuerola, Peñíscola ha ganado muchos metros al mar por lo que constantemente tienen que lidiar con el agua: “Si excavas para construir, te encuentras con el agua. Si llueve, te ves anegado por el agua. Estamos rodeados por el agua y eso nos va a pasar factura en un futuro”.

Ante futuros temporales, Peñíscola solo puede limitarse a prepararse bien y a actuar con rapidez, esperando que los temporales provoquen el menor número de daños. La falta de recursos impiden actuar de otro modo

Ante esta situación, el consistorio lleva años reclamando medidas de protección, sobre todo, después de un temporal adverso ocurrido en 2001, donde las olas alcanzaron la primera línea de playa y donde la lluvia agravó la situación provocando inundaciones.

“De momento, el Estado cree que con una protección natural a base de dunas, que en estos momentos se están emplazando, es suficiente para frenar los temporales. Sin embargo, nosotros y otros municipios hemos solicitado que estudien instalar espigones en nuestras playas. En cuanto a las inundaciones, también hemos reclamado mejoras en las canalizaciones. Las comunidades y el Estado son quienes tienen las competencias para llevar todas ellas a cabo”, explica Andrés Martínez.

Ante lo supramunicipal, Peñíscola ni tiene medios ni las competencias necesarias, por lo que la pelota ahora está en el tejado de los gobiernos competentes. Por lo tanto, mientras las medidas se ponen en marcha, al municipio costero solo le queda esperar y contener el miedo ante nuevos posibles temporales. Porque ese es el hecho: nunca antes había pasado esto en Peñíscola y Gloria solo ha sido el principio.

Los vecinos entienden que el cambio climático no es ningún juego y, por ello, muchos de ellos están barajando mudarse al interior de la península. Pero aquellos como Alfredo Barberá, que han invertido todos sus recursos en su negocio y no pueden permitirse el lujo de marcharse, solo les queda preguntarse hasta cuándo van a tener que aguantar esto. La respuesta es sencilla: hasta que se apueste por la adaptación.

El coronavirus amenaza Peñíscola

El temporal Gloria solo ha sido el principio de sus problemas este año. De hecho, muchos de los vecinos argumentan que el temporal es agua pasada y que ya parece todo estar arreglado.

Ahora, lo que a sus vecinos les preocupa es todo lo que sucede alrededor del coronavirus, un patógeno ha acabado temporalmente con su principal actividad económica: el turismo.

Algunos piensan que el calor podrá ser más que suficiente para detener la expansión y el principal causante de la vuelta a la calma. Pero hasta que la climatología ayude, Peñíscola tiene que mentalizarse que la primera campaña del año, la Semana Santa, se ha suspendido, borrando toda esperanza de poder empezar a obtener beneficios este año. Ahora solo les queda el verano.



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