Elecciones al Parlamento Gallego: continuidad y cambio

Elecciones al parlamento gallego: continuidad y cambio

El próximo domingo 12 de julio de 2020 se celebran las elecciones autonómicas gallegas, los primeros comicios en el territorio nacional tras la pandemia de coronavirus. Nuestro experto en demoscopia Yo, Claudio, analiza los últimos sondeos del CIS, que dan al candidato popular la posibilidad de revalidar la mayoría absoluta empleando una campaña que desdibuja la imagen del partido en preferencia de la marca personal y que parece funcionar: según los sondeos entre Ciudadanos y Vox no llegan al 1% de los votos

El próximo 12 de Julio de 2020 están convocadas elecciones al Parlamento Autónomo de Galicia. El CIS ha realizado un estudio preelectoral de un considerable tamaño, que se suma a uno menor y que se incluyó en el último Barómetro (analizado aquí hace unos días).

El Barómetro (802 entrevistas) fue realizado entre el 1 y el 9 de junio, y el Preelectoral (3.398 entrevistas), entre el 10 y 19 de junio. En el primer estudio se preguntó a quienes tienen derecho a voto en las elecciones nacionales y residen en Galicia; y en el segundo a quienes tienen derecho a voto en las elecciones autonómicas y residen en Galicia.

En ambos casos se excluye a quienes tienen derecho al voto pero residen fuera de Galicia, y en ambos estudios los datos fueron obtenidos por teléfono. En el Barómetro general el mix es del 54 % de teléfonos fijos y 45 % móviles, en tanto en el Preelectoral es del 62 % de teléfonos fijos y el 38% móviles. Dado que no disponemos del fichero de microdatos y que los universos son algo diferentes entre ambos estudios, es imposible determinar el impacto de esta diferencia.

El censo electoral a 1 de mayo de 2020 (el último dato publicado por el INE) estaba compuesto por 2.692.047 electores, de los cuales 2.229.858 residen en Galicia, y 462.189, en el extranjero

Antes de entrar al análisis detallado de estos dos estudios, especialmente del Preelectoral, que tiene la muestra más amplia, conviene que tengamos en cuenta algunos datos esenciales sobre Galicia. El censo electoral a 1 de mayo de 2020 (el último dato publicado por el INE) estaba compuesto por 2.692.047 electores, de los cuales 2.229.858 residen en Galicia, y 462.189, en el extranjero. El Censo variará -no demasiado- a la fecha de las elecciones. En las últimas elecciones del mismo tipo, celebradas el 25 de septiembre de 2016, según datos oficiales publicados en el Diario Oficial de Galicia, el Censo y la Participación eran los siguientes:

Aunque la diferencia no es muy grande, en este dato del Censo de Electores deben recogerse algunas almas muertas (del orden de unas 3.500) pues, si consultamos a día de hoy las cifras oficiales de la Oficina del Censo, publicadas por el Instituto Nacional de Estadística (INE) justo antes de las elecciones (1 de septiembre de 2016) había 2.697.159 electores y justo después (1 de octubre de 2016) se contabilizaron 2.698.205.

En cualquier caso, el número de electores será aproximadamente similar en 2020 y el número de diputados será idéntico. Como es sabido, la distribución de diputados por circunscripción no es proporcional al número de electores por provincia, sino que prima extensamente a Lugo y Orense. Este fenómeno es relevante a la hora de traducir cualquier estimación de voto en diputados. Los datos de 2016 nos dan idea de esta diferencia.

 

Como es sabido, la distribución de diputados por circunscripción no es proporcional al número de electores por provincia, sino que prima extensamente a Lugo y Orense.

Que el Godello del Sil sea superior al Alvariño del Miño, y que en ambos territorios encontremos sabores muy superiores a los de Quintas portuguesas, no es razón para estar de acuerdo con que Ourense tenga que tener una representación proporcionalmente superior a la que tiene Pontevedra.

En EEUU se ha acuñado un nombre algo exótico, conocido como gerrymandering, que describe la manipulación de los límites del distrito electoral para conseguir ventaja, haciendo que los votos de los demás se pierdan, lo que ha generado distritos electorales que ni el más experto en geometría fractal es capaz de modelar.

En el caso de España este fenómeno está, en parte recogido y en parte limitado, con el uso de la provincia como distrito electoral y la asignación de un mínimo de diputados a la provincia, que eliminan la proporcionalidad entre número de electores y escaños a elegir. En su momento se estableció así en la Constitución de 1978 como mecanismo para penalizar el voto urbano, porque algunos tenían más confianza en desempeñarse mejor en la España profunda que en las nuevas ciudades que se habían venido formando al calor del crecimiento económico.

“Parece haber un cierto resurgimiento del BNG que, por el momento, no va acompañada de movimientos importantes en la ‘identidad nacional’”

Algunas autonomías como Galicia han seguido la estela de la Constitución y sobrerrepresentan los territorios menos poblados

Cuarenta y dos años más tarde, este razonamiento ha perdido parte de su virtualidad, no solamente por la fragmentación del voto conservador, sino por la aparición de voto con programa vinculado a la España vacía. Algunas autonomías como Galicia han seguido la estela de la Constitución y sobrerrepresentan los territorios menos poblados.

Este efecto es diferente del inducido por el procedimiento de la Ley D´Hont que con su corrección de la proporcionalidad está pensado para asegurar la formación de mayorías, penalizando las minorías. Efectivamente, este último fenómeno de sobrerrepresentación de la opción más votada tiene lugar en Galicia, con un coste promedio en votos para el PP inferior a los demás.

Lo que no aparece, en cambio, es el efecto de prima en los territorios menos poblados. En el caso del PP, el coste respecto al promedio sigue una lógica norte-sur: le cuesta más en el norte (Coruña y Lugo) y menos en el sur (Orense y Pontevedra). Al PSG, en cambio, le cuesta menos en el Norte y más en sur, especialmente en el Sur interior (Orense).

 

Hasta aquí un breve recorrido por la historia reciente. El 2020 presenta como novedad que en la izquierda las Mareas no aparecen unidas. Y por la derecha, el candidato Alberto Núñez Feijoo está tratando de jugar la carta presidencial, encarnando un candidato “por encima de partido”, con la expectativa de capturar el voto conservador más allá de  la marca PP.

Tanto es así que, aunque los colores de su candidatura están en algún lugar entre la gama de los colores del PP y los de la bandera gallega, en los escenarios de sus mítines aparecen Alberto Núñez Feijoo y Galicia, no el PP.

 

“El 2020 presenta como novedad que en la izquierda las Mareas no aparecen unidas. Y por la derecha, el candidato Alberto Núñez Feijoo está tratando de jugar la carta presidencial, encarnando un candidato por encima de partido”

Vamos con lo que nos enseñan los dos estudios del CIS sobre las oportunidades de éxito de esta estrategia. No está en discusión que Alberto Núñez Feijoo va a ganar las elecciones: en el estudio Preelectoral el 81% de los entrevistados así lo cree. Y la intención de voto declarada dobla a la de los siguientes candidatos.

 

Hay dos datos en el estudio que, por mucho que sabemos que suceden, siempre llaman la atención: la gente que dice que ha ido a votar en las últimas elecciones, y la intención de participar.  Ante la pregunta sobre si el entrevistado ha votado en las pasadas elecciones de 2016, el 85 % dice que “fue a votar y votó”, más de 30 puntos por encima de la participación real (53,6 % en 20016). Estos datos son similares a los obtenidos para una pregunta idéntica en 2012: entonces también el 84% de los electores dijo que había ido a votar, cuando la participación real fue del 54,9 %.

Por otra parte, hay un dato en el estudio Preelectoral que indica que, por alguna razón, no se está representando correctamente a los votantes del PP: de los que dicen que votaron, solamente el 31 % dice haber votado al PP (en la realidad en 2016 le votaron el 47,6%). También aparecen subrepresentados quienes dicen que votaron a En Marea, el 11 %, cuando en realidad, en 2016 le votaron 19,1%.

En cambio, aparecen sobrerrepresentados el PSG y el Bloque. Esto indica que, previsiblemente, estos dos últimos partidos están en crecimiento y puede que inadvertidamente algunas personas pongan en el pasado lo que van a hacer en el futuro.

Cuando se les pregunta si tienen intención de ir a votar, el 61 % en el Barómetro, y el 69 % en el Estudio Preelectoral dicen que “con toda seguridad” irán a votar, entre siete y 15 puntos más que la participación real en las elecciones de 2016. A esta misma pregunta en el preelectoral de 2012, el 64 % también afirmó que con toda seguridad iría a votar (10 puntos más que la participación real).

Calibrar estas respuestas sin el fichero de microdatos, donde se recoge cuánta gente ha rechazado participar en cada estudio, resulta imposible. Aparte de los factores de mentira deliberada –decir que se ha hecho algo que en realidad no se ha hecho- y el sesgo de deseabilidad social –decir que se ha hecho o se va a hacer algo, como votar, que puede parecer socialmente deseable o necesario- que sabemos hinchan esta clase de respuestas, hay bastante evidencia -que he analizado anteriormente- según la cual una parte de las inexactitudes en las estimaciones de voto tiene que ver con la autoselección de los entrevistados: si realmente se tiene interés en la política -condición necesaria para votar- es bastante más probable que se acepte participar en un estudio sobre política.

Esta clase de calibración, desafortunadamente no se está haciendo ni se ha hecho nunca en el CIS. Ni siquiera se publica la parte introductoria de los cuestionarios, imprescindible para determinar cómo se aborda al entrevistado.  Teniendo en cuenta la incertidumbre que resulta de todas estas cautelas, y por simple analogía, cabría concluir que en estas elecciones de 2020 la participación será algo superior a las de 2016. Aunque en un contexto de indefinición sobre la pandemia y una campaña tan corta, es más probable lo contrario.

“La apuesta de Alberto Núñez Feijoo por presentarse como ‘el candidato’ tiene un elemento a favor: el resto de los candidatos son nuevos, con la excepción de Ana Pontón”

La apuesta de Alberto Núñez Feijoo por presentarse como el candidato tiene un elemento a favor: el resto de los candidatos son nuevos, con la excepción de Ana Pontón (BNG), que pese a ello no llega al 80 % de conocimiento por parte de los futuros votantes. Aparte de Alberto Núñez Feijóo, solamente Gonzalo Caballero (PSG) llega a ser conocido por el 80 % de los electores.

Además, la preferencia por Alberto Núñez Feijoo es muy superior a la intención de voto declarada por el PP.

 

En 2020 los apoyos por provincia al candidato del PP muy probablemente serán similares a los de 2016, aunque la intención declarada es, en 2020, algo menor en el sur (Pontevedra y sobre todo Orense) de lo que era en el Estudio Preelectoral de 2016 .

Lo acertado de la estrategia de separarse del partido se pone de manifiesto en el diferente comportamiento de la intención de voto y la simpatía de partido: mientras que en 2016 esta última correlacionaba casi perfectamente con la intención de voto (0.91) y ambas con el voto real (0.80), en 2020 la intención de votar y la simpatía de partido han dejado de tener esa relación aditiva, de modo que la correlación entre ambas cae substancialmente (0.53).  Esto obliga a rehacer cualquier modelo predictivo donde se hayan metido estas variables.

“La estrategia personalista de Núñez Feijoo parece acertada porque las otras derechas no llegan al 1% de intención declarada de voto”

Teniendo en cuenta esto, y dadas las enormes diferencias que separan a Alberto Núñez Feijoo del resto de los candidatos, su estrategia personalista parece acertada (las otras derechas -Ciudadanos y Vox- no llegan al 1% de intención declarada). Aunque la intención declarada de voto al PP en 2020 es algo inferior a la declarada en 2016, en todas las provincias -salvo Coruña- todo parece indicar no sólo que ganará las elecciones, sino que revalidará su mayoría absoluta. Prácticamente todos los pronósticos publicados hasta el momento coinciden en esta predicción, de modo que nada puede salir mal salvo, quizás, que algún colectivo no vaya a votar asustado por un rebrote veraniego de la pandemia.

“Parece haber un cierto resurgimiento del BNG que, por el momento, no va acompañada de movimientos importantes en la ‘identidad nacional’”

 

Seguramente, en 2020 Galicia ya habrá dejado atrás esta “extraña percepción” que aparecía en un estudio realizado por el QoG Insitute en 2017 (a repetir en este 2020) donde, ante la pregunta “¿En los últimos 12 meses, a usted o alguien de su familia, un funcionario público le ha pedido un “agasallo informal ou suborno?”, Galicia aparece a la cabeza de todas las comunidades, si bien los valores son bajos (no llegan al 3%).

El Caballero de las Botas Azules, con el que hablaba Rosalía de Castro, seguirá iluminando Galicia: “Yo soy el nuevo profeta de lo que se desea y se siente, aunque no se conoce. Yo soy el que ha escrito con letras de oro el libro de los libros y los triunfos de un nuevo porvenir. Cuando ese libro aparezca, yo habré muerto, pero queda un heredero de mi ciencia, que extenderá por la tierra los frutos de mi sabiduría, empezando por las tierras de Occidente”. Y es sabido que ao Occidente de Fisterra non hai nada.



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