Cuando el tiempo se cuenta en vidas - EL ÁGORA DIARIO

Cuando el tiempo se cuenta en vidas

En nuestra crónica de repaso a la semana recordamos, con motivo del Día del Libro, una frase del sensato Sancho al noble Don Quijote: “Y manos a labor; que en la tardanza dicen que suele estar el peligro”. Porque en esta crisis el tiempo se cuenta en vidas y ya estamos pagando con demasiadas


Concluye la quinta semana de confinamiento y, después de 40 días, la cuarentena ya se ha convertido en nuestra nueva rutina. Un día de la marmota del que nos preguntamos si podremos salir haciendo las cosas bien. Pero el problema es ese. ¿Estamos haciendo las cosas bien? No salimos de los fallos en la gestión sanitaria, ni el bucle se acaba felizmente para los tests, el plan de desescalada o de revitalización de la economía. No hay mensajes claros y tranquilizadores que nos hagan pensar que la nueva realidad que nos anuncian está controlada y prevista.

De momento a falta de ideas o soluciones más efectivas seguiremos agazapados en casa, los que podamos, para que el “bichito” no nos encuentre.

Pero los niños pueden estar tranquilos. Podrán empezar a salir de casa y no para ir al supermercado como nos anunció la portavoz del Gobierno el martes por la mañana, sino para pasear, correr, jugar, respirar y reencontrarse con la naturaleza durante una hora al día.

Con mascarilla, si la encuentran, a 0,96 euros de precio máximo.

Les ha tocado a las farmacias asumir la subvención de un producto de profilaxis secundaria, altamente recomendada por falta de coraje para prescribirla poniendo tope a un precio final a sabiendas de que es incontrolable en origen. Ni siquiera el IVA de estas barreras virales ha bajado del 21 al 4% para compensar las pérdidas que, como ya se lamentan asumirá cada uno de esos farmacéuticos que ahora nos subvencionan con su dinero el producto.

Pero la semana si no buena ha sido algo diferente porque hemos celebrado el Día del Libro, y nos hemos dado cuenta de que, por primera vez en mucho tiempo, hemos tenido la ocasión de reparar en la enorme capacidad de esas páginas llenas de letras de sacarnos de casa a vivir aventuras y a visitar lugares recónditos del mundo tan distintos de lo que alcanzamos a ver desde la ventana.

Un sanitario protegido con mascarilla lee un pasaje de ‘El Quijote’ para los sanitarios y pacientes del Hospital temporal de IFEMA en el Día del Libro. | Ricardo Rubio / Europa Press

Como las Fallas, los San Fermines, la Feria de Abril o la Semana Santa, el día del libro este 2020 también se celebrará allá por julio, cuando con más o menos afluencia de público y pertrechados con o sin mascarillas podamos visitar las casetas de las Ferias del Libro y hasta recuperar esa tradición que Cataluña ha exportado al resto de España de celebrar Sant Jordi con un libro y una flor.

Flores virtuales las de este año que nos recuerdan como el coronavirus también enferma de muerte a algunos sectores productivos. El de la flor cortada ve cómo este año se perderán el 85% de las ventas. Unas ventas que se concentran en estas fechas habitualmente llenas de celebraciones familiares, ofrendas a vírgenes y santos y hasta homenajes a parejas y madres acompañadas de libros.

Páginas y letras llenas de fantasías y enseñanzas que tan bien nos hubieran venido en estos tiempos, y es que ya lo dijo el sensato Sancho en conversaciones con el noble Don Quijote: Y manos a labor; que en la tardanza dicen que suele estar el peligro”.

Con esta pandemia encima no nos sirve el síndrome de regresión que hace ya muchos siglos que Cervantes plasmó estas sabias palabras. Aquello de más vale tarde que nunca hoy muestra más su inutilidad porque en la nueva realidad el tiempo se cuenta en vidas y ya estamos pagando con demasiadas esta lentitud. 

Una lentitud acelerada con la que la Tierra sigue girando mientras la vida dure, al menos la vida en este planeta que ha celebrado su Día Mundial con el regalo de una atmósfera más limpia que nunca, con espacios recuperado para especies que pensábamos extintas. Debían vivir escondidas como nosotros ahora del coronavirus.

Como cada 22 de abril, desde 1970, celebramos en el mundo el Día de la Tierra, una jornada que nos invita a reflexionar sobre la fragilidad de nuestro planeta y la necesidad de actuar cuanto antes para protegerlo.

“Mira de nuevo ese punto. Ese que está aquí. Ese es el hogar. Ese somos nosotros. En él, todos lo que amas, todo los que conoces, todo los que has oído hablar, cada ser humano que haya existido vivió su vida ahí”.

Con estas palabras, el famoso científico y divulgador Carl Sagan describió a la Tierra en su libro Un punto azul pálido: una visión del futuro humano en el espacio, tomando como fuente de inspiración la icónica imagen de la Voyager 1 en la que se mostraba entre el polvo espacial un pequeño punto que era la Tierra en ese momento.

Imagen “Punto azul pálido” tomada por Voyager 1 | Foto: NASA

La celebración del quincuagésimo aniversario del Día de la Tierra ha coincidido con uno de los peores momentos de nuestra historia moderna y que ha motivado la suspensión o el aplazamiento de eventos de gran relevancia a nivel climático, como la COP26 de Glasgow.

Sin embargo, lejos de nublar los actos, los principales organizadores del Día de la Tierra han aprovechado la pandemia para enaltecer aún más los motivos de esta festividad.

La razón que sostienen, al igual que el gran grueso de científicos, es que precisamente la destrucción de la biodiversidad nos ha conducido a la situación que estamos viviendo ya que la degradación del medio ha provocado que los animales, entre los que se incluyen los humanos, estén más expuestos a patógenos como el coronavirus.

La celebración este año del Día de la Tierra coincide con el inicio de la década más importante de la historia de la humanidad, en la que no solo debemos reducir la curva de emisiones globales a la atmósfera sino mantener esa disminución hasta llegar al 50% para 2030.

En definitiva el planeta nos devuelve el regalo en forma de moraleja y es que ser humano debe tomar conciencia de su vulnerabilidad y poner todo el conocimiento adquirido en estos siglos de evolución al servicio del hogar que les cobija.

Al servicio de la resiliencia de nuestras ciudades y nuestras vidas y para que, ahora que debemos comenzar a vivir de nuevo, seamos capaces de encajar esta nueva realidad que nos espera en la era post covid en lugares sostenibles, donde la digitalización nos acerque para compensar la nueva distancia social que ha venido para quedarse, con una nueva movilidad y una energía que no fagocite ese componente fósil de nuestro contenedor.

Una realidad que nos reconcilie con la naturaleza y nos devuelva a lo nunca debimos dejar de ser: animales sociales dentro del equilibrio natural finito.


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