Donde los silencios enmudecen - EL ÁGORA DIARIO

Donde los silencios enmudecen

En esta semana en el que el funeral del Estado ha rendido un merecido homenaje a las víctimas de la pandemia de coronavirus, repasamos una actualidad en la que los rebrotes nos recuerdan que el virus sigue ahí al menos hasta que encontremos una vacuna


Así como del fondo de la música

brota una nota

que mientras vibra crece y se adelgaza

hasta que en otra música enmudece,

brota del fondo del silencio

otro silencio, aguda torre, espada,

y sube y crece y nos suspende

y mientras sube caen

recuerdos, esperanzas,

las pequeñas mentiras y las grandes,

y queremos gritar y en la garganta

se desvanece el grito:

desembocamos al silencio

en donde los silencios enmudecen

Con estos versos de Octavio Paz honraba España a sus muertos por la enfermedad de la COVID-19, sin duda la mayor de las pérdidas que ha dejado esta pandemia; una pandemia que sigue aquí amenazando con devolvernos a todos a casa ante la imposibilidad de controlar los nuevos contagios.

Unos contagios desbocados desde el pasado 20 de junio, porque la apertura al contacto social facilita la movilidad del virus. Un contacto social inevitable después de tres meses de distancia física y de vacío total de las calles, la hostelería, el turismo. Un turismo que a pesar del inicio de las vacaciones estivales no termina de arrancar para tirar de la economía nacional y aún nos deja estampas de playas vacías y si no vacías alejadas de esas muchedumbres que otros años las abarrotaban.

Playas bañadas por mares y océanos donde los expertos aseguran que está el futuro del alimento de la humanidad, aguas saladas que cubren tres cuartos del planeta, con gran capacidad de recuperación con buenos planes de gestión y que nos retornan 5 euros por cada uno que invirtamos en su conservación.

Una conservación que pasa por dejar de utilizarlos como vertedero de nuestras basuras, y de nuestros plásticos que se acumulan en los fondos marinos durante siglos sin degradarse y amenazando la biodiversidad de la que parece depender nuestro sustento, un sustento, los peces que se libran de padecer la enfermedad de coronavirus, vamos que no necesitan mascarillas que cada vez más flotan y contaminan más nuestro litoral.

Un litoral maltratado por la naturaleza en forma de Danas y temporales y por la acumulación de nitratos procedentes en su mayor parte de la actividad agraria del Campo de Cartagena que tienen amenazada de muerte a la laguna salada más grande de Europa ese Mar Menor que agoniza bañado en agua dulce y para el que se trabaja en una solución que o saque de la UVI.

Una solución que a ser posible no sacrifique al único sector que, ahora que el turismo no despega, genera riqueza en la Región de Murcia y la convierte en la huerta de Europa.

Y no dejamos de hablar del mar y del océano porque la economía azul se ha convertido en una fuente de energía renovable, energía que en España será el 74% de la electricidad en 2030 y el 100% antes de 2050 según el decreto ley con el que el Gobierno pretende revolucionar el sector de las energías renovables y que esta semana lograba el respaldo del Congreso de los Diputados.

Una institución que daba el primer espaldarazo a la Ley de Cambio Climático al rechazar la enmienda a la totalidad que pesaba sobre ella y que, una vez rechazada, permite iniciar un debate entre todos los grupos para mejorarla en lo posible y hacer de España un país más verde y sostenible.

La ley redactada por el equipo de la vicepresidenta cuarta de Transición Ecológica y Reto DemográficoTeresa Ribera, establece que España debe alcanzar la neutralidad climática de aquí a 2050, y que para entonces, el sistema eléctrico habrá de ser cien por cien renovable. Además, el proyecto legislativo marca una senda con pasos intermedios, como alcanzar en 2030 una rebaja de las emisiones de dióxido de carbono (CO2) del 20% respecto a 1990.

Pero siendo el Diario del Agua repasar la semana nos obliga a no perder de vista el clima, la canícula que nos deja temperatura elevadísimas y tremendas tormentas de agua y granizo repartidas por la península que han dejado torrenteras y destrozos en cultivos tan destacados como la uva o las frutas de hueso.

Y masas de agua cada vez más protegidas, especialmente la de los tres humedades de importancia internacional que estos días lograban medidas extraordinarias de control y vigilancia de los usos asociados a los acuíferos.



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