Algunos piensan en las elecciones. ¿Alguien piensa en los españoles?

Algunos piensan en las elecciones. ¿Alguien piensa en los españoles?

Algunos piensan en las elecciones. ¿Alguien piensa en los españoles?

Tanto el acuerdo con Bildu, apadrinado por Podemos, como las manifestaciones de Vox, pretenden dinamitar la posibilidad de moderación en la gobernanza. Se trata de generar trincheras. Necesitamos lo contrario: consenso y moderación



LA HISTORIA

Con las dos grandes ciudades españolas en Fase 1, la normalización empieza a tomar carta de naturaleza. A pesar de la falta de objetividad y transparencia del proceso, la constatación del hecho en sí debiera ser una noticia relevante, por cuanto anuncia el inicio de la recuperación económica y genera la esperanza de que, a pesar de la improvisación de medidas en casi todos los sectores y la dudosa adecuación a la realidad de los mismos, la práctica aflore datos para ir corrigiendo el tiro lo antes posible, y que la recuperación de la actividad y el empleo sea más rápida de lo que anuncian los expertos.

Lamentablemente la firma por parte del gobierno del acuerdo con Bildu contra el empleo y el rigor económico, por un lado, y la festiva manifestación de Vox -atento siempre a echarle un capote al gobierno- por otro, arrojan las habituales cortinas de humo sobre lo que de verdad importa.

¿EN QUÉ SE PARECEN AMBOS HECHOS?

Tanto el acuerdo con Bildu, apadrinado por Podemos, como las manifestaciones de Vox, pretenden dinamitar la posibilidad de moderación en la gobernanza. A ambos les interesa descalificar a Ciudadanos e incluso al PNV como interlocutores del gobierno, aparentemente por motivos antagónicos, pero que en realidad son los mismos: la necesidad de generar trincheras, un “ellos” contra “nosotros”.

El mecanismo populista funciona igual a derecha o izquierda: creación de enemigos y polarización, rechazo del análisis racional, o sea centrarse en la eficacia y eficiencia en la gestión, en la búsqueda de soluciones, para imponer en su lugar una lógica de emocionalidad irracional donde nadie pueda medir el beneficio de los ciudadanos sino la adhesión incondicional a la causa, tan querida por el franquismo o el castrismo. Trump no hace otra cosa. Por supuesto que Maduro tampoco.

¿EN QUÉ ESTÁN PENSANDO?

Pues en lo contrario de lo que deberían. La propia Comisión para la Reconstrucción es un paripé para lucimiento de la clac podemita, que el PSOE, equivocadamente, hace suya. Asociaciones que recitan los sermones habituales sobre la bondad de lo estatal y la perversión de las empresas, que no se sabe qué pintan en una comisión que debiera ser operativa para ayudar a crear empleo y riqueza, y que amenaza, como ya hemos dicho, con convertirse en una pasarela dedicada a los medios.

La desesperanza en un gran acuerdo constructivo lo llena todo, después de que la ministra de Economía tuviera que salvar in extremis la destrucción de la mejor herramienta que tenemos para fomentar el empleo: la reforma laboral. Perpetrada además a espaldas de trabajadores y empresarios.

Mientras España se arruina y muchos españoles sufren, hay políticos que están pensando en las próximas elecciones. ¿Generales? No aún, en el País Vasco. ¿Alguien está pensando en gobernar con Bildu?



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