Dos muertos, basura y un puñado de mentiras - EL ÁGORA DIARIO

Dos muertos, basura y un puñado de mentiras

Dos muertos, basura y un puñado de mentiras

La tragedia ocurrida en Zaldibar ha destapado el descontrol en la gestión de residuos en España, una situación provocada por la desidia de sucesivas administraciones que han preferido mirar hacia otro lado. El cúmulo de errores en la gestión de esta crisis pone de manifiesto el desconocimiento sobre esta problemática, clave en el reto de la sostenibilidad



LA HISTORIA

Un vertedero de residuos no urbanos en Zaldibar se derrumba sobre la autopista AP-8 mata a dos trabajadores y provoca una crisis ambiental.

¿SE PODÍA HABER EVITADO LA TRAGEDIA?

Más allá del anacronismo que supone el uso de un vertedero como forma de no-tratamiento de residuos, y que él de Zaldibar está situado, de forma muy poco recomendable, en una ladera, resulta que el Gobierno vasco tenía desde el verano pasado informes propios sobre la mesa que alertaban de la inestabilidad del vertedero.

Sin duda el gobierno vasco actuó con negligencia tras conocer los riesgos y después ha intentado ocultarlo.

Han tenido que morir dos personas para que el debate de la (falta de) gestión de residuos salte a la palestra e incluso centre la precampaña electoral vasca. Un drama que da la medida de la política nacional en los últimos tiempos.

¿PERO QUÉ HAN HECHO?

Lo primero, ponerse nerviosos porque hay elecciones en el País Vasco. La rapidez del Gobierno vasco para actuar -sin esperar a repartir culpas o cargar los muertos a la empresa que gestiona el vertedero- tenía más de precipitación para ocultar la negligencia previa que de eficacia. En la práctica ha provocado tal cúmulo de errores que el propio presidente vasco, Iñigo Urkullu, ha tenido que salir a pedir perdón.

Las contradicciones en los mensajes a la población, mezclando alarmismo sobre la contaminación del aire o el agua con palabras tranquilizadoras sobre la inexistencia de riesgos para la salud, pone de manifiesto la ignorancia sobre la realidad del vertedero.

Que el Gobierno vasco no supiera que había amianto -y no un poco, sino nada más y nada menos que 9.780 toneladas de ese material tóxico- en el vertedero y no se diera cuenta hasta varias horas después de empezar el rescate, es ciertamente grave. Y revela un problema más profundo: el descontrol en la gestión de residuos en España.

¿PERO TODAVÍA HAY VERTEDEROS?

Más de la mitad de los residuos que se producen en España acaban en vertederos sin ser tratados de ninguna forma, una cifra que nos aleja de las recomendaciones de la UE y nos devuelve al Spain is different…incluido el País Vasco.

Pero las multas de Bruselas parece que nos dan igual. Europa ya señaló la existencia de 88 vertederos ilegales en sentencias del TJUE en 2017 y 2018, un problema por el que se multó a España y que puede volver a traer complicaciones porque la administración nacional ni siquiera ha aceptado la cifra que nos recrimina la UE. De hecho, España solo reconoce 36 de esos recintos y asegura que todos han sido ya cerrados y sellados.

Faltan inspectores pero sobre todo falta un control real por parte de la administración de los efectos a medio y largo plazo de acumular la basura en agujeros que luego tapamos y a correr.

¿QUÉ PODEMOS HACER?

La incineración aparece como primer paso para eliminar vertederos de manera controlada y racional, pero su impopularidad -por motivos casi irracionales con las tecnologías actuales- limita la acción de unos políticos poco valientes y nada dados a buscar soluciones problemas electoralmente poco rentables.

A largo plazo hace falta una política de recogida selectiva y reciclaje para los residuos sólidos urbanos, y un tratamiento específico para los industriales y peligrosos.

NO OLVIDEMOS RÁPIDAMENTE

Los riesgos para la salud están ahí. Los vertederos, muchas veces saturados y en algunos casos incontrolados, pueden arder en cualquier momento y causar serios problemas respiratorios. Y todo esto sin hablar de la gran amenaza oculta: la lixiviación o filtración de compuestos químicos tóxicos al suelo a través del agua, una realidad agazapada que también ha descubierto el corrimiento de tierras en Zaldibar.

La desidia política por tratar un tema que no ven como prioritario tiene que acabar. Lamentablemente hace falta que ocurra una tragedia como esta para que el tema salte a los medios y la población tome conciencia.

Pero aún más importante es entender que Zaldibar solo es un síntoma de una enfermedad que en España amenaza con hacerse crónica: una gestión deficiente de los residuos.


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