El coronavirus fosiliza a las energías fósiles

El coronavirus fosiliza a las energías fósiles

El coronavirus fosiliza a las energías fósiles

La Agencia Internacional de la Energía señala en su último informe que la inversión descenderá este año un 20% debido al coronavirus. Los mercados están retirándose principalmente del carbón y el petróleo. Este bache se puede aprovechar para impulsar la transición a fuentes energéticas más limpias. Se necesitan normas claras y gobiernos dispuestos a tejer alianzas con los agentes del mercado



LA HISTORIA

Según la Agencia Internacional de Energía (IEA), en 2020 vamos a asistir a una caída sin precedentes en el consumo y en la inversión en el sector, según señala el World Energy Investment, su informe anual recién presentado.
La agencia predecía a comienzos de año un crecimiento mundial del 2% en 2020, pero el Covid-19 ha dado un vuelco radical a las previsiones: la caída estimada es del 20%, unos 400.000 millones de dólares que han dejado de invertirse debido al parón de actividad y el descenso del consumo provocado por el coronavirus.
En España hemos podido verlo con la caída del consumo eléctrico, que ha sido un 14% menor en el pasado mes de mayo y hasta un 30% inferior en los momentos más duros del estado de alarma. A nivel mundial el petróleo ha sufrido un crash de precios histórico, espoleado por la caída en picado de la demanda.

¿ESTO NO ES BUENO, VERDAD?

Pues depende. La energía es el marcador del metabolismo de la economía global. Y este bajón indica sin duda el grado de desaceleración de la actividad que hemos padecido por el coronavirus. Sin embargo, el tratamiento de choque al que el Covid-19 ha sometido al sector mundial puede tener efectos beneficiosos que se prolonguen por largo plazo. Uno de ellos es que ha acelerado de golpe la transición energética hacia fuentes más limpias que ya estaba en marcha. Hasta el punto de que algunos expertos afirman que hemos dado un salto de 10 años.

Según la IEA el coronavirus está acelerando ya el cierre por falta de rentabilidad de antiguas centrales eléctricas y refinerías alimentadas con combustibles fósiles. El efecto se nota sobre todo en las plantas que funcionan con carbón, petróleo o gas, que han sufrido cierres que afectan hasta un 5% de la producción mundial.

¿SERÁ TODO MÁS VERDE DESDE AHORA?

Sí, empieza serlo, lo estamos viendo. Pero no hay que alzar las campanas al vuelo demasiado deprisa. En el mundo de la energía y de los mercados no todo es negro, como el carbón, ni blanco, como la luz del sol. Nos encontramos ante un panorama de grises.

Por lo general, las tecnologías de reemplazo serán más más limpias y eficientes. Pero la IEA advierte del riesgo de que algunos gobiernos, sobre todo en países con menor capacidad económica, respondan a la pandemia continuando con su dependencia de tecnologías ineficientes y antiguas como el carbón. Para evitar este escenario, los responsables políticos deberían “combinar la recuperación económica con los objetivos energéticos y climáticos”, dice el organismo internacional.

HACEN FALTA NORMAS DE JUEGO CLARAS

Es fundamental un gran ejercicio de gobernanza para dirigir la transición energética hacia un panorama bajo en carbono que permita combatir el cambio climático y mantener la prosperidad humana. Este cambio no puede llevarse a cabo sin una interlocución abierta y la cooperación entre instituciones públicas y privadas para poner en marcha una agenda verde.

En España, por el momento, empiezan a darse los pasos adecuados. El Ministerio para la Transición Ecológica acaba de presentar el proyecto de Ley de Cambio Climático. Hemos tardado años, pero por fin el país tiene una hoja de ruta que envía señales claras a los mercados sobre hacia dónde dirigir la inversión. Es una senda que permite alinearse con el Green Deal de la UE y su apuesta por la innovación y que ayudará a generar una potente industria creadora de valor añadido y centrada en las renovables y el almacenamiento energético.La ministra Ribera ha sabido emplear dos herramientas esenciales. En primer lugar, el argumento técnico frente al dogma y la ideología. En segundo lugar, la capacidad de llegar a acuerdos con los grandes actores energéticos para pactar un plan de transición ordenada que les permita reposicionar sus negocios a largo plazo en la dirección correcta.

¿Y YO QUÉ PINTO EN TODO ESTO?

Pues mucho. Recuerde que las emisiones de gases de efecto invernadero son obra de todos, de usted también. Tendemos a pensar que el carbón y el petróleo lo gastan “las poderosas industrias”, y no nos damos cuenta de que somos nosotros cogiendo el bus o el coche, encendiendo la luz o calentando nuestro hogar los que hacemos el gasto.
Tomar conciencia de ello es el primer paso para dejar las pancartas y comportase como ciudadanos responsables, que insten a los gobernantes a tomar medidas acertadas en coordinación y cooperación con todos los agentes implicados.


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