La reincorporación: vamos a jugar a la ruleta rusa

La reincorporación: vamos a jugar a la ruleta rusa

La reincorporación: vamos a jugar a la ruleta rusa

El Gobierno ha decidido que las medidas de confinamiento pueden empezar a relajarse. La gestión de la crisis es una suma de precipitaciones. No prima la experiencia y la capacidad ejecutiva, sino la afinidad política. Ha faltado eficacia para parar la emergencia sanitaria y se necesita reflexión sobre cómo proteger la economía



LA HISTORIA

Nos hubiera gustado hablar hoy de los necesarios pactos que desde aquí fuimos los primeros en reclamar, pero una vez más lo urgente se lleva por delante lo importante.

Lunes día 13 (mal día) de abril, el gobierno ha decidido que las medidas de confinamiento pueden empezar a relajarse. Porque ha disminuido el número de muertos y… porque las medidas adoptadas -que cargan el muerto sobre trabajadores (que no están cobrando el paro), empresas (que pagan los permisos remunerados, que no facturan y que sí tienen que pagar los impuestos) y autónomos (a los que evidentemente se les tendría que haber dado un trato mucho más diferencial del que se les ha dado)- comprometen poco al Gobierno y mucho a los actores de la economía real, a los que se ha puesto al borde del abismo. Y no por el confinamiento, que era necesario, sino por la falta de reflexión paralela sobre cómo proteger la economía, y por no actuar con la contundencia, eficacia y eficiencia necesarias en el ámbito sanitario para poder acotar la crisis lo antes posible.

PERO ESO QUIERE DECIR QUE YA ESTAMOS EN EL BUEN CAMINO ¿NO?, HAY MENOS MUERTOS

Lo que ocurre es que el porcentaje de muertos sobre los contagiados confirmados, el 10%, nos indica a las claras que el número de contagiados reales es cinco veces mayor, es decir, que en realidad no hay menos de 800.000 contagiados en España, dispuestos a salir a trabajar, y que la inmensa mayoría de los cuales ni sospecha que es portador del virus.

¿PERO POR QUÉ VA A HABER TANTOS CONTAGIADOS?

Le cuento. A pesar de la aparente dispersión de las tasas de mortalidad entre países, en realidad no es tal. Lo que de verdad varía es el empeño y pericia que cada uno ha demostrado en identificar a los contagiados. En este sentido solo dos países hicieron lo que debían desde el principio, hacer tests de forma masiva y seguir las huellas de los contagiados: Corea y Alemania. Esos son los dos únicos países con datos realmente fiables.
En Corea la mortandad es del orden del 2% de los contagiados y en Alemania, del orden del 2,4%. Eso daría para España una horquilla de entre 700.000 y 800.000 contagiados… si no fuera porque sin duda hay muchos fallecidos por coronavirus que no están oficialmente contabilizados por distintos y discutibles motivos. Por ello probablemente la cifra real de contagiados esté en el entorno del millón de personas, por lo menos.

PERO ALGÚN DÍA HABRÁ QUE VOLVER A TRABAJAR

Pero no a costa de otro repunte de la tragedias familiares y personales que suponen cada uno de los fallecimientos, porque dadas las condiciones en que se va a producir la vuelta, el rebrote en las grandes ciudades es un riesgo más que probable. Porque, por ejemplo, resulta que los únicos robots para la interpretación masiva de tests los han aportado una iniciativa particular de cinco profesionales premium, que inmediatamente han encontrado la ayuda desinteresada de todas las empresas que han necesitado, según informaba El Confidencial. Y sin robots como esos es impensable una campaña masiva con resultados en el mismo día.
Porque la única solución para una reincorporación responsable sería la realización de tests a todos los que fueran volviendo al trabajo, de forma escalonada, y obteniendo resultados rápidos como permiten los robots (que están disponibles en el mercado). Claro que para eso deberían haber acumulado algunos millones de tests, haber planificado una sofisticada logística para hacer efectivas las pruebas, pensando como unidad de acción cada centro de trabajo, y la necesidad de pasar el test para la reincorporación.
Dados los antecedentes, y a despecho del patético triunfalismo del presidente en televisión, o de las increíbles declaraciones de la ministra de asuntos exteriores a la BBC, según las cuales, en ambos casos, vivimos en el mejor de los mundos posibles, la ejecución de un plan como el descrito por el actual gobierno se prolongaría durante meses, hasta el estrangulamiento de nuestra economía, por lo que no les queda otro remedio que jugar a la ruleta rusa… pero con nuestra cabeza.

¿Y POR QUÉ LO ESTAMOS HACIENDO TAN MAL?

Pues porque evidentemente no se ha primado la experiencia y la capacidad ejecutiva, sino la afinidad política y casi la proximidad física, en una suerte de adanismo naïf, cuando la gravedad y complejidad de los problemas a resolver precisaban de las mejores cabezas y los más capaces e imaginativos técnicos, logísticos, ejecutivas, y profesionales en general.
Los resultados comparados entre la iniciativa del Ministerio de Sanidad, con todo el mandato político y el Tesoro Público, y las que espontáneamente, pero perfectamente pensadas y orquestadas , han llevado a cabo profesionales y empresas, no dejan ni el más mínimo rastro de duda de que las cosas podían haberse hecho de otra manera.
Básicamente de forma más profesional. Y aquí la diferencia de saldo en la cuenta de resultados no se mide en millones de euros.
Ojalá esta nueva improvisación no sea la crónica de muchas muertes anunciadas. Preferiríamos equivocarnos que tener que escribir “Confusión y Lágrimas” como epitafio del gobierno.

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