Libertad individual o seguridad, la tentación del coronavirus

Tentaciones

Tentaciones

Las medidas para el control de la epidemia de coronavirus llevan a elegir entre la libertad individual y la seguridad. Siempre cabe el peligro de que el poder cometa excesos en la interpretación de las prerrogativas que el estado de alarma concede



LA HISTORIA

 En todo el mundo aparecen voces alertando del peligro de una regresión de las libertades a causa de la gestión de la crisis del coronavirus. El descubrimiento del placer oscuro que producen los poderes (políticos y ejecutivos) extraordinarios, unido al estúpido prestigio que las medidas impuestas en China manu militari han recuperado para la gobernanza autoritaria, hace flotar en el ambiente del planeta que, con la excusa de la seguridad, como siempre, la libertad va a salir con secuelas de la cuarentena.

¿DE VERDAD PODRÍA OCURRIR ESO?

Los gobernantes, incluso en las democracias, suelen tener la tentación de pensar “por qué no eternizarse en el poder, si el pueblo lo quiere”, siempre democráticamente. Inmediatamente, todos los que legítimamente les disputan el poder pasan a la categoría de enemigos del pueblo, sus críticas se convierten en obstáculos al buen gobierno y, al cabo, su mera existencia deviene en anomalía contra el bien común, en una mutación de los intereses personales en razón de estado. Por eso es tan saludable la limitación legal de mandatos.

NORMALMENTE NO PASA DE UNA TENTACIÓN

Normalmente. Pero estamos en un estado de alarma, y casi todos los gobiernos se han dotado, legítimamente, de poderes extraordinarios. La situación es dura y difícil. Los errores tienen efectos más devastadores que de costumbre. Cuando ocurren, las críticas son feroces. La tentación de acallarlas crece. El estado de alarma da herramientas y justificaciones. La idea de que la mala suerte de tener que lidiar con una crisis brutal y sobrevenida puede acortar su estancia en el poder puede ser el empujón último para actuar con impropiedad. Eso, desde una cierta ingenuidad, porque hay otros que están esperando una situación de emergencia como esta, como el momento en el que manifestar sus auténticas intenciones políticas.

EN ESPAÑA NO ESTÁ PASANDO ¿O SÍ?

En España no está pasando. De momento. Aunque la última encuesta del CIS con preguntas algo más que capciosas, parecía buscar coartada para que el gobierno pueda limitar la libertad de información y de expresión. Pero el riesgo, incluso mayor que lo que apuntan las impropias preguntas del CIS -las cuales podrían entenderse a medio camino entre el desatino y el globo sonda– son las medidas que, con la apariencia de necesarias por la emergencia, resulten excesos que condicionen el futuro de manera difícil de revertir. La misma falta de control parlamentario real es un peligro.
Y hoy tiene lugar la esperada reunión del presidente y el jefe de la oposición para sondear un posible acuerdo de reconstrucción nacional. El clima no es el mejor. El PSOE que llevó a España hasta Europa y la modernidad desde la antigua madriguera franquista no tendría problema en llegar a acuerdos importantes. Pero el de hoy tiene socios complicados.
Esperemos que unos y otros piensen en los españoles antes que en ninguna otra cosa.


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