¡Viva la Sociedad Civil!

¡Viva la Sociedad Civil!

¡Viva la Sociedad Civil!

Es tiempo de un contrato social realista, de confluencia  de trabajadores, autónomos, empresas y todos los miembros de la sociedad real que se esfuerzan y crean valor. Es tiempo de dar un salto hacia delante. Es tiempo para la sociedad civil, donde estamos todos, no los vendedores de humo



LA HISTORIA

Del sábado al domingo murieron (oficialmente) “sólo” 143 personas por el coronavirus. ¿Una buena noticia? No, 143 malas noticias, 143 tragedias familiares, 143 soledades contra las que hubiese luchado Antígona. Un número que remite a una fecha de marzo para encontrarla buena, y para que los políticos planeen el siguiente movimiento en su mesa de ajedrez.
Políticos. Nada que ver con usted o con cualquiera de nosotros.

DA IGUAL, SON NUESTROS POLÍTICOS ¿O NO?

Veamos.
Arrimadas vota con sentido común lo menos malo, pues, aunque mal gestionado, el estado sigue siendo de alarma. Pero, al mismo tiempo, Aguado, su hombre en la Comunidad de Madrid, busca un lugar bajo el sol de Ayuso y promueve un improbable paso a la Fase 1, que obviamente, es negado con gran regocijo, y sin grandes problemas para su justificación por el gobierno.

En Andalucía el castigo es más difícil de justificar, aunque nadie dudaba que iba a tocar la pedrea. Sin embargo, Ximo Puig pregunta cariacontecido que qué ha hecho él para merecer esto. Por otro lado, Urkullu pone cara de que él sí sabe qué ha hecho para merecer su premio.Mientras tanto, en Cataluña, Torra y Junqueras, por una vez extrañamente de acuerdo, van a lo suyo que, por supuesto, no es lo mejor ni para España ni para los catalanes.

Y dejamos en el tintero a los dueños de la baraja. Estos son los políticos que tenemos, ciertamente pero, ¿son ‘nuestros’?

CON LA QUE ESTÁ CAYENDO, ¡YA ME DIRÁ!

Lo que hay que decir es que lo que mueve de verdad el país no son los políticos quienes, como dijo Buchanan, el premio Nobel de economía, tienen sus propios intereses, como cualquiera, sólo que esos intereses están muy lejos de ser los de la mayoría de los ciudadanos.

Lo que realmente mueve el país son sus trabajadores, sus empresarios y sus autónomos (que son una mezcla de los dos primeros). Son ellos quienes producen, organizan, arriesgan y luchan, para crear riqueza real, para añadir valor a nuestra sociedad. Y muchos funcionarios, quienes, desde una posición menos insegura y desde sus propios intereses, también aportan valor, y con frecuencia, mucho.

Son todos ellos quienes se han puesto inmediatamente de acuerdo sobre qué hacer ante el desastre que se nos viene encima, entendiendo que ahora sus intereses son los mismos. Grandes empresas que han demostrado lo que es la eficacia y el compromiso en situación de emergencia, esas tiendas que están reinventándose para volver a vendernos ropa, con la indispensable seguridad sanitaria. Los bares, que intentarán no cerrar. Las funerarias -las que los populistas no cerraron- que no dan abasto y que intentan consolar lo inconsolable. Las peluquerías, también reinventándose entre mascarillas y sin distancia de seguridad. Y tantos jóvenes que se preguntan cómo pagar el alquiler ahora que se han quedado sin trabajo, y que no quieren convertirse en jubilados crónicos sino volver a trabajar.Y qué decir de los sanitarios que se han dejado la vida y el alma en este drama. Dan ganas de abrazarlos a todos, ahora que no se puede, mientras los vemos devanarse los sesos inventando cómo hacer su trabajo, salir adelante, y no morir por coronavirus en el intento.

Entonces, no podemos menos que acordarnos de la pandilla de indeseables que se pasan el día insultando a empresas, empresarios, y a cualquier trabajador que no quiera ingresar en su categoría de pueblo, categoría siempre única, y fuera de la cual sólo existen la vituperación y el acoso.

Es tiempo de un contrato social realista, donde no hay lugar para los vendedores de humo y paraísos. Es tiempo para la confluencia y el esfuerzo, no para la división y el enfrentamiento. Es tiempo de dar un salto hacia delante. Es tiempo para la sociedad civil, donde sí que estamos todos.
¡Viva La Sociedad Civil!


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