Cuatro berreas - EL ÁGORA DIARIO

Cuatro berreas

Por Carlos de Hita

Con el final del verano y las primeras lluvias los ciervos comienzan su época de celo y los montes se llenan del sonido de sus bramidos. En su columna para El Ágora, el naturalista Carlos de Hita nos trae el sonido de la berrea y captura el ambiente silvestre de distintos paisajes marcados por el agua, desde las marismas del sur a los bosques cantábricos de lluvias y nieblas prendidas en los árboles

 

La berrea de los ciervos no suena igual en todos los sitios. Los animales ponen la voz, y  los paisajes, la acústica.

Montañas cantábricas

El retumbo del trueno contra el bramido de los venados. En las montañas del norte, donde la densidad natural de los ciervos es baja, las voces llegan espaciadas, resuenan con fuerza desde el fondo de los valles. No es fácil ver rebaños de hembras, la mayoría de las veces los gritos parecen preguntas sin respuesta, con sus ecos flotando unos instantes por las laderas. Rara vez hay enfrentamientos entre machos. Es, sin duda, la berrea más agreste.

Lagunas fluviales

Mucho más bronca, más grave, es la voz de unos ciervos de origen centroeuropeo, de mayor tamaño que los ibéricos, que pastan y chapotean en las aguas someras de una laguna fluvial. Introducidos artificialmente, estos afortunados ni siquiera han tenido que esperar a que las lluvias  de otoño hagan brotar la primera hierba para empezar con sus discusiones. Una suave llovizna agita la lámina de agua y de fondo se escucha un sonido insólito, el trompeteo acuático de las fochas mezclado con las voces del monte.

Serranías

Sin pausa. El estruendo es denso como el monte del que acaban de salir a escena. Pasado el crepúsculo, la hora de mayor actividad, los berridos rellenan todo el horizonte sonoro. Tan intenso es el griterío que cuesta contar el número de participantes. Al menos seis braman en primer término, a unos 50 metros de distancia. Por detrás, no menos de 20. Impresionante, ciertamente, pero lo que escuchamos no es un concierto del todo natural. En estas sierras, dedicadas sobre todo a la caza mayor, los rebaños están sobredimensionados, protegidos y bien alimentados. “Reses” se los denomina en el habla cinegética.

Marismas

En estas fechas, y por muchas tormentas que las rieguen, en las marismas sólo queda algo de agua en las veras, las estrechas franjas verdes que separan la tierra seca de las zonas inundables. Y aquí, donde brota algo de pasto fresco, acuden por la noche los ciervos. Entonces su bramidos trazan un arco que cubre todo el horizonte. Unos cerca, otros algo más lejos, todos ellos acaban agotados de tanto lanzar desafíos. Las voluntades no flaquean, pero las voces empiezan a resentirse.

Estos episodios de berrea están hechos con grabaciones realizadas en diferentes puntos. El oyente experimentado quizá reconozca el eco de los valles de Redes, los chapoteos de la laguna de Salburua, las altas densidades de las serranías de las Villuercas o los sonidos que se pierden en la inmensidad de las marismas del Guadalquivir.



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