Diario sonoro de un encierro - EL ÁGORA DIARIO

Diario sonoro de un encierro

Por Carlos de Hita

En esta semana de cuarentena, el naturalista Carlos de Hita nos regala unos sonidos muy peculiares, los sonidos desde su ventana. Un calendario sonoro de unos días muy difíciles para todos.

Este es el calendario sonoro de unos días muy difíciles, cuando un muro se ha interpuesto entre la mayoría de las personas y el aire libre. Y ya que yo tengo la suerte de vivir en un lugar donde aún se pueden oír las voces del campo, he decidido seguir grabándolas por si alguien encuentra algo de alivio con su escucha. Permítanme, pues, que les abra mi ventana.

Estos registros han sido hechas en un territorio muy pequeño, en el borde del bosque y los prados que limitan el lugar en donde vivo, en el valle de Valsaín, en la cara norte de la sierra de Guadarrama. La única excepción fue hace ya dos semanas, el sábado 14 por la mañana, horas antes de que se decretara el cierre, cuando a modo de despedida me dirigí a la explanada del Medio Punto, el acceso a los jardines de La Granja. Casi todas son el resumen en unos pocos segundos de largos registros, presenciales o con un equipo automático de grabación.

Sábado, 14 de marzo
De buena mañana en la explanada del Medio Punto. El reloj de la torre da la hora mientras las cigüeñas crotoran en los cedros, silban los mirlos, arrullan las palomas y los parloteos de los verdecillos se enredan en espesas marañas.

Lunes, 16 de marzo
Cambio de tiempo. Las nubes se agarran a las cumbres de la sierra y una tormenta rueda ladera abajo. El retumbo del trueno escapa de los confines de cualquier encierro.

Martes, 17 de marzo
Vuelve el invierno por unas horas. Toda la noche ha estado nevando pero las aves forestales, que ya estaban lanzadas, no dejan de cantar y el aire tibio hace que la nieve acumulada en las copas caiga con estrépito en pequeñas avalanchas.

Miércoles, 18 de marzo
Noche de búhos. Dos cárabos dialogan en la distancia y entre ambos un corzo escapa con sus ladridos broncos. Se acerca el alba en las profundidades de los bosques de Valsaín.

Jueves, 19 de marzo
El alba es un concierto en el que la voz cantante la llevan los mirlos.

Viernes, 20 de marzo
En este comienzo de la primavera los anfibios actúan como termómetros sonoros. En la noche tibia, un sapo corredor se anima. Más allá, entre la hierba húmeda, otros le siguen. Y desde una charca a lo lejos, en el fondo del bosque, emerge la ronca señal que indica que la buena estación ha venido para quedarse.

Lunes, 23 de marzo
El día ha amanecido fresco y con nubes. Aún así los pájaros del bosque cantan con ganas. Las frases rítmicas, a compás, de los carboneros garrapinos hacen más llevadero el paso del tiempo.

Martes, 24 de marzo
Durante toda la noche el viento ha soplado con fuerza y por momentos el bosque crujía como un navío en una tempestad. A ratos, los corzos que asomaban a los claros del bosque ladraban sin motivo aparente.

Jueves y viernes, 26 y 27 de marzo
Sin tráfico, sin aviones, las llamadas de las aves se propagan sin interrupción por la atmósfera limpia del bosque. De buena mañana, el sol ilumina solo las copas, la atmósfera está tibia. Y a medida que sube la luz, sube también el concierto de las aves.
Canta un pinzón vulgar y le da la réplica un agateador común, que gatea por el tronco del pino que utiliza un pico picapinos como instrumento.


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