El agua límpida - EL ÁGORA DIARIO

El agua límpida

Por Fernando Fueyo y Bernabé Moya

Charles Darwin elaboró su teoría de la evolución tras décadas de observación del mundo natural. El botánico Bernabé Moya glosa en este artículo el interés del científico británico por los ecosistemas acuáticos y recoge algunos de sus escritos sobre la dispersión de especies entre zonas húmedas distantes geográficamente. Una delicada ilustración de Fernando Fueyo que ilumina unos guijarros bañados por el agua completan esta entrega de la serie Del Natural que los dos divulgadores ambientales elaboran para El Ágora

 “Walden es un espejo perfecto del bosque, engarzado con piedras tan preciosas a mis ojos como si fueran escasas o de gran precio. Quizá no haya nada tan bello, tan puro, y al mismo tiempo tan vasto como un lago, en toda la superficie de la Tierra. Agua del cielo”

Henry David Thoreau (1817 – 1862).

Charles Robert Darwin no fue el primero. Ni de la clase -su rendimiento académico era poco brillante-, ni en plantear la idea de la evolución biológica de los seres vivos, junto al naturalista y explorador Alfred Russel Wallace. Se le habían adelantado, entre otros, Anaximandro de Mileto – uno de los primeros filósofos-científicos de la antigua Grecia –, quien partiendo de una atenta observación de los fenómenos naturales concluyó: que los primeros animales nacieron del agua y del limo, que con el discurrir del tiempo pasaron a colonizar la tierra, y que los humanos descendíamos de los peces. Y también, su abuelo paterno y prestigioso médico, Erasmus Darwin -quien en 1794 publicó el tratado Zoonomía o las leyes de la vida orgánica-, partidario de considerar que los organismos podían sufrir modificaciones y de esta forma generar nuevas especies.

Darwin únicamente llevó a cabo un viaje de exploración a lo largo de su vida, el del Beagle. Pero nunca dejo de estudiar, observar y experimentar en su casa, ni de intercambiar ideas y correspondencia con todo aquel naturalista, científico o campesino que tuviera algo que aportar al conocimiento del mundo natural.

Acumuló tal cantidad de datos, evidencias y pruebas que la teoría de la evolución por medio de la selección natural ha acabado por convertirse en la sólida piedra fundacional de la biología moderna, que nos permite en la actualidad comprender e interpretar la naturaleza y sus relaciones.

En la obra El Origen de las Especies por medio de la selección natural, Darwin trata de dar respuesta al enigma de cómo y porqué muchas de las especies de animales y plantas de agua dulce tienen una distribución geográfica muy amplia. Siendo que se encuentran separadas por enormes distancias y barreras infranqueables, como cadenas montañosas inexpugnables y océanos inmensos: “Al principio de mis recolecciones en las aguas dulces de Brasil, recuerdo muy bien que quedé muy sorprendido por la semejanza de los insectos, moluscos, etc., de agua dulce, y la diferencia de los seres terrestres de alrededor, comparados con los de Inglaterra”.

El admirado viajero, gran observador de la naturaleza y sus fenómenos, empieza valorando las imprescindibles y “utilísimas” adaptaciones que necesitan los organismos para sobrevivir en un medio tan exigente como el agua dulce. Especialmente si tenemos en cuenta la escasez de nutrientes, como es el caso de los lagos recién emergidos en mitad del océano en forma de atolones o de los manantiales, lagunas y arroyos más prístinos. La cuestión es ¿Cómo consiguen superar esas distancias? para las que sería apropiado apelar al calificativo de viajes extraordinarios.

“Contando con el tiempo a su favor, el motor de la evolución acaba por llenar de vida cualquier rincón del planeta”

Señala que a un lado y a otro de algunas de las cordilleras más altas y extensas de la Tierra -que son continuas y en principio no ofrecen conexión entre los sistemas fluviales-, existen especies similares de agua dulce. Argumenta que los peces, moluscos y especies afines que pertenecen a formas antiquísimas, y que en consecuencia descenderían de un tronco evolutivo común, habrían asistido en primera fila a los grandes cambios geográficos, y dispondrían de “tiempo y medios para muchas migraciones”. No encuentra grandes dificultades en aquellas especies que habitan en zonas de marjales litorales, áreas pantanosas y albuferas, puesto que pueden llevar a cabo la dispersión aprovechando las inundaciones en períodos de lluvia intensa.

Afirma, en apariencia de manera más sorpresiva, que otras especies de agua dulce pueden valerse de huracanes, ciclones, torbellinos y tornados, que él denomina “medios accidentales”, para ser succionados, transportados y dejados caer. Y que de esta forma pueden llover peces, ranas, huevos y otros tipos de fauna y flora a muchos kilómetros de distancia. Naturalmente, no ocurre siempre ni en todos los sitios. Las páginas de este periódico se hacían eco hace unas semanas de que este hecho tiene una sólida explicación científica. Presentando como evidencias: que sucede de forma recurrente en Yoro, una ciudad de Honduras; y también que hace unos pocos años los vecinos de un pueblo de Alicante, Rebolledo, vieron llover anfibios sobre sus cabezas.

“A lo largo de este delicioso y ameno relato científico, obra fundamental de la biología, se nos revela el Darwin más experimentador”

Darwin Se pregunta cómo es posible que algunas especies que han sido introducidas en otros países en tiempos recientes, bien sea de forma accidental o voluntaria, se hayan difundido tan rápidamente por todos los ríos y lagos de su territorio. Darwin revela que él mismo ha observado en dos ocasiones – “e indudablemente se descubrirán otras muchas”-, salir súbitamente patos volando de una charca cubierta de lentejas de agua llevando adheridas al dorso algunas de estas plantitas. Y que incluso él mismo, por accidente, tratando de trasladar unas pocas lentejas de agua de un acuario a otro, pobló también con moluscos de agua dulce el otro.

A lo largo de este delicioso y ameno relato científico, obra fundamental de la biología, se nos revela el Darwin más experimentador. Tras mantener suspendido el pie de un pato en un acuario, donde se desarrollaban muchos huevos de moluscos de agua dulce, observó como un gran número de los recién eclosionados se arrastraban por el pie del pato y se adherían a él tan fuertemente que, aun sacudiéndolo vigorosamente, no se desprendían, cuando de haber sido de edad más avanzada ellos mismos se hubieran dejado caer.

Aquellos moluscos neonatos, acuáticos por naturaleza, una vez sacados fuera del agua se comportaron así:  “Sobrevivieron en el pie del pato, en aire húmedo, entre 12 y 20 horas, y en ese espacio de tiempo un pato o una garza podría volar 600 o 700 millas y, si era arrastrado por encima del mar hasta una isla oceánica o hasta otro punto distante, se posaría seguramente en una charca o un riachuelo”.

“Darwin trata de dar respuesta al enigma de cómo y porqué muchas de las especies de animales y plantas de agua dulce tienen una distribución geográfica muy amplia”

También relata Darwin que el eminente geólogo Charles Lyell le ha informado de haber capturado un coleóptero acuático depredador que transportaba firmemente aferrados a su cuerpo dos pasajeros: un molusco de agua dulce y un escarabajo de otra especie. Él mismo refiere una anécdota acaecida en su viaje alrededor del mundo: “Un Colymbetes, cayó a bordo del Beagle cuando se encontraba éste a 45 millas de la costa más próxima: nadie puede decir hasta dónde podría haber sido arrastrado por un viento fuerte favorable”.

El biólogo continúa con los experimentos y pasa a tratar el tema de las plantas: “Tomé, en febrero, tres cucharadas grandes de barro en tres puntos diferentes de debajo del agua, junto a la orilla de una charca; este barro, después de seco, pesó seis onzas y tres cuartos; lo conservé tapado en mi cuarto de trabajo durante seis meses, arrancando y contando las plantas a medida que salían; estas plantas eran de muchas clases, y fueron en número de 537 y, sin embargo, todo el barro, húmedo, cabía en una taza”. Por lo que las semillas permanecen a la espera y en disposición de ser trasportadas en el barro adherido a las patas de las aves. Añade, además, que algunos huevos de animales pequeños de agua dulce pueden resistir largo tiempo en charcas secas hasta la llegada de la época de lluvias. Y por supuesto, señala que hay huevos de peces, y desde luego semillas, que pueden viajar en el estómago de las aves.

“Se pregunta cómo es posible que algunas especies que han sido introducidas en otros países en tiempos recientes se hayan difundido tan rápidamente por todos los ríos y lagos de su territorio”

Concluye Charles Robert Darwin, tras aportar infinidad de hechos, datos, apuntes y reflexiones propias, y de otros autores, que las aves de gran vuelo que visitan las aguas dulces serían las principales dispersoras tanto de semillas como de huevos de animales inferiores. Y también, que resulta mucho más probable que las plantas y animales de agua dulce llegadas de otras partes puedan instalarse en una laguna recién creada, que los propios organismos terrestres del lugar.

Contando con el tiempo a su favor, el considerado motor de la evolución acaba por llenar de vida cualquier rincón del planeta, aun los más inaccesibles, transparentes y límpidos, organizando viajes de ensueño. Cómo el del Beagle.



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