Entre el agua y el desierto, el Museo Nacional de Qatar - EL ÁGORA DIARIO

Entre el agua y el desierto, el Museo Nacional de Qatar

Por Julián H. Miranda

El Museo Nacional de Qatar, levantado por Jean Nouvel en Doha, es un referente por su singular arquitectura, inspirada en las formas fractales de las rosas del desierto, y por su  propuesta museográfica, que conjuga ciencias naturales, historia y cultura empleando todo tipo de formatos actualizados. Levantado entre el desierto y el mar, ensalza esa conjunción entre los pliegues de las arenas y el anhelo del agua que se da en la costa arábiga

Hace poco más de un mes estuve nuevamente en Doha, capital de Qatar, con motivo de la Cumbre Mundial para la Innovación en Educación 2019, y por fin pude ver el Museo Nacional de Qatar emergiendo de un desierto fascinante  que se ha aventurado hasta el mar arábigo. Diseñado por el gran arquitecto francés Jean Nouvel (1945), tanto sus formas exteriores como sus contenidos, el edificio es un reflejo de esa conjunción entre los pliegues de las arenas del desierto y el anhelo del agua.

Como escribió Saint-Exupéry en Tierra de los hombres: “Agua, tú no tienes ni sabor, ni color, ni aroma, no se te puede definir, se te saborea sin conocerte. No eres necesaria para la vida, eres la vida… Eres la riqueza más grande del mundo, y también eres la más delicada, tú, tan pura en el vientre de la tierra”.

Vista aérea del nuevo Museo Nacional de Qatar diseñado por el estudio de Jean Nouvel. | Foto: Iwan Baan

Nouvel, Premio Pritzker en 2008, es autor de emblemáticos edificios en París como el Instituto del Mundo Árabe, la Fundación Cartier y el Museo Quai Branly, y también de obras en nuestro país como la ampliación del Museo Reina Sofía en Madrid y la torre Agbar de Barcelona. En el caso de Doha, ha diseñado un museo como lugar de experiencia que aúna la tradición y el espíritu de modernidad de un país que declaró su independencia en 1972, aunque posee una rica cultura de los pueblos que se asentaron en  la costa como puertos de escala para la vida nómada en estas tierras silenciosas.

El Museo Nacional de Qatar abraza como su núcleo central el restaurado palacio histórico del jeque Abdullah bin Jassin Al Thani (1880-1957), hijo del fundador de la moderna Qatar y que fue sede de la Familia Real y del Gobierno. En torno a él, Nouvel se inspiró en la rosa del desierto, una formación similar a una flor que crece en la región del Golfo Pérsico cuando los minerales de yeso cristalizan. Para el arquitecto francés es una estructura arquitectónica que la naturaleza misma crea, a través del viento, el rocío del mar y la arena que actúan juntas durante milenios. “Es sorprendentemente complejo y poético”, afirma.

Vista del palacio histórico de Sheikh Abdullah bin Jassim recientemente restaurado con el nuevo Museo Nacional de Qatar diseñado por el estudio de Jean Nouvel. | Foto: Iwan Baan

La rosa del desierto se convirtió en el modelo de una compleja estructura, a través de grandes discos entrelazados de diferentes diámetros y curvaturas, alternando soportes verticales con otros horizontales, que en ocasiones descansan sobre otros discos, hasta rodear al Palacio Real como si fueran un collar. Llama la atención observar cómo dicha conjunción genera una singular variedad de volúmenes irregulares junto a las aguas del mar. El color arena armoniza con el ambiente del desierto, pero no sólo es algo estético, sino que esos discos en voladizo proporcionan sombras naturales por lo que ha recibido la certificación LEED Gold y una calificación de sostenibilidad de cuatro estrellas del Sistema de Sostenibilidad Global. Un edificio muy eficiente cuya piel ha sido reforzada con fibra de vidrio de color beige arenoso, lo que garantiza una temperatura adecuada en un país muy caluroso.

El edificio tiene 350 metros de largo y sus galerías más de 1,5 kilómetros que ofrecen una ruta única por lugares y épocas de la historia de Qatar. El Museo se completa con un parque de 112.000 metros, de cuidado entorno paisajístico, donde no falta una laguna artificial de 900 metros, amplios jardines diseñados por el paisajista Michel Desvignes, que ha tenido en cuenta las especies autóctonas, desde la palmera datilera a las grandes sidras o azufaifos (Ziziphus spina-christi) uno de los árboles locales en Qatar. Y junto a ellas, una variedad de la flora del desierto: arbustos, hierbas y pastos para el ganado. Resulta muy grato salir y disfrutar de un paseo a la orilla del mar.

El nuevo Museo Nacional de Qatar diseñado por el taller de Jean Nouvel con ALHA (2019) por Jean-Michel Othoniel. | Foto: Estudio Othoniel/Martin Argyroglo

Tanto en el exterior como en el interior los equipos interdisciplinares dirigidos por Jean Nouvel querían evocar la larga historia de Qatar en tres períodos diferentes: la historia de la península y de sus habitantes; la exploración por las formas de vida en la costa y en el desierto, junto a la industria de las perlas; y por último, el rápido crecimiento económico y prosperidad de un reino en la segunda mitad del siglo XX y primeras décadas del actual, gracias primero al petróleo y luego al descubrimiento del gas, lo que ha conllevado ser referente en educación, deporte, tecnología energética y nuevas comunicaciones.

Esos tres capítulos principales: Principios, La vida en Qatar y La historia moderna de Qatar se van desplegando como si fueran un espejismo del desierto en 11 galerías en las que encontramos fotografías, textiles, documentos, vitrinas con animales, restos arqueológicos y maquetas o incluso una perfomance de una moto de la época de Lawrence de Arabia en una pared, restos de turbinas que extraen petróleo, y películas de gran calidad, entre otros elementos para construir el relato de un país.

Vista interior del Museo Nacional de Qatar diseñado por el taller de Jean Nouvel. Galería de la formación de la península de Qatar. | Foto: Danica Kus

Paralelamente a la construcción del museo, las autoridades de Qatar encargaron a prestigiosos cineastas internacionales una serie de películas  para ser proyectadas sobre las paredes de las galerías, muchas veces en los salientes de los discos, como testimonios de épocas pasadas o actuales, todo con una museografía muy cuidada.

Las cuatro primeras salas se centran en la formación, los entornos naturales, la arqueología y el pueblo de Qatar. Se exhiben fósiles de plantas y animales, como ese tiburón ballena de nueve metros de largo y restos arqueológicos, entre otros objetos, junto a películas como la de Christophe Cheysson y Jacques Perrin titulada Tierra y Mar, donde las aves llenan un cielo de 50 metros de ancho con bancos de peces nadando en las profundidades submarinas y una tormenta de viento deslumbra los sentidos; un documental con vistas aéreas de objetos arqueológicos desde la prehistoria a la Edad del Bronce; y una historia oral que relata con rostros y voces la experiencia de los habitantes nómadas en estas tierras.

Vista interior del Museo Nacional de Qatar diseñado por el taller de Jean Nouvel. Exhibición de la biodiversidad en la galería de medio ambiente. | Foto: Danica Kus

Las tres siguientes galerías giran en torno a las formas de vida, presentando los desafíos que presenta el desierto a través de objetos cotidianos y terminando con una película de Abderrahmane. En la siguiente, Vida en la costa, observamos en gran escala el famoso comercio de perlas que se centralizaba en Al Zubarah, una de las ciudades mejor conservadas del Golfo Arábigo. Seis pantallas recrean la importancia de dicho comercio, lo que se complementa con otra película de Mira Nair, proyectada en dos pantallas enfrentadas, que nos desvela los retos físicos y emotivos de esta forma de vida en el agua, con las arriesgadas inmersiones de los buceadores.

Y en Perlas y celebraciones cuelgan refinadas joyas que dan testimonio de la importancia de esta industria que constituyó vínculo comercial con el mundo, sin olvidar la famosa alfombra tejida de perlas de Baroda, realizada en 1865, que lleva más de 1,5 millones de perlas de alta calidad, junto a esmeraldas, diamantes y zafiros.

Vista interior del Museo Nacional de Qatar diseñado por el taller de Jean Nouvel. ‘Vida en la costa’- Nafas/Breathe, documental dirigido por Mira Nair. | Foto: Danica Kus

Por último, visitamos las salas dedicadas a la historia moderna de Qatar, que abarca desde 1500 a 1913, que amplía el conocimiento sobre las figuras históricas del país a través de documentos, mapas históricos y una película de Peter Weber, que evoca los momentos previos a la batalla decisiva por la unificación. La segunda parte transcurre entre 1913 y 1972, desde el colapso de la industria de las perlas al descubrimiento de los yacimientos de petróleo, muy bien narrado en una película de Doug Aitken, La llegada del petróleo.

La penúltima galería recorre la historia de 1972 a 2013, período de gran desarrollo económico y social, con una película de historia oral sobre el padre Emir y una videoinstalación de John Sanborn sobre el gas natural licuado. Y la última, Qatar hoy, con los logros del actual emir y la historia reciente de los últimos seis años, incluido el bloqueo de junio de 2017 impuesto por los países limítrofes, que representa digitalmente lo sucedido. En las salas predomina una luz tenue, casi dorada, que recuerda al desierto.  


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