Escrito en el aire - La Mirada del Agua - EL ÁGORA DIARIO

Escrito en el aire

Por Carlos de Hita

Más veces de las que pensamos, una especie de pájaro y el nombre que le damos comúnmente tienen una fuerte vinculación sonora.Y es que, tal y como nos transmiten las grabaciones del naturalista Carlos de Hita, las onomatopeyas indican una vieja capacidad de observación y evidencian el interés de la gente de campo por llamar las cosas, literalmente, por su nombre

Grajo: palabrota con alas (Ramón Gómez de la Serna, Greguerías)

Las primeras palabras para describir un paisaje sonoro salen de la garganta de sus protagonistas. Las onomatopeyas indican una vieja capacidad de observación, el interés de la gente de campo por llamar las cosas, literalmente, por su nombre. El concierto natural está escrito en el aire.

Este paisaje sonoro lo escribe con su voz el cuco, que dice su nombre. O el chichipán, que es como, acertadamente, se llama el carbonero común en muchas zonas rurales. A la totovía le sobra un “to”, pero el pinzón vulgar subraya su “pin” con claridad.  Arrulla la tórtola -¡tur-tur!, parece que dice-, repite tres veces “bu” la abubilla, bisbisea el bisbita arbóreo y sisea, deletrea su nombre la alondra ricotí y sisea el sisón al sacudir con fuerza la punta de las alas.

Pero si hay un grupo que lleve la voz escrita en el nombre es el de los córvidos. Pronúnciense las palabras cuervo, graja, grajilla, corneja, arrendajo y chova haciendo rodar las erres, arrastrando las jotas desde lo más alto del paladar, y se tendrá un desgarrado catálogo de los graznidos, quejidos, crujidos y crocitares de estas aves.

Pasada la época de las canciones, la época de cría, de las espesuras salen unos silbidos agudos encadenados con un breve ronquido: reclama la silbarronca, el otro nombre del ruiseñor común. Ganguean las gangas en los bebederos. Y el archibe común proclama su presencia en las lagunas: ¡chíbebe!

Un ejemplar de búho real en vuelo. | Foto: Martin Mecnarowski

No en el nombre, sino en el apellido, otras aves llevan también su voz: ríen las gaviotas reidoras, silban los ánades silbones, maúllan los llamados gatomochuelos.

Pasará la buena estación, los grillos dejarán de decir ¡gri! En unos meses volverá el otoño y en el cielo se escucharán los gangueos de los gansos silvestres y el gruir de las grullas. Hasta que una noche de invierno, en plena helada, por los cortados rocosos se escuche la voz del búho real diciendo ¡buh!



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