La huella de consumo española señala el agua como elemento clave

La huella de consumo española señala el agua como elemento clave

Por Brenda Chávez

El consumo de agua dulce es uno de los principales retos ambientales nacionales y supone el 34% de las presiones ligadas a la Huella Interior, concluye el primer estudio de la huella ecológica y de consumo en nuestro país, impulsado por el Gobierno

Durante mucho tiempo la economía ha analizado la realidad socioeconómica, dejando de lado tanto su contexto biofísico como las presiones ecológicas del uso intensivo asimétrico de recursos y energía del modelo productivo y de consumo.

Por ello, bajo el título La sostenibilidad del consumo en España, el Gobierno de España, por medio del Ministerio de Consumo, ha realizado la primera evaluación nacional de los impactos ambientales asociados a patrones de consumo que, en una economía altamente globalizada, operan dentro y fuera de nuestras fronteras.

Es una acertada radiografía de base científica –que emplea el análisis de ciclo de vida (ACV)– cuyos resultados ayudan a definir objetivos de futuras políticas e iniciativas a diferentes escalas, con las que promover cambios de hábitos hacia patrones de consumo más sanos y sostenibles, ya que contar con indicadores como la Huella de Consumo, suponen el primer paso para evaluar la sostenibilidad del consumo y reflexionar cómo intervenir la realidad dotando a las decisiones de compra, los estilos de vida y las políticas públicas de un potencial transformador.

Principales conclusiones

Por un lado, los patrones de consumo nacionales presionan varios límites planetarios como el cambio climático, el uso de recursos (fósiles, minerales y metales), la ecotoxicidad y la eutrofización del agua dulce (contaminación por exceso de nutrientes, como nitrógeno y fósforo), y las partículas en suspensión). Seis de los 16 impactos ambientales evaluados, basados en el análisis de ciclo de viva, sobrepasan los umbrales de seguridad afectando negativamente a la salud de las personas y del planeta.

Por otra parte, de 2010 a 2018, la Huella Interior de España –los impactos ambientales en el territorio derivados de la producción y el consumo de bienes y servicios– disminuyó en la mayoría de los 16 impactos evaluados. Sólo cuatro mostraron tendencias al alza, en especial el uso de recursos minerales y metales cuyo impacto casi se duplicó al incrementarse la extracción de plata y cobre desde 2015, así como el impacto asociado a su extracción y disponibilidad global.

«Los patrones de consumo nacionales presionan varios límites planetarios»

También, el consumo de agua dulce es uno de los principales problemas ambientales nacionales: supone el 34% de las presiones ambientales ligadas a la Huella Interior. Nuestro país es responsable de casi el 60% del impacto ambiental debido al consumo de agua de la Unión Europea, concluye el estudio.

Además, 13 de los 16 impactos evaluados en la Huella de Consumo per cápita de España mostraron tendencias crecientes el mismo periodo, fundamentalmente por el incremento de las importaciones y la intensidad de consumo de la mayor parte de productos.

En los últimos años, España ha logrado disminuir los impactos ambientales domésticos ligados al consumo manteniendo la economía en crecimiento gracias a un proceso de externalización que traslada buena parte de ellos al extranjero a través del comercio internacional. Por ello, es un exportador neto de impactos ambientales a terceros países que emplea tanto como fuente de recursos, como sumidero de residuos.

Consumo de los hogares

El consumo de alimentos es el principal impulsor de los impactos ambientales del consumo de los hogares, seguido de la movilidad y la vivienda. En 2018, las tres áreas representaron el 85,3% de la Huella de Consumo de España per cápita que se situó por encima de la media europea en 2016 y 2018.

La alimentación y la movilidad fueron las dos áreas cuya huella aumentó más. Los alimentos de mayor impacto sobre la huella fueron la carne y los lácteos. Respecto al transporte: los turismos de diésel, gasolina y el transporte aéreo continental. En la vivienda: las multifamiliares construidas entre 1970–1989 y antes de 1945. En los bienes del hogar: ropa, muebles y productos de papel. Y en los electrodomésticos: la nevera, el televisor, el horno y el ordenador portátil.

CRÉDITO: Zffoto

«España es un exportador neto de impactos ambientales a terceros países que emplea tanto como fuente de recursos como sumidero de residuos»

Los únicos impactos ambientales que no tuvieron a la alimentación como principal impulsor fueron la eutrofización del agua dulce y la radiación ionizante (vivienda), la formación de ozono fotoquímico y el uso de recursos fósiles (movilidad) y de recursos minerales y metales (electrodomésticos).

En ocasiones, la intensidad del consumo puede ser más relevante que las mejoras técnicas en los bienes o servicios, por ejemplo, en los electrodomésticos el efecto de las mejoras tecnológicas y el aumento del número de dispositivos por hogar crea tendencias divergentes en su impacto, como la reducción del cambio climático mientras aumenta el agotamiento de los recursos minerales. Por lo cual el estudio no permite sostener que exista un desacoplamiento entre el crecimiento de la economía y los impactos del consumo.

Datos y objetivos europeos

Los datos empleados en el informe son fruto del trabajo de investigación del equipo de Análisis de Ciclo de Vida de la Unidad de Recursos Terrestres del Directorado D-Recursos Sostenibles del Centro Común de Investigación europeo (JRC, Joint Research Centre) que dio soporte al ministerio en el uso y en el análisis de los datos actualizados de la Huella de Consumo y la Huella Doméstica.

Esos datos son de acceso público en la Plataforma de la Huella de Consumo (Consumption Footprint Platform), de la Plataforma Europea de Análisis de Ciclo de Vida (EPLCA, en inglés).

«El estudio no permite sostener que exista un desacoplamiento entre el crecimiento de la economía y los impactos del consumo»

El JRC compara sus resultados con las pautas exhibidas por el conjunto de los 28 Estados miembros de la Unión Europea, mostrándolos en referencia a los Objetivos de Desarrollo Sostenible y a los límites planetarios.

Actualmente, la Agenda del Consumidor 2021–2025 guía la política de la UE en esta materia y establece la voluntad de convertir a las personas consumidoras en agentes activo de la transición ecológica. El comisario de Justicia y Consumo, Didier Reynders apunta: «Si no cambiamos nuestro comportamiento para consumir menos y mejor, no lograremos los objetivos del Pacto Verde Europeo». Análisis como el realizado por el Ministerio de Consumo ayudan, afortunadamente, a lograr ese objetivo.


Brenda Chávez es periodista especializada en sostenibilidad, consumo y cultura




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