Poldras: caminando sobre las aguas - EL ÁGORA DIARIO

Poldras: caminando sobre las aguas

Vuelve a visitar El Ágora el escritor Antonio Sandoval que, en su sección habitual ‘En el fondo’, nos habla sobre la recuperación y puesta en valor del patrimonio cultural relacionado con el agua en Galicia, como los viejos pasos de piedra construidos sobre los ríos


En el fondo, todos nuestros pasos terminan por llevarnos a través de una corriente que separa dos orillas. Para unas personas, ese río es muy ancho. Para otras, muy estrecho: lo cruzan demasiado rápido. Hay ríos más y menos caudalosos, turbulentos, rápidos, profundos, transparentes… O, todo lo contrario. ¿Cómo está siendo el tuyo?

 

Cuentan las crónicas que allá por el año 138 antes de Cristo llegó a la comarca de A Limia, en Ourense, una legión romana comandada por el general Décimo Junio Bruto. Entre muchas otras maravillas, encontraron allí un río que, a su juicio, se parecía demasiado a las descripciones que conocían de otro, llamado “Lete”, “Leteo”, o “Lethes”, que según decían borraba los recuerdos de quien se aventurara a atravesarlo. El mito venía de tiempo atrás: en la Grecia antigua, el “Lete” (“Olvido”), era uno de los ríos del Hades, y se rumoreaba que, como parte del proceso de reencarnación, las almas de los muertos bebían sus aguas para perder todo recuerdo de quién habían sido.

Allí estaba la legión de Décimo Junio Bruto, detenida por el recelo. Durante unos minutos, el futuro del imperio romano en Galicia (la muralla de Lugo, la Torre de Hércules…) dependió de la superstición y las nociones de mitología clásica memorizadas por aquellos hombres de acción. Entones su jefe, en un intrépido ejemplo para todo futuro defensor del sentido común, atravesó la corriente. A continuación, desde la otra orilla, llamó a cada uno de los suyos por su nombre, quizá también para demostrar con ese gesto que se acordaría para siempre de quien no le siguiera con muy apresurada diligencia.

Según fueron explorando Gallaecia, los romanos encontraron multitud de cursos de agua. Seguro que les sorprendió su número y variedad. Álvaro Cunqueiro describió Galicia como “La tierra de los mil ríos”. Alguno más hay. Varios se pueden atravesar aquí y allá, desde mucho tiempo antes de aquella conquista (que por cierto le valió a Décimo Junio Bruto el apodo de “Galaico”), mediante lo que en esta tierra llamamos poldras, espoldras, pasais, pasos, pasadeiras… Hileras de piedras que, emergiendo de la corriente cada poco, permiten cruzarla paso a paso, sin mojarse.

Iso-watari en un jardín japonés.

Algunas son muy antiguas. Sostiene el investigador Maximino Fernández Sendín que esta solución para vadear los ríos podría haberse utilizado ya en el neolítico, y que sería anterior a los puentes. Hay numerosos ejemplos en todo el planeta (en Japón se llaman iso-watari las que atraviesan estanques ornamentales), y de técnica constructiva muy ingeniosa y similar allí donde salvan fuertes corrientes: más estrechas, en forma de proa, de donde viene el agua, y más anchas y con un contrafuerte en el extremo opuesto.

Muchas poldras no han recibido la atención que merecen. No solo como reliquias en pleno uso de un tiempo histórico que compartieron con dólmenes y castros (por ejemplo), sino además en su condición de indicios para identificar algunas de las rutas más importantes del pasado en cada localidad o región. Es decir, para redescubrir algunas de las vías que contribuyeron a la difusión de las mercancías, tecnologías e ideas en las que se fundamentó la identidad cultural de cada lugar. Muchas han sido destruidas. Otras están pendientes de catalogar e inventariar. Algunas son hoy objeto de una renovada atención por los más jóvenes de sus vecinos. Es el caso de las que atraviesan el río Verdugo, en Pontevedra, a su paso por el municipio de Ponte Caldelas.

Allí, las chicas y chicos de 3º de ESO del Instituto de Educación Secundaria, coordinados por sus profesoras Isabel Torres Jack y Susana Trigo Arcos, dedicaron el año pasado a estudiarlas. Su trabajo, titulado Os pasos do Verdugo, mereció el primer Premio del concurso que la Escola Superior de Restauración e Conservación de Bens Culturais de Galicia promovió para celebrar el Día del Patrimonio. Además de localizar y describir con gran detalle varias poldras, y analizar su estado actual, recogieron entre sus mayores algunas canciones relacionadas con estas construcciones, así como varios relatos acerca de para qué se usaban en su niñez y juventud: cambiar el ganado de lugar, ir al médico, ir a vender productos a la feria, ir al molino, ir a misa e incluso llevar a enterrar a los muertos. Por ellas pasaban además los arrieros que transportaban hacia la costa, a lomos de mulas, barricas de vino de Ribeiro. Los animales y los carros no cruzaban el río por las poldras, sino junto a ellas, por un vado en cuyo fondo se habían colocado, a modo de calzada sumergida, anchas losas de piedra. En uno de los extremos de cada paso solía haber un Peto de Ánimas, hornacinas en piedra con una representación de las almas del purgatorio, todavía camino del cielo, en su interior.

Poldras en el río Verdugo, A Lama (Pontevedra). Imagen de Xoan Arco da Vella www.xoanarcodavella.com

Las abuelas informantes revelaron además por qué la superficie de esas poldras está tan llamativamente hendida en el centro: habían sido desgastadas justo ahí, una generación tras otra, por miles de pies, muchos calzados con zuecos de suelas de metal.

¿Atravesaría Décimo Junio Bruto el río Limia sobre unas poldras? Por cierto, que un siglo después un nieto suyo, Marco Junio Bruto, se convertiría en el más renombrado de los asesinos de Julio César. Sí, fue aquel Bruto a quien, en la obra de Shakespeare, pregunta Julio, cosido ya a puñaladas: “¿Tú también, Bruto…?”.

Si las aguas del río Limia, como durante unos segundos temieron sus legionarios, hubiesen borrado de la memoria del abuelo de Bruto todo su pasado, por ejemplo, quién era su esposa, el devenir de occidente podría haber sido muy diferente… O quizá no. Porque, claro, ¿es la historia una corriente de una sola dirección?



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