Salvar la contracorriente: el proyecto Migramiño - La Mirada del Agua

Salvar la contracorriente: el proyecto Migramiño

Por Antonio Sandoval Rey

Los ríos son mucho más que agua que corre, y que hay que cuidarlos restaurando sus bosques de ribera, las criaturas que viven en sus caudales y sobre ellos, su biodiversidad extraordinaria, como intenta el proyecto transfronterizo Migramiño. Porque, tal y como escribe en una nueva entrega para ‘El Ágora’ el naturalista Antonio Sandoval, sin peces los ríos no son ríos

“Nuestras vidas son los ríos…”, recitábamos, algo estremecidos, de niños. Después, en consecuencia, identificábamos en lo fluvial al asomarnos a sus aguas, algo que que nos invitaba a creernos misteriosos, siquiera por esos instantes de líquida complicidad.

De reflejo.

A veces saltaba de aquel espejo dúctil un pez que libraba así unas rocas, y que continuaba después, veloz, aguas arriba. Iba poseído por una convicción vital. Por una misión. Lo veíamos pasar a contracorriente. Era como un mensaje.

También todo gran poema está atravesado por una vibración parecida. Por un pulso que, según lo lees hacia su último verso, te conduce de vuelta al primero.

Como la vida. Pero esto otro solo se aprendía con el tiempo.

También que los ríos son mucho más que agua que corre, y que hay que cuidarlos. Salvarlos, incluso. De nuestros errores. Que hay que restaurar y preservar sus bosques de ribera, las criaturas que viven en sus caudales y sobre ellos, su biodiversidad extraordinaria. Por ejemplo, sus peces. Porque sin ellos, los ríos no son ríos.

El proyecto Migramiño

Un ejemplo de ese tipo de esfuerzo es el proyecto transfronterizo Migramiño, que cuenta con socios como la Consellería de Medio Ambiente e Ordenación do Territorio de la Xunta de Galicia, el Instituto da Conservação da Natureza e das Forestas de Portugal, la Confederación Hidrográfica del Miño-Sil, la Agência Portuguesa do Ambiente, la Universidade de Santiago de Compostela, el Centro Interdisciplinar de Investigação Marinha e Ambiental y la Câmara Municipal de Vila Nova de Cerveira. Está financiado por los fondos europeos Interreg.

Migramiño describe así su principal objetivo: “Mejorar la protección y conservación del hábitat fluvial de la cuenca del río Miño en el tramo internacional a través de la implementación de actuaciones de mejora de los cauces fluviales y del estado de conservación de las especies de peces migradores presentes en el Baixo Miño y sus afluentes tributarios”.

Esa tarea consiste en salvaguardar la contracorriente que cada temporada trazan, caudal a arriba del río Miño, seis tribus nómadas y plateadas.

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Un ejemplar de reo o trucha marina (Salmo trutta) en las manos de un pescador.

Un reo o trucha de mar (‘Salmo trutta’) en las manos de un pescador.Está, para empezar, la de los reos. Son truchas de mar, la forma migradora de la trucha común. De hecho, pertenecen a la misma especie, solo que estos descienden al mar. Son, por tanto, como el resto, migradores anádromos: nacen y pasa la primera fase de su vida en los ríos, para realizar después una primera migración al mar, donde crecen. Una segunda migración les lleva tiempo después de vuelta al río, generalmente al que le vio nacer, para a su vez reproducirse. Se diferencian los reos de las truchas comunes en que sus aletas son mayores. Y además, en que tras visitar el mar adquieren un tono plateado con pintas unicamente negras (y no negras y rojas como las truchas). Su longitud varía entre los 25 y 40 cm. Su límite de distribución hacia el sur son los ríos del norte de Portugal.

También están los salmones. En este caso, los que viven en la cuenca del Miño son los de distribución más meridional de Europa. Migramiño describe su estado de conservación como “alarmante, considerándose una Especie en Peligro”. Estos salmones gallegos miden entre 60 y 110 cm y rondan los 20 kg. Su coloración cambia a lo largo de su vida: en la primera etapa de su vida, en los ríos, son azul verdosos con manchas rojas. En el mar se vuelven gris azulados. De regreso a a los ríos, se tornan pardo rojizos y amarillo verdosos. Llegan a vivir hasta 13 años.

Además de los reos y los salmones, nadan a contracorriente del Miño otras dos especies y tribus muy parecidas y próximas entre sí: sábalos y sabogas. De cuerpo alargado y comprimido lateralmente, sus grandes escamas plateadas y brillantes se adornan con manchas negras justo tras el opérculo (la pieza que cubre y protege las branquias). Sábalos y sabogas se diferencian, entre otros detalles, por el tamaño que alcanzan los adultos: entre 40 y 85 cm los primeros, y 25-45 cm las segundas. Su estado de conservación es “preocupante, por lo que son especies catalogadas como Vulnerables”. Además, su situación en el Miño “Es especialmente crítica en el tramo internacional a su paso por Portugal”.

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Un ejemplar de anguila europea (Anguilla anguilla) nadando en el agua.

Las anguilas son la quinta tribu objeto de este proyecto. Este pez de costumbres casi mágicas, descritas con tan buen pulso literario por Patrik Svensson en su reciente libro El evangelio de las anguilas (Libros del Asteroide, 2020), sale de su huevo el mar de los Sargazos hacia el final del invierno o en primavera. Es entonces solo una larva, transparente y aplanada, que se transforma en angula según comienza su migración de entre 3 y 7 años a través del Atlántico. Es al alcanzar los ríos europeos cuando se convierte en anguila amarilla, con el dorso casi negro y el vientre amarillento. Solo en su madurez sexual luce un tono plateado. Poco después comienza su vuelta al mar, entre octubre y diciembre. Va de regreso al mar de los Sargazos. Allí desova y completa su ciclo vital. Su estado de conservación en el Miño “Es preocupante, por lo que ha sido catalogada como especie Vulnerable en el tramo internacional del río”.

La sexta de las tribus es la de las lampreas. De cuerpo cilíndrico y serpentiforme, su boca tiene forma de ventosa, y está provista de dientes pequeños y afilados. Con ella se adhieren a diversas especies de peces, para alimentarse de su sangre y tejidos. Son de color gris o castaño con manchas negras, y miden entre 60-90 cm, a veces más. Viven 8-9 años, los primeros seis en estado larvario en los ríos. Entonces migran al mar, donde permanecen entre uno y dos años y medio. Allí alcanzan la madurez sexual. Con ella llega, una vez más, el impulso de volver al río para reproducirse.

Amenazas, retos y tareas

Las amenazas a estas especies migradoras, y por extensión a la biodiversidad del río Miño, que el proyecto Migramiño afronta, son muy diversas. Entre ellas cita, por ejemplo, la contaminación por vertidos de depuradoras y efluentes domésticos e industriales, la pérdida de la calidad química del agua, la alteración del régimen hidrológico y los procesos biológicos, la construcción de presas y obstáculos infranqueables en el cauce, la reducción del hábitat disponible, la sobrepesca y la pesca furtiva, la reducción del hábitat disponible para el desarrollo de los juveniles, la dificultad para el movimiento migratorio, el acceso a la zona de reproducción o el cambio climático…

El río Miño a su paso por Saviñao, en Lugo.

Ante estos retos, para salvaguardar esa contracorriente que encarnan estas tribus nómadas y plateadas, Migramiño viene desarrollando un plan de trabajo basado en cuatro tareas: mejorar la movilidad y accesibilidad de los peces migradores en el hábitat fluvial en los ríos tributarios del Miño; mitigar las presiones de origen antrópico existentes que afectan a los hábitats y a la dinámica de las especies migradoras objetivo; reforzar y mejorar el estado de conservación de las poblaciones de estas, y en concreto de la anguila, el salmón y el sábalo; y evaluar objetivamente el impacto de las estrategias conjuntas implementadas para la mejora del estado de conservación del hábitat y de las especies de peces migradores en la cuenca internacional del río Miño.

El desarrollo y los resultados de este proyecto pueden consultarse en su página web: http://migraminho.org/



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