Laudatio si, una encíclica papal que se ocupa del agua

Servicios públicos y concesionalidad (IV): ‘Laudatio si’, una encíclica que se ocupa del agua

Por Ramón Tamames

Llegamos hoy a un espacio especialmente interesante e inusual de nuestro análisis jurídico, dando paso a lo que en la primera encíclica del Papa Francisco, ‘Laudatio si’, fue toda una dedicatoria al agua. Con un detalle y un interés, como se verá, verdaderamente de excepción. Por primera vez, un sumo pontífice autodeclarado ecologista se refirió al elemento más necesario para la vida, y del que no disfrutan, en condiciones adecuadas, la inmensa mayoría de los humanos. Lean los lectores de El Ágora, y opinen después

Si en los anteriores pasajes de esta serie para El Ágora hemos tratado de la gestión del agua desde un enfoque del servicio público concesional, no cabe ol­vidarse del enfoque global. Por eso nos parece necesario introducir aquí una serie de ideas incluidas en la primera encíclica del papa Francisco[1], que se hizo pública el 24 de mayo de 2015 y obtuvo gran resonancia debido a su talante y sus contenidos. Para empezar, en esa carta del sumo pontífice se da una idea de la importancia de la cuestión del agua, que considera uno de los fundamentales del mundo actual. En la parte II del capítulo I de la encíclica se refiere a los siguientes principios[2].

Otras entregas de esta serie

El agua, un recurso natural

“Otros indicadores de la situación actual tienen que ver con el ago­tamiento de los recursos naturales. Conocemos bien la imposi­bilidad de sostener el actual nivel de consumo de los países más desarrollados y de los sectores más ricos de las sociedades, donde el hábito de gastar y tirar alcanza niveles inauditos. Ya se han reba­sado ciertos límites máximos de explotación del planeta, sin que hayamos resuelto el problema de la pobreza“.

Tal vez en este pasaje de la encíclica, deberían haberse tenido en cuenta una serie de aspectos relativos a elasticidades de sustitución. Cuando un recurso concreto escasea, la elevación de su precio indu­ce de manera automática o bien su ahorro en términos de cantidades aplicadas a objetos concretos (mediante el aumento de rendimientos) o bien la sustitución total o parcial de la materia por otra más económica y de similares características.

En definitiva, se trata de que la flexibilidad en los procesos de pro­ducción puede mitigar mucho la sensación de escasez de ciertas materias primas mediante el ahorro y una mayor eficiencia. Además se estimula la búsqueda de nuevos yacimientos, o se incentiva el reciclado, para así crear verdaderas nuevas minas permanentes, año a año, de material susceptible de reutilizarse, con lo que se amplía el stock disponible de recursos básicos.

Ciertamente, lo expuesto en este comentario no significa que en una encíclica papal tuviera que dar tales explicaciones, que son mucho más propias de un documento como el presente.

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El Papa Francisco añadió una frase complementaria de la sal de la Tierra: el agua es la vida y la vida es el amor.

Una cuestión importante

“El agua potable y limpia representa una cuestión de primera impor­tancia, porque es indispensable para la vida humana y para susten­tar los ecosistemas terrestres y acuáticos. Las fuentes de agua dulce abastecen a sectores sanitarios, agropecuarios e industriales.

La provisión de agua permaneció relativamente constante du­rante mucho tiempo, pero ahora en muchos lugares la demanda supera a la oferta sostenible, con graves consecuencias a corto y largo tér­mino.

Grandes ciudades que dependen de un importante nivel de al­macenamiento de agua sufren períodos de disminución del recur­so, que en los momentos críticos no se administra siempre con una adecuada gobernanza y con imparcialidad.

La pobreza del agua social se da especialmente en África, donde grandes sectores de la población no acceden al agua potable segu­ra, o padecen sequías que dificultan la producción de alimentos. En algunos países hay regiones con abundante agua y al mismo tiempo otras que padecen grave escasez”.

Las observaciones hechas en este punto en la encíclica son de lo más pertinente. La propia OMS subraya que un gran número de enfermedades que se dan en los países en vías de desarrollo se trans­miten, precisamente, a través de agua para consumo humano que no está en las debidas condiciones. Este problema se manifiesta en las zonas a las que todavía no han llegado las prescripciones efecti­vamente seguidas en materia de salud, y lo agravan las insuficientes inversiones necesarias para potabilizar el agua.

Todo eso es especialmente cierto en África, que posee zonas de gran abundancia hídrica en muchas de sus cuencas fluviales, lacustres y freáticas, pero que no cuentan con las captaciones, conducciones y depuradoras necesarias para atender de la manera adecuada a sus po­blaciones, que crecen con rapidez[3].

Calidad del agua y agua subterránea

“Un problema particularmente serio es el de la calidad del agua disponible para los pobres, que provoca muchas muertes todos los días. En­tre los pobres son frecuentes las enfermedades relacionadas con el agua, incluidas las causadas por microorganismos y por sustancias químicas. La diarrea y el cólera, que se relacionan con servicios hi­giénicos y provisión de agua inadecuados, son un factor significa­tivo de sufrimiento y de mortalidad infantil.
Las aguas subterráneas de muchos lugares están amenazadas por la contaminación que producen algunas actividades extracti­vas, agrícolas e industriales, sobre todo en países donde no hay ni una reglamentación ni controles suficientes. No pensemos solo en los vertidos de las fábricas. Los detergentes y productos químicos que utiliza la población en muchos lugares del mundo siguen de­rramándose en ríos, lagos y mares”.

El asunto de la calidad del agua —que ya hemos abordado, aun­que no de una forma tan directa— es un acierto de la encíclica, puesto que muchas de las aguas disponibles no son depuradas. En ocasiones, las que proceden de acuíferos están en malas condiciones por la lixi­viación, esto es, porque reciben toda clase de contaminantes desde la superficie, debido a las actividades humanas y la proliferación ubicua de los vertederos, la mayoría de ellos incontrolados.

Algunos de esos depósitos naturales de agua pueden considerarse como perdidos de ma­nera definitiva a efectos de la utilización de sus recursos. Tal tipo de contaminación es, de momento, menor en África que en otras regiones como China, pues el menor desarrollo urbano y tec­nológico ha preservado muchas de esas aguas, que ciertamente pueden ser decisivas en regiones como el Sahel y en otras zonas áridas austra­les, donde existen grandes stocks de agua (incluso fósil) explotables con una relación coste-beneficio que suele ser muy apreciable.

El Sahel es el territorio africano poblado con mayores problemas de agua, a pesar de sus acuíferos. El riego aparece como la última opción ante el avance del desierto. | FOTO: Mbrand85

Facilitar el acceso al agua

“Mientras la calidad del agua disponible sufre un deterioro constante, en algunos lugares avanza la tendencia a privatizar este recurso esca­so, convertido en una mercancía regulada por las leyes del mercado. En realidad, el acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la supervivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos.
Este mundo tiene una grave deuda social con los pobres que no tienen acceso al agua potable, porque eso es negarles el derecho a la vida radi­cado en su dignidad inalienable. Esa deuda se salda en parte con más aportes económicos para proveer de agua limpia y saneamiento a los pueblos más pobres.
Pero se advierte un derroche de agua no solo en países desarro­llados, sino también en aquellos menos desarrollados que poseen grandes reservas. Esto muestra que el problema del agua es en parte una cuestión educativa y cultural, porque no existe la conciencia de la gravedad de estas conductas en un contexto de gran inequidad”.

El acceso al agua, que en los países desarrollados consideramos como algo normal y natural, es, en cambio, en los países en vías de desarrollo, un factor limitativo a todos los efectos del consumo de sus poblaciones. Hay que recorrer grandes distancias para obtener el precioso líquido, que podría transportarse por tubería con inversiones re­ducidas y en condiciones de higiene mucho mejores.

La solidaridad de los países del Norte hacia los del Sur podría fun­cionar en este aspecto. Con unas inversiones no muy cuantiosas po­drían conseguirse efectos extraordinarios. Un caso típico es la Alianza del Agua, que relaciona España con los países de Centroamérica para prestarles una ayuda de gran interés.

A todo ello también contribuye la inexistencia en general de cier­ta cultura del agua. La educación juega un papel decisivo en este aspec­to, así como la labor de las empresas de distribución.

pez remo gigante
Los chinos no se anduvieron con juegos de palabras. La presa de las Tres Gargantas, soñada por Mao, y terminada con Hu Jintao, es una muestra de grandiosidad, con no pocas consecuencias ecológicas criticables.

Agua y alimentación

“Una mayor escasez de agua provocará el aumento del costo de los alimentos y de distintos productos que dependen de su uso. Algu­nos estudios han alertado sobre la posibilidad de sufrir una escasez aguda de agua dentro de pocas décadas si no se actúa con urgencia.
Los impactos ambientales podrían afectar a miles de millones de personas, pero es previsible que el control del agua por parte de grandes empresas mundiales se convierta en una de las principales fuentes de conflictos de este siglo”.

En este caso, la encíclica da un toque de alarma, que algunos podrían juzgar excesivo. Al mismo tiempo es un aguijoneo necesario para estimular acciones públicas a favor de la disponibilidad de recur­sos hídricos para quienes disponen de menores recursos económicos. En ese sentido, la política económica tiene a su alcance gran número de instrumentos para planificar recursos, con mecanismos que permitan disponer de ellos, en condiciones adecuadas, en la industria alimenta­ria y en otras actividades fundamentales.

 

No fue casualidad que el sumo pontífice hiciera pública su primera carta a todos los católicos, y en realidad a todo el mundo, pocos meses antes de la Conferencia del Clima de París (COP-21, 2015). En esa dirección, la encíclica tiene una fuerza extraordinaria, para convencer a los negacionistas, y también para que los escépticos presten más atención a las posibles soluciones, y no deriven por la senda de la inacción ante los graves problemas que se avecinan.

Seguiremos la próxima semana, tras el repaso que hemos dado a la primera encíclica de Francisco. Y como siempre, los lectores de El Ágora podrán contactar con el autor a través del correo electrónico castecien@bitmailer.net.


[1] Carta encíclica Laudatio si del santo padre Francisco sobre El cuidado de la casa común, Ciudad del Vaticano, 24 de mayo de 2015, pp. 24 y ss.

[2] En los textos que seguidamente se transcriben, se mantiene la numeración correlativa del do­cumento pontificio, si bien los títulos de cada uno de esos números son nuestros —como también lo son la mayoría de las cursivas—, por lo que figuran entre corchetes. Y además, cada número, que en el original constituye un párrafo seguido, en nuestra transcripción se divide en secuencias más cortas. Por lo demás, al final de cada número, en punto y aparte y en cursiva, figura nuestro propio comentario.

[3] El Fondo de Población de las Naciones Unidas prevé que la actual población del continente, de mil millones, pasará a 3.700 en 2100.



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