Tsunamis acuáticos y atmosféricos

Tsunamis acuáticos y atmosféricos

Por José Miguel Viñas

La explosión del volcán Hunga Tonga, en el Pacífico, ha generado una penacho de cenizas y gases de 25 kilómetros de altura, visible desde el espacio. También ha producido un tsunami de pequeñas proporciones y una onda atmosférica de choque cuyos efectos se han dejado notar incluso en España, explica en este artículo el meteorólogo José Miguel Viñas

De tsunamis va la cosa, empezando por el tsunami informativo que el pasado sábado sacudió las redacciones de noticias de todo el mundo. Con el paso de los días, hemos ido conociendo cada vez más datos relativos a la potente erupción del volcán submarino Hunga Tonga, en el Pacífico Sur. Algunos de ellos son sin duda sorprendentes, aparte de haberse registrado los efectos de la erupción en todo el mundo y no solo en los sismógrafos.

Las erupciones volcánicas son siempre noticia, pero no todas alcanzan la magnitud de la del volcán polinesio, ni –a diferencia de las anteriores de igual o mayor potencia que hay documentadas– han sido monitorizadas con tanto detalle y con la cobertura global que hoy nos brindan tanto los satélites de observación como las densas redes instrumentales que hay en la superficie terrestre.

Imagen de Copernicus mostrando el antes y el después de la erupción del volcán Hunga Tonga. | FOTO: EFEEPAEUROPEAN UNION, COPERNICUS SENTINEL

Con la erupción del volcán de Cumbre Vieja, de La Palma, todavía fresca en la memoria, lo primero que hay que indicar es que la del Hunga Tonga ha sido de mucha mayor magnitud, distinta tipología, y con un VEI (índice de explosividad volcánica)=5 (en una escala que va de 0 a 8) frente al VEI=2 (ocasionalmente 3) del volcán de La Palma.

La erupción del Hunga Tonga generó un penacho de cenizas y gases que alcanzó entre los 20 y 25 kilómetros de altitud (el de la Palma no llegó a superar los 5-6 km) y la violenta explosión se transmitió de inmediato tanto por la superficie oceánica como por la atmósfera, propagándose sendos trenes de ondas.

«La violenta explosión provocó un brusco cambio de presión atmosférica que se propagó en todas las direcciones, a velocidades inicialmente supersónicas»

Entraba dentro del guión que una erupción volcánica de semejante magnitud, localizada en el Cinturón de Fuego del Pacífico, provocara un tsunami. Al poco tiempo de producirse la erupción, se activó el correspondiente aviso para prevenir a la población de todas las zonas costeras de esa vasta cuenca oceánica. La oscilación del nivel marino fue muy brusca en el entorno del islote donde se situaba el cráter, generándose un tren de olas, con una principal de entre 1,5 y 2 metros que impactó de lleno en las islas que forman el archipiélago de Tonga, destruyendo algunas infraestructuras y edificios. El tsunami se expandió radialmente desde el volcán por todo el océano Pacífico, alcanzando lugares tan distantes como Australia, Japón, Ecuador, California o Alaska, sin causar una gran destrucción, pero sí cierto nivel de impacto.

Erupción del volcán Hunga Tonga captada por el NOAA’s GOES-17. | FOTO: EFE/EPA

En una erupción tan explosiva como la del Hunga Tonga, también entraba dentro del guión la generación en el aire de una onda de choque, expansiva, dando lugar a un “tsunami atmosférico”, por analogía con el producido sobre la superficie marina. La violenta explosión provocó un brusco cambio de presión atmosférica que se propagó en todas las direcciones, a velocidades inicialmente supersónicas. El sonido de la fuerte explosión llegó un poco por detrás a los territorios isleños próximos al volcán. Tuvo la intensidad de una fuerte detonación no solo en la Polinesia, sino incluso en la Melanesia, en países como Fiji, situados a varios centenares de kilómetros del volcán. El sonido, más atenuado, se detectó a distancias mayores –de miles de kilómetros– llegando a registrarse en el rango de los ultrasonidos en un lugar tan distante como Alaska.

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Con el paso de las horas, el tsunami atmosférico fue recorriendo toda la baja atmósfera, registrándose bruscas oscilaciones de presión atmosférica en los barómetros de los observatorios y estaciones meteorológicas de todo el mundo. En España el primer paso de ese tren de ondas fue a primeras horas de la noche del pasado sábado, 15 de enero, y fue en ese momento cuando saltó la sorpresa y ocurrió algo inesperado, que no estaba en el guión. Distintos mareógrafos situados en el Mediterráneo Occidental, tanto en Baleares como en las cercanías de las costas de Cataluña y la Comunidad Valenciana, registraron una oscilación también brusca del nivel marino.

Como la atmósfera está en contacto con la superficie del mar, los cambios bruscos de presión que tienen lugar en la primera provocan cambios en el nivel de la segunda. Cuando se produce una bajada importante de la presión atmosférica en una zona marítima (al paso de una profunda borrasca), la superficie del mar tiende a abombarse, alejándose de su posición de equilibrio, produciéndose, a continuación, un hundimiento como respuesta.

El forzamiento da como resultado un tren de olas, conocido como meteotsunami. Hasta ahora, los casos de estudio de estas oscilaciones de nivel marino en Baleares obedecían exclusivamente a determinadas situaciones meteorológicas favorables.

Ahora, por primera vez, se ha observado un meteotsunami (con altura de ola de 50 centímetros) inducido por la onda expansiva generada por la erupción de un volcán situado a más de 15.000 kilómetros de distancia, casi en la antípoda. Parece claro que entre tsunamis anda el juego volcánico.


José Miguel Viñas es meteorólogo en Meteored.



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