Un paseo por el campo para recuperar la esperanza - EL ÁGORA DIARIO

Un paseo por el campo para recuperar la esperanza

Por José Luis Gallego

Este año, como si nos tratara de compensar por las duros momentos que hemos vivido, el planeta nos ha regalado una primavera esplendorosa. El comunicador ambiental José Luis Gallego nos invita a pasear por el campo y disfrutar de los sonidos, los colores, y la vida que resurge a nuestro alrededor. Nada mejor que disfrutar de la naturaleza para recuperar la esperanza

La providencia ha querido que esta primavera confinada esté resultando una de las más esplendorosas de los últimos años en el campo. Los primeros paseos de la desescalada, superadas las fases más restrictivas del estado de alerta provocado por la crisis sanitaria del Covid-19, así lo confirman.

Desde los ventanales que dan al campo, uno intuía que las lluvias de abril y el sol de mayo estaban tejiendo un paisaje primaveral exuberante, asombrosamente fértil y vivaz, pero la realidad supera las expectativas.

El campo se ha convertido en una inmensa sala de recuperación al aire libre: de recuperación del ánimo, de las ganas de vivir y de la esperanza. Por eso me voy a permitir recomendar a todos los lectores de El Ágora que, cuando esta desescalada en fases se lo permita, no pierdan la primera ocasión que tengan para salir a comprobarlo.

Si tuviera la oportunidad de acompañarle elegiría una mañana soleada de domingo y le propondría acercarnos hasta un prado alto del Pirineo, por ejemplo en Queralbs, en el Parque Natural de las cabeceras del Ter y del Freser, en la comarca catalana del Ripollés.

El simple paseo junto a las aguas esmeralda del río Freser, uno de mis ríos favoritos que por estos días debe bajar sobrado de caudal, es ya de por sí una inyección de alegría y optimismo. Le invitaría a detenernos en el puente de piedra que cruza el río apenas pasado el pueblo, para observar desde allí al martín pescador, el mirlo acuático y la lavandera cascadeña: tres pájaros de río que están entre los más bellos de Europa y de los que siempre disfruto cuando me detengo en este lugar.

Valle del río Freser, visto desde el pico Balandrau. | Foto: Cristian Ionut

Después le invitaría a hacer un alto en el camino a la altura del Salt del Cavall para, recobrado el ánimo y tras esperar a que le hiciera fotos a esa espectacular cascada, le invitaría a continuar hacia el Coma de Vaca para, señalándole aquí un acentor alpino, allí un roquero solitario, dar por acabada la ruta tumbándonos en la pradera alpina que se extiende en un gran claro del bosque. Seguramente veríamos algún buitre leonado cruzando el cielo, tal vez incluso al quebrantahuesos.

Una vez incorporados le explicaría al lector que en fue en el bosque de enfrente, una magnífica arboleda de pino negral salpicada de abetos, dónde vi por primera vez la parada nupcial del urogallo. Le diría también que más arriba, en aquellas piedras que se ven a un lado, se abre la gravera por dónde veía bajar a los rebecos y me quedé pasmado al observar una violenta pelea entre dos garduñas. Porque ese lugar fue una de mis escuelas de naturaleza.

Martín pescador (Alcedo atthis).

Y luego, tras señalarle una de las cumbres, le indicaría el lugar exacto dónde estaba el viejo nido del águila real: un tesoro y un secreto que el naturalista adolescente custodió durante muchos fines de semana junto al resto de compañeros del Club Los Linces de Adena (hoy WWF) que creó mi añorado y querídisimo maestro y mentor Félix Rodríguez de la Fuente.

Antes de emprender el camino de regreso le invitaría a centrar la atención en el tapiz de flores silvestres que seguramente estará cubriendo estos días de primavera aquella jugosa pradera pirenaica, entre ellas varias especies de orquídeas salvajes. Tal vez aquí empezarían las primeras sorpresas para el lector y es que, aunque se trate de un patrimonio natural apenas conocido, España es un auténtico jardín de orquídeas silvestres que crecen de manera espontánea y muy repartida en nuestros campos, sobre todo aquí, en los Pirineos.

Una de ellas es la llamada orquídea de mayo (Orchis majalis) que acaba de florecer estos días mostrando unas bellísimas inflorescencias de color púrpura que, en combinación con el blanco, deja sobre sus pétalos los característicos tatuajes de estas preciosas flores.

Pero si hay una flor que deslumbra por su belleza y tamaño en aquellas praderas alpinas es la dedalera (Digitalis purpurea), que se alza como una vara de pastor a más de un metro de altura y de la que se descuelgan como dedales (de ahí su nombre científico) unas voluminosas flores de color fucsia intenso. Y entonces le contaría que todo lo que tiene de bella esta flor lo tiene de peligrosa ya que su ingesta produce un envenenamiento fatal que, conocido clínicamente con el nombre de intoxicación digitálica, puede afectar severamente al corazón y llevar incluso a la muerte.

Digitalis purpurea.

Estarán floreciendo también el escaso lirio de los valles o muguet (Convallaria majalis) una delicada flor blanca que perfuma el aire con la característica fragancia a la que ha dado nombre y que sirve de base a varios cosméticos, y la genciana de primavera (Genciana verna) que es un auténtico semáforo azul al que no se le puede quitar el ojo de lo bonita que es.

Por todas estas cosas, y muchas más que les podría contar de muchos otros lugares, le recomendaría al lector que a la primera que pueda se eche al campo a disfrutar de lo mucho y bueno que nos queda de primavera. Tal vez entonces comprenderá por qué algunos nos hemos vuelto adictos a este país y sus paisajes y hemos consagrado nuestra vida a conservarlos.


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