Vittore Carpaccio y Lucas Cranach el Viejo en el Thyssen - EL ÁGORA DIARIO

Vittore Carpaccio y Lucas Cranach el Viejo en el Thyssen

Por Julián H. Miranda

El Museo Thyssen-Bornemisza está considerado una de las mejores pinacotecas del mundo, una joya de la cultura a la que siempre hay que volver. De la mano de Julián H. Miranda nos detenemos en esta ocasión ante dos obras en las que el agua constituye un elemento singular de la composición y dota de profundidad a la quietud de los paisajes

El Palacio de Villahermosa de Madrid alberga desde 1992 el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza y en él se exponen alrededor de un millar de obras de arte, que abarcan desde el siglo XIII al siglo XX, de una de las mejores colecciones privadas del mundo reunida durante años por el barón Heinrich Thyssen. Entre las piezas de los maestros antiguos hay auténticas joyas de la pintura occidental y de ellas destacaría al menos diez pinturas de autores tan notables como Ghirlandaio, Durero, Hans Holbein, El Greco, Caravaggio, Rubens, Rembrandt, Canaletto y dos obras muy significadas, la primera de Vittore Carpaccio, Joven caballero en un paisaje, y una de las que se exhiben de Lucas Cranach el Viejo, La ninfa de la fuente. En ambas tanto el encuadre como la profundidad que sugiere el agua en esos paisajes constituyen dos singulares elementos de la composición.

La trayectoria de Vittore Carpaccio (Venecia, hacia 1460/1465-1525/1526), un artista del Quattrocento italiano y uno de los pintores de transición entre fines del XV y principios del XVI cuando la Serenissima ya era un faro estético. Carpaccio tiene escasa presencia en las colecciones españolas, lo que hace que el óleo del Museo Thyssen sea una de las obras más emblemáticas de este museo madrileño. La mayoría de su producción se concentró entre 1490 y 1519, y su Joven caballero en un paisaje está considerada como una obra de madurez del artista, pintado hacia 1505.

Vittore Carpaccio. Joven caballero en un paisaje, hacia 1505. Óleo sobre lienzo. 218,5 x 151,5 cm. © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Los temas que abordó el pintor veneciano, mayoritariamente fueron religiosos. Muchas de sus tablas reflejan minuciosidad en la ejecución y también la influencia de Bellini, Antonello da Messina y en algún modo Giorgione. Le gustaba el retrato como género y eso lo reflejó en Retrato de un hombre con gorro rojo, 1485, y en otro que pintó diez años después titulada Dos damas venecianas. En ambos demuestra un dominio de la luz y del color. Muchas de sus obras hoy se pueden ver en Venecia: Museo Correr, Galería della Accademia, aunque también en la Galería Borghese de Roma, en los Uffizzi de Florencia y en otros museos internacionales. Sin embargo son impresionantes sus tablas realizadas para la Cofradía de San Giorgio degli Shiavoni dedicadas a la vida de San Jorge y San Jerónimo, que todavía desprenden un atmósfera de cierta fantasía y que continúan expuestas en esa pequeña iglesia veneciana.

Si volvemos nuestra mirada a la sala 7 del Museo Thyssen donde cuelga el elegante cuadro de Carpaccio nos encontramos con varios hallazgos. El primero de ellos es ver a un caballero de cuerpo entero, que muy posiblemente fuera uno de los primeros que se pintó en Europa a comienzos del siglo XVI, y detrás un castillo del que parece salir a caballo un jinete con casco, vestido con colores negro y oro, para enlazar con la indumentaria del joven caballero ataviado con su calzado y la vaina de su espada, que enfatiza la fantasía caballeresca; el segundo los dos mensajes que dejó escritos en dos cartelitos, el de la izquierda donde se puede leer una frase en latín: Malo mori quam foedari (antes morir que ser deshonrado), que ofrece una pista de ese caballero que podría ser de la orden del Armiño, mientras que a la derecha otro cartellino prendido en una rama: Victor Carphatius/Finxit/M.D.X. desvela la autoría; y el tercero es ese paisaje en la parte derecha superior con el ciervo, un conejo y varias aves junto al árbol y el agua del lago. Todo ello confiere un punto de fuga a la composición para aligerar el peso que tiene la figura en primer plano.

Vittore Carpaccio. Joven caballero en un paisaje (Detalle), hacia 1505. Óleo sobre lienzo. 218,5 x 151,5 cm. © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

La Jefa del Área de Conservación de Pintura Antigua del Museo Thyssen-Bornemisza, Mar Borobia, en la ficha descriptiva de la obra, ofrece detalles relevantes de la composición y del caballero representado. Se cree que se trata del militar Marco Gabriel, perteneciente a una familia patricia veneciana, aunque otros estudiosos citados por ella en la exhaustiva información de esta pintura pensaban que podía ser Francisco Maria della Rovere, tercer duque de Urbino, según Weiss; o bien Antonio de Montefeltro o incluso Rolando de Ragusa. Este proceso de identidad como en muchas obras de arte sigue siendo objeto de estudio para los historiadores.

Lucas Cranach el Viejo. La ninfa de la fuente. Hacia 1530-1534. Óleo sobre tabla. 75 x 120 cm. © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

El caso de Lucas Cranach el Viejo (Kronach, 1472-Weimar, 1553) coincide en la importancia de la obra La ninfa de la fuente, óleo pintado en 1530-1534. El alemán es un pintor muy presente en varios de los mejores museos españoles como el Prado, con cuatro pinturas; el Museo de Bellas Artes de Bilbao con Lucrecia, otra joya de 1534, que fue adquirida por el museo bilbaíno en el año 2012 y otros santos pintados por Cranach presentes en la colección del Museo Thyssen. Junto a Alberto Durero fue uno de los grandes pintores alemanes y cultivó numerosos géneros pictóricos (desde escenas religiosas a retratos y temas mitológicos), pero también su aproximación al grabado y la xilografía.

Lucas Cranach el Viejo. Lucrecia, 1534. Óleo sobre tabla, 50,5 x 36,2 cm. © Museo de Bellas Artes de Bilbao

Padre de otros dos pintores, Lucas Cranach el Joven y Hans Cranach, sus primeras piezas están datadas hacia 1504 y ya entonces revelaba su realismo y meticulosidad. Cranach el Viejo estuvo influido por el Renacimiento italiano pero supo combinarlo con la religión y moralidad alemana en esa serie de Venus que pintó, a veces acompañada por Cupido. Como observamos en La ninfa de la fuente, una de sus especialidades quizá fueran el modo de abordar el desnudo femenino y su esmero en la ejecución los que le llevaron a crear un prototipo alemán que desprendía sensualidad.  Es el caso de la ninfa, delante de la fuente Castalia, cuya agua bebían los poetas y filósofos a la busca de inspiración.

El autor de La tempestad, que se exhibe en la Galleria della Accademia de Venecia, Giorgione y más en concreto su Venus dormida de la Gemäldegalerie de Dresde muy probablemente influyó en la postura de la ninfa de Cranach, al aunar las referencias al mundo antiguo con la influencia de la pintura veneciana. Y de ese modo, con el estilo más alemán, la ninfa está tumbada en  el césped en una posición poco natural, apoyada la cabeza sobre el brazo derecho y girando su cuerpo hacia el espectador mientras cruza su pierna izquierda sobre la derecha. La fuente manando agua dota de profundidad a la composición, y en el árbol, junto al agua, una rama un carcaj  con flechas y otra por detrás un arco colgado. Tal vez estén sugiriendo a Diana cazadora o bien a Cupido, acompañante de Venus en la iconografía clásica.

Lucas Cranach el Viejo. La ninfa de la fuente (Detalle 1), hacia 1530-1534. Óleo sobre tabla. 75 x 120 cm. © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

Tanto este cuadro de Cranach como el de Carpaccio muestran un carácter más sosegado en el caso de la ninfa en el bosque pero también es apacible, a pesar de portar una espada el del joven caballero con su armadura. En ambos el agua dota de profundidad a estas figuras, en un paisaje más íntimo y recogido en la tabla del pintor alemán o abierto en el caso del veneciano, con esos reflejos de la muralla del castillo y de la montaña en el agua azul. Suaves perfiles humanos en la naturaleza.

Lucas Cranach el Viejo. La ninfa de la fuente (Detalle 2), hacia 1530-1534. Óleo sobre tabla. 75 x 120 cm. © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza

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