Chile estudia las posibilidades de la energía marina

Chile estudia las posibilidades de la energía marina

Chile es un país con más de 6 mil kilómetros de costa, con un oleaje fuerte y mareas que lo hacen muy propicio para la generación de energía a través del mar. Esta es una oportunidad de ampliar las fuentes energéticas renovables no convencionales en la matriz nacional y también de contribuir a la generación de energía a nivel local, solucionando en parte la complejidad que tiene la transmisión en Chile debido a la extensión de su territorio.


Se estima que el potencial bruto de energía mareomotriz en Chile es de unos 164 GW, una potencia “única en el mundo”. Según el estudio “Preliminary Site Selection – Chilean Marine Energy resources”, encargado por el Banco Interamericano de Desarrollo, con solo aprovechar un 10% de la energía mareomotriz disponible, se podría igualar la capacidad instalada de todo el Sistema Interconectado Central, haciendo innecesaria la construcción de otro tipo de centrales más contaminantes o inseguras.

En el mundo la capacidad instalada total de tecnologías basadas en la energía oceánica es de 535 megavatios (MW), una cifra insignificante en comparación con la capacidad global instalada de todas las energías renovables, que es de unos 2.600 gigavatios (GW), así lo señala el documento “Las energías renovables marinas: impulsan la economía azul” , publicado en 2020 y que resume las conclusiones de los estudios Fostering a blue economy: Offshore renewable energy e Innovation outlook: Ocean energy technologies, ambos publicados por la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA).

Lo interesante es que según las proyecciones de IRENA, la energía oceánica podría alcanzar los 10 GW de capacidad instalada en 2030. Y agrega que “aunque la energía oceánica está repartida por todo el planeta, algunos países europeos, como Finlandia, Francia, Irlanda, Italia, Portugal, España, Suecia y el Reino Unido, junto con Australia, Canadá y los Estados Unidos, son pioneros en este mercado, con un gran número de proyectos probados, desplegados y planificados. También cuentan con la mayoría de promotores de proyectos y fabricantes de dispositivos.”

Entre las mayores virtudes de la energía marina se encuentran que es previsible por lo tanto permite entregar energía continua, siendo por ejemplo un buen respaldo para otras renovables como la eólica y la solar; tiene bajos costos de implementación -al compararlos con los beneficios netos-, bajo impacto medioambiental y genera una reducción de los costos de la electricidad.

Dispositivo OPT. | Gentileza de Pontificia Universidad Católica

¿Y qué pasa en Chile?

A través de un trabajo conjunto entre distintos actores fue posible en Chile, en abril de este año, poner en funcionamiento el primer convertidor de energía marina a escala real, lo que es un paso importante para impulsar el desarrollo de la energía marina en nuestro país, la investigación científica aplicada y ampliar la generación hacia nuevas fuentes renovables y limpias.

El convertidor de olas forma parte de la plataforma “Open Sea Lab” del centro MERIC, iniciativa promovida por el Ministerio de Energía y CORFO, a través del concurso internacional “Atracción de centros de excelencia internacionales de I+D en energía de los mares”. MERIC es un centro liderado por la empresa Energía Marina SpA, perteneciente a Naval Energies de Francia y Enel Green Power Chile, y cuenta con la participación científico tecnológica de la Pontificia Universidad Católica de Chile y la Universidad Austral de Chile.

El convertidor está instalado a dos kilómetros de la costa de Las Cruces, en la Quinta Región del país y corresponde a una boya tipo Power Buoy (PB3) del proveedor estadounidense Ocean Power Technologies (OPT). Mide 13 metros de largo total (10 metros bajo superficie del mar) y estará anclada, flotando sobre una profundidad de 35 metros de fondo.

Para producir electricidad, la boya aprovecha la energía generada por el movimiento de las olas. Con éstas, el flotador se mueve de forma ascendente y descendente del mástil y este movimiento vertical, impulsa un sistema mecánico giratorio, el cual, a su vez mueve un generador. La energía eléctrica generada se almacena en baterías de litio con 50 kWh de capacidad, ubicadas dentro de la misma boya. El generador no está conectado por cables a la costa, sino que la energía se utiliza en el mismo lugar.

¿Cómo funciona el proyecto Open Sea Lab?

La energía generada por la boya, es aprovechada en el mismo lugar para alimentar sensores sumergidos, los cuales recopilan datos en tiempo real sobre la energía producida, la magnitud y dirección de las olas y de las corrientes, la temperatura, turbidez, pH, oxígeno y las fuerzas ejercidas en líneas de anclajes. Todos datos de alto interés científico que serán puestos a partir de septiembre a disposición del público, mediante un sitio web especialmente diseñado para este propósito.

Para consolidar esta información, la Pontificia Universidad Católica de Chile, a través de su Estación Costera de Investigaciones Marinas (ECIM), ubicada en Las Cruces, funciona como centro de operación y procesamiento de la información, que recibe desde la boya, vía conexión wifi.

Así esta plataforma entrega información importante sobre las condiciones del océano no solamente para investigar sobre la energía marina, sino que también sobre muchos otros ámbitos relevantes del océano costero, como cambio climático, corrientes y marejadas.

Dispositivo OPT. | Gentileza de Pontificia Universidad Católica

¿Cómo han sido los primeros meses de funcionamiento?

Como este es un piloto, actualmente se están estudiando dos cosas principalmente: primero, como se comporta la boya en sí y si se adapta o no a las condiciones locales y también cómo el equipo afecta el entorno.

Bárbara Parraguez, jefa del Proyecto Open Sea Lab.

“Chile tiene condiciones muy particulares con respecto a otros lugares del mundo en lo marino y geográfico, porque tenemos un oleaje más fuerte, también una productividad biológica increíblemente más grande. Y una mayor oxigenación en el mar. Por ejemplo, llevamos cuatro meses con el equipo y ya tiene pegado un montón de organismos en su estructura, que no necesariamente previmos y esto podría afectar el desempeño del equipo. Por otro lado, debemos evaluar cómo se comporta la tecnología en este entorno marino chileno y también con la variable del cambio climático. Por ejemplo, hemos comprobado en este poco tiempo, que si bien pasan muchos delfines por la zona, estos esquivan sin problemas la boya. Pero llevamos muy poco tiempo estudiando, necesitamos al menos un año para poder sacar unas primeras conclusiones”, nos cuenta Bárbara Parraguez, Jefa del Proyecto Open Sea Lab.

Lo importante es que desde el 18 de abril la generación de energía marina en Chile es una realidad. Bárbara asevera “no es un mito, está sucediendo y nosotros hemos operado 24/7 y recolectamos energía. Lo que pasa es que la electricidad no va a alimentar a la costa, sino que está alimentando los mismos sensores del lugar. Si se comprueba que la producción de energía eléctrica es estable, es confiable, que se mantiene en el largo plazo y no ocurren mayores problemas, de aquí al tercer año –en que termina el periodo de prueba de este equipo-, estaríamos preparados para recibir otro, quizás más grande e idealmente conectado a la costa.”

Los siguientes pasos a nivel país son sostener un diálogo ciudadano sobre el valor de este tipo de energía y sus impactos, generar mayor desarrollo tecnológico, superar las brechas en la legislación ambiental y la falta de infraestructura costera con conexiones a cables submarinos. Una vez que se vaya avanzando en estos desafíos, la inversión podría ser sostenida en el tiempo y ser impulsada al nivel estatal como ya se está haciendo con el Hidrógeno Verde.


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