¿Cómo mejorar la financiación sostenible en América Latina?

La campaña “Finanzas Sostenibles para el Futuro”, impulsada por diferentes organizaciones panamericanas, identifica las debilidades de la inversión sostenible pública en el continente y propone herramientas para alinear la economía con los objetivos climáticos


Latinoamérica se encuentra en una encrucijada. La combinación de crisis ambientales, de salud y económicas a las que se ha enfrentado el continente en el último año han evidenciado la necesidad de transformar los mecanismos de financiación e inversión en muchos países latinoamericanos. Sobre todo, para que gobiernos, empresas y sociedad civil puedan prepararse adecuadamente ante unos problemas que serán cada vez más comunes en un contexto de cambio climático. Y es precisamente esa transformación la que quiere impulsar la campaña “Finanzas Sostenibles para el Futuro: poniendo la vida al centro de las inversiones”, organizada por el Grupo de Financiamiento Climático para América Latina y el Caribe (GLAC) y el Observatorio Latinoamericano para la Acción Climática (OLAC).

El objetivo de la campaña no es otro que difundir información sobre la importancia de las finanzas como medio para la acción climática y sostenible, además de promover la alineación de los sistemas financieros con un desarrollo bajo en carbono y resiliente al clima. Además, se quieren mejorar las alianzas entre actores en Latinoamérica, impulsando diálogos entre actores gubernamentales y no gubernamentales para intercambiar buenas prácticas que permitan la transformación de las finanzas públicas y privadas.

Para cumplir con estos propósitos, el GLAC y el OLAC han lanzado esta semana la primera herramienta de monitorización del proyecto, llamada “Índice de Finanzas Sostenibles”. Este sistema permite cuantificar los ingresos, tanto nacionales como internacionales, de los que disponen los países latinoamericanos para combatir el cambio climático y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) asociados al mismo. De esta manera, se puede conocer también aquellos recursos que podrían estar obstaculizando dicho progreso, como actividades asociadas a la extracción y producción de combustibles fósiles, que son las principales emisoras de gases de efecto invernadero en el mundo.

En los próximos meses, la campaña lanzará otras dos herramientas para completar el proyecto: un “Hub de Finanzas Sostenibles” y unos “Diálogos de Financiación Climático y Sostenible”. Ambos pretenden ser espacios de diálogo en los que intercambiar experiencias que contribuyan a la creación y fortalecimiento de las finanzas sostenibles tanto en el sector público como en el privado, aunque el primero tendrá un carácter más profesional y técnico, mientras que el segundo buscará sobre todo visibilizar este proyecto panamericano.

Pero, por el momento, la presentación del índice sobre la sostenibilidad de las finanzas permite hacerse una idea bastante clara de las trayectorias de ingresos y egresos asociados al cambio climático y al desarrollo sostenible en Latinoamérica. Y es que, aunque este continente contribuye tan sólo al 9% de las emisiones globales, es también especialmente vulnerable a los efectos del calentamiento global y tiene un importante potencial de reducción de emisiones. Según apunta en el estudio, solo Honduras, Costa Rica, Jamaica, Nicaragua y Perú pueden presumir de tener actualmente una puntuación “muy alta” o “alta” en materia de finanzas sostenibles.

Ingresos internacionales

El resultado del Índice de Finanzas Sostenibles aplicado a la región de América Latina y el Caribe, aunque deja claro que no existe un país que tenga la puntuación máxima de 4, deja en un buen lugar a los países mencionados anteriormente, además de otorgar una calificación “media” a República Dominicana, Panamá y El Salvador. Sin embargo, las mayores economías de la región se encuentran todos en el rango “medio-bajo” o “bajo” al no llegar siquiera a los dos puntos. En el primer grupo entrarían Venezuela, Colombia, Brasil, Paraguay, Ecuador, Cuba, Uruguay y Bolivia, mientras que en el segundo encontramos a México, Argentina y Chile. El único país que obtiene una nota “muy baja” es Trinidad y Tobago.

Para elaborar este ránking, el estudio tiene en cuenta cuatro indicadores: ingresos sostenibles, ingresos intensivos en carbono, presupuestos sostenibles y presupuestos intensivos en carbono. Es decir, se analiza la inversión pública tanto internacional como nacional y se dictamina el peso que ha tenido en la economía los sectores más sostenibles y los más contaminantes a lo largo del último año. Sin embargo, los propios autores reconocen que el índice sólo mide finanzas públicas nacionales e internacionales, por lo que es posible que aquellos países con menores niveles de finanzas sostenibles públicas obtengan una mala nota a pesar de tener mayores inversiones del sector privado en la materia, como es el caso de Chile.

En el capítulo de ingresos, la parte sostenible se ha calculado con base en el porcentaje del financiación para el desarrollo dedicado a cambio climático respecto al total de la financiación internacional. Esto permite observar la enorme disparidad existente en Latinoamérica en cuanto a inversión internacional en cambio climático, ya que un grupo de seis países (México, Costa Rica, Bolivia, Guatemala, Perú y Brasil) concentran la mayor disponibilidad de ingresos sostenibles. El resto de la región se queda atrás, especialmente Argentina y Panamá, con tal solo un 0,06% y un 0,10% de la inversión total yendo a desarrollo sostenible.

hidrógeno verde
Vista aérea de cientos de módulos o paneles de energía solar a lo largo de las tierras secas en el desierto de Atacama, Chile.

En este punto, el caso de Colombia es especialmente reseñable, porque es el país que recibe más financiación para el desarrollo, pero solo un 0,89% está asociado a cambio climático. También es importante señalar que algunos países como Chile, Trinidad y Tobago, y Uruguay no se registran como receptores de esta financiación internacional dedicado a cambio climático en el año de estudio.

En cuanto a los ingresos intensivos en carbono, los resultados del análisis muestran que todos los países reciben ingresos internacionales, en mayor o menor medida, de la exploración y extracción de hidrocarburos y minerales. Sin embargo, en esta categoría destacan especialmente Ecuador (28,54%), México (23,51%) y Trinidad y Tobago (19,25%), por su dependencia del petróleo, aunque Perú (12,15%) y Chile (10,47%), los siguientes en la lista, lo hacen por sus explotaciones mineras. Solo Honduras (0,40%), El Salvador (0,26%) y Jamaica (0,11%) reciben menos de una centésima parte de la inversión internacional en sectores con fuertes emisiones de gases de efecto invernadero.

Presupuestos poco sostenibles

La tercera variable incluida en el Índice de Finanzas Sostenibles es “Presupuestos Sostenibles” (PS), la cual analiza el presupuesto que los países asignaron para cambio climático en el sector
ambiental, en energía renovable y eficiencia energética en el sector energético y en prevención y atención de desastres naturales. En este punto, los datos demuestran que la asignación de presupuestos sostenibles es aún limitada en los países latinoamericanos, pues no superó el 1% del presupuesto total en ninguno de ellos.

A pesar de este problema general, el ránking sitúa a Jamaica (0,58%) y Colombia (0,54%) como los países que más recursos destinaron a estos fines. A continuación, se sitúan Nicaragua (0,48%), Costa Rica (0,46%), Cuba (0,42%) Honduras (0,28%) y Ecuador (0,15%). Eso sí, los autores del estudio afirman que “es posible que se estén asignando recursos presupuestales a la atención del cambio climático sin que estos estén etiquetados, sin embargo, al no contar con dichas etiquetas, no es posible rastrearlos y, por lo tanto, contabilizarlos”.

Esta falta de financiación estatal sostenible es aún más preocupante si se tienen en cuenta los datos de los presupuestos intensivos en carbono, ya que refleja que algunos países de la región invirtieron una parte muy importante de sus presupuestos públicos en la explotación de hidrocarburos el pasado año. En el ranking se identifica que el país que realizó la mayor asignación presupuestal en esta materia fue Bolivia (29,28%), seguido de lejos por México (11,07%) y Paraguay (7,68%).

Sin embargo, ya hay algunos países que están invirtiendo más en adaptación y mitigación al cambio climático que en hidrocarburos, un dato que refleja un cambio de tendencia aunque todavía no es suficiente para que la sostenibilidad tenga el peso necesario en los presupuestos para cumplir con el Acuerdo de París. Es el caso de Costa Rica (0,005%), Perú (0,003%), Honduras (0,003%,) y República Dominicana (0,001%), donde la importancia de la inversión presupuestaria en hidrocarburos es casi insignificante.



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