Parque Karukinka en Tierra del Fuego, un secreto en el extremo sur del mundo - EL ÁGORA DIARIO

Parque Karukinka en Tierra del Fuego, un secreto en el extremo sur del mundo

Prístino e inexplorado es aún el Parque Karukinka. Su lejanía del territorio y a las complejidades de su acceso ha facilitado su cuidado y su rescate, permitiendo el conocimiento de sus bosques, turberas, flora y fauna, y también de sus amenazas. Un espacio de Chile repleto de vida e historia, que es necesario conocer y, por supuesto, cuidar


Hace 12 mil años Tierra del Fuego, en el extremo sur de Chile, fue un territorio donde habitaron comunidades de cazadores recolectores paleoindios, denominados Selk’nam, los cuales se desplazaban en búsqueda de alimento, cazando al guanaco, el cual les proporcionaba carne, cuero y pieles necesarios para su vestimenta; mientras que los nervios, tendones y huesos del animal eran utilizados para sus artesanías.

Hoy, sobre dicho territorio se emplaza el Parque Karukinka, “nuestra tierra” en dialecto Selk’nam, el cual constituye el área protegida privada más grande de Tierra del Fuego. En su límite sur, Karukinka posee un frente costero de casi 50 km a lo largo del Seno del Almirantazgo, un fiordo Patagónico que conecta el Parque Karukinka con el Parque Nacional Alberto De Agostini, ubicado en la margen sur del Almirantazgo, y el Parque Nacional Yendegaia.

Asimismo, Karukinka es parte de una cuenca binacional que incluye el río Azopardo y el lago Kami (Fagnano), conectándose así con dos áreas protegidas ubicadas en Argentina, la Reserva Provincial Corazón de la Isla y el Parque Nacional Tierra del Fuego. Este escenario permite integrar la conservación terrestre-marina a una escala ecológica adecuada, abriendo la posibilidad de maximizar los resultados de las acciones de conservación que se desarrollan en el territorio.

La riqueza y diversidad de Karukinka

El origen del Parque Karukinka se remonta al año 2004, cuando la organización Wildlife Conservation Society (WCS) y Chile recibieron la donación de 272.000 hectáreas de tierra en Tierra del Fuego, por parte del banco de inversiones Goldman Sachs, tras adquirir un portafolio de deudas de Trillium Corporation, empresa forestal estadounidense que era propietaria del predio.

Es así como nace el parque, con el objetivo de conservar la vida silvestre y sus ecosistemas, restaurando la calidad ecológica de éstos y salvaguardando la representación de los componentes de biodiversidad más importantes, asegurando así la continuidad de los procesos ecológicos que sustentan, como así también el patrimonio histórico y cultural asociado a los mismos.

Hoy, el Parque Karukinka alberga importantes extensiones de diversos ecosistemas del Cono Sur de América, como bosques templados subantárticos, turberas, ecosistemas altoandinos, estepa patagónica y la costa patagónica, que sustentan una importante diversidad de flora y fauna y proveen servicios ecosistémicos de alta relevancia tanto a nivel local como mundial.

Grupo de visitantes en el parque Karukinka. | Foto: WCS

Todas estas características, permiten que el parque sea una gran aula natural, lo que según Catherine Dougnac, médica veterinaria, doctora en Ciencias Silvoagropecuarias y Veterinarias, enfocada en Medicina de la Conservación y subdirectora científica del Parque Karukinka, “es muy entretenido, es algo muy llamativo sobre todo para nosotros, porque aunque estamos en la región donde más de la mitad de su territorio está protegido, lograr esa conexión con las personas o con estudiantes que no están tan conectados con la naturaleza es maravilloso. Es tan distinto estar en el bosque, por ejemplo, escuchar a los guanacos … alguien dijo “cuando uno siente, se emociona y ahí aprende”, entonces, esa es la manera más efectiva de transmitir conservación, por eso lo abrimos como aula natural”.

En total, la superficie del Parque Karukinka está compuesta en un 44% por bosques, 35% turberas, 6% vegetación andina y en un 1% por pastizales, mientras que la superficie restante corresponde a espacios sin analizar. Por ello, éste también es un espacio donde científicos de áreas relacionadas con conservación y uso sustentable de recursos, han convertido al parque en un laboratorio natural, donde realizan estudios tan diversos como análisis de turberas, monitoreo de especies marinas y terrestres, estudio de hongos, flora, fauna y minerales, entre otros.

Por su parte, WCS también realiza estudios, como el monitoreo a especies en la zona, por ejemplo, al zorro culpeo fueguino, una subespecie propia de Tierra del Fuego; los guanacos, una de las poblaciones más grandes de Chile; los cóndores que, aunque no nidifican en el parque, sí lo hacen en los alrededores; los elefantes marinos, ubicados en la costa del parque, y una colonia de albatros de ceja negra, ubicados en el Seno del Almirantazgo.

“Al monitorear estas especies y detectar variaciones en ellas, nos alertan tempranamente de la salud del ecosistema, de que algo está pasando y en particular, las especies marinas, como los elefantes marinos o los albatros, conectan tierra y mar, entonces el trabajar y monitorearlos es súper importante”, nos explica la subdirectora científica del parque.

Especies invasoras

Este trabajo que desarrolla WCS en la zona, también implica estar siempre atentos a las amenazas o potenciales riesgos que se desarrollan en el parque. Uno de ellos se relaciona con los castores, especies introducidas a Tierra del Fuego por el lado argentino hace más de cinco décadas, y cuyo impacto ha sido también sobre las lengas, o roble de Tierra del Fuego, especie que no resiste el exceso de humedad que se forma con las represas que arman los castores. “Las lengas viven en un ambiente seco, en el sentido de que el agua del parque está siempre congelada o hace mucho frío y hay poca humedad en el suelo. Al tener sus raíces poco profundas, si aumentas la humedad y la inundas, muere. Entonces ves árboles de pie muertos, que la gente cree que es por incendios, este es el riesgo en el bosque más denso que hay en estas latitudes”, nos explica Catherine Dougnac.

Parque Karukinka. | Foto: WCS

Por ello, desde hace años la WCS, junto a otros organismos públicos chilenos y argentinos, ha venido trabajando en diversos proyectos, a fin de erradicar esta especie, y por esto, hace tan solo algunas semanas, hicieron entrega de una estrategia para la gestión del control y erradicación del castor en Magallanes. “Obviamente, nosotros estamos convencidos de que es posible erradicar, y te hago acá una comparación con otras especies. Están los visones que, por un tema ecológico y por cómo funcionan, son imposibles de erradicar y uno ahí solo puede pensar en controlar en sitios prioritarios. Si bien el castor es un roedor, no se reproduce tan rápido y siempre está asociado a cursos de río, entonces técnicamente es posible erradicar, lo que implica una inversión alta, obviamente por ser una región tan grande se requiere gran coordinación, y que el esfuerzo sea continuo”, explica la subdirectora científica de Karukinka.

“Estando en Magallanes y en una zona tan aislada, otro de los riesgos que afortunadamente no lo hemos vivido de cerca, son los incendios, es una amenaza siempre latente para nosotros, pues acá ha hecho mucho calor también. En el parque la temperatura más alta eran 10 grados, y hace unos dos años hubo 28 grados”, explica la científica, quien expone un problema asociado a las alzas de temperatura a raíz del cambio climático.

Los residuos, como el plástico, son otro grave problema que enfrentan hoy y que, producto de las corrientes y el viento, llegan a la zona costera del Parque Karukinka, afectando gravemente el ecosistema ahí presente. “Es un riesgo desde varias puntos, de que los animales se pueden enredar y tener problemas, hasta incorporarse en las cadenas alimenticias, ya hay albatros que hacen nidos con plásticos, algunos alimentan a sus polluelos con plásticos, por lo que el crecimiento de ese polluelo va a ser más lento”, explica Dougnac.

Pájaro carpintero en el Parque Karukinka. | Foto: WCS

También en el parque hay presencia de animales domésticos mal manejados, como los perros asilvestrados, o el ganado bagual (salvaje), como chanchos, vacas y caballos, los cuales compiten con el guanaco, lo desplazan; se comen su alimento, y también transmiten enfermedades, mientras que los perros salvajes acosan a la fauna, la persiguen y generan un estrés, que provoca consecuencias fisiológicas, como el aborto de algunas especies.

“En el parque siempre lo que vamos a buscar es reducir estas amenazas, y ojalá eliminarlas, para tratar de mantener el ecosistema, al menos como lo tenemos hoy en día y recuperar lo que hemos perdido, y a través de la ciencia nosotros podemos ir buscando mecanismos que nos ayuden a hacer este proceso más rápido. Evidentemente, hay una presión que viene desde la sociedad y se entiende que está aumentando la población, y que van a haber siempre nuevas amenazas, nuevos desafíos y lo importante es estar siempre alerta, haciendo estos monitoreos para ir detectando de manera temprana nuevas amenazas que vayan surgiendo y poder responder”, nos explica la subdirectora científica del parque.

Guanacos en el Parque Karukinka. | Foto: WCS

Quien, además, aclara que “nosotros no queremos que la gente se mantenga lejos del parque. Reconocemos que como seres humanos usamos la naturaleza, pero el desafío acá es cómo llegamos a un terreno, que originalmente no está tan invadido, que es de las zonas más silvestres, de la mejor forma posible desde el inicio, para que todo lo que se desarrolle en el área o alrededor sea sustentable en el tiempo”, enfatiza la científica.

Y lo hace invitando a conocer la rica diversidad de esta parte de Chile. “A veces tendemos a pensar que nuestro país es medio aburrido en diversidad, cuando uno es niño piensa que los peces en Chile son en blanco y negro, por ejemplo, y que no está esa cosas de colores que uno ve en el Caribe, pero hay que estar siempre con los ojos abiertos, porque nuestra fauna es tímida, como los chilenos, hay que estar atentos, hay que ser respetuosos para que se manifieste, porque tenemos muchas especies en el parque, desde los bichitos más chiquititos y los hongos, hasta las grandes lengas y los guanacos, que son los herbívoros terrestres más grandes que tenemos en nuestro país”.



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