Ciclo del agua y mercados agrícolas - EL ÁGORA DIARIO

Ciclo del agua y mercados agrícolas

El inicio de la andadura de “El Ágora, diario del agua” es un momento idóneo para poner encima de la mesa los principales retos a los que se enfrenta el sector del agua en España y su impacto sobre el resto de ramas productivas de la economía, especialmente la agrícola y ganadera

Javier Santacruz Economista del Instituto Agrícola San Isidro


Tiempo de lectura: 4 minutos

Si se revisa, aunque sea de forma somera, la literatura tanto generalista como especializada en agua, la palabra que más se repite es la de “reto”, siendo tema central de discusión la seguridad en el suministro de agua ante condiciones climatológicas y medioambientales cada vez más desfavorables. Sin embargo, en pocas ocasiones, se menciona la palabra “oportunidad” que nace del significado más profundo de la palabra “crisis”: tener la oportunidad de generar un nuevo modelo que conjugue adecuadamente la calidad y el suministro de agua para todas las actividades humanas y animales desde el respeto al medioambiente y bajo un principio de sostenibilidad económica.

Regadío

Partiendo de este enfoque de “oportunidad”, en primer lugar es necesario encontrar un orden o, mejor dicho, pasar del “desorden” actual al “orden” de largo plazo. Y aquí es donde surge el primero de los problemas: la falta de un mercado único y estable del agua en España que apueste por una gestión del Ciclo Integral del Agua con instalaciones modernas que favorezcan el desarrollo sostenible, aprovechen los recursos y generen energía limpia. En pocas ocasiones se le presta la atención que merece a este hecho, puesto que si no hay mercado, no puede haber señales de oferta y demanda y, por tanto, no puede haber una fijación de precios que recoja toda la información disponible y relevante en el mercado.

Dejando a un lado honrosas excepciones en algunos territorios y circunstancias concretas donde sí funciona la ley del mercado, lo que existe en este momento son señales de precios que reflejan los costes imputados, no la realidad de la oferta y la demanda. El agua es un recurso básico sometido a grandes presiones por el lado de la demanda, y un recurso clave para la vida ya que no solo es esencial para beber y para la higiene sino que es una de las principales palancas para el crecimiento de la productividad y la competitividad de los sectores de la economía como el sector agrícola en los próximos años.

regadio
El 89% de los regantes presenta ya un buen estado cuantitativo

En segundo lugar, sin agua no hay agricultura. El agua, a través de las diferentes tecnologías de regadío ha sido uno de los pilares, junto con la revolución mecánica y química, sobre los que descansa el gran incremento en la producción agrícola de las últimas décadas. En el futuro, el agua seguirá siendo una pieza imprescindible para alcanzar este importante reto más vivo que nunca, junto con el de alimentar a una población creciente con un cambio sustancial de los hábitos alimenticios que necesitan un mayor consumo de agua.

Es por ello fundamental un fortalecimiento de las “tres I”: instituciones, incentivos e innovación. En primer lugar, es necesario favorecer un régimen legislativo estable en el ámbito del agua. Esto incluye un marco regulador único y estable y que permita la sostenibilidad económica de las importantes infraestructuras que vamos a necesitar para hacer frente a este importante reto en los próximos años, favoreciendo instalaciones modernas que favorezcan el Ciclo Integral del Agua aprovechando hasta la última gota, favoreciendo el desarrollo sostenible y generando energía limpia.

Imagen de Peggy und Marco Lachmann-Anke en Pixabay

Lo anterior exige, a su vez, contar con un sistema de precios en el sector del agua que refleje de la mejor manera posible el coste real de generar, transportar y poner a disposición el agua en forma de recurso económico productivo para sus diferentes usos. Esto es importante tanto para el uso urbano del agua –para asegurar un buen consumo– como en el ámbito agrícola e industrial al ser un input básico para acelerar e incentivar la innovación, un uso eficiente de los recursos y una inversión continua en mejores sistemas de riego. El caso de Israel, por ejemplo, constituye un magnífico ejemplo de cómo los precios actúan como poderoso incentivo.

Este marco legislativo estable y sistema de precios eficiente que refleje el verdadero coste del agua es un elemento central e imprescindible para el buen uso de este recurso a lo largo de todas las fases del ciclo de vida: desde la generación, hasta su distribución minorista. Esto exige una correcta asignación de los derechos de propiedad y un marco regulador que permita la sostenibilidad económica y medioambiental del grueso de compañías del sector. La colaboración público-privada es, en este campo, un elemento fundamental como alineación de intereses entre los reguladores y las empresas gestoras del recurso donde los primeros velan por el interés general de la sociedad y los segundos crean valor en los procesos y consiguen que el agua llegue a los consumidores en condiciones adecuadas, rentables económica y socialmente y respetando el medio ambiente.

En definitiva, el agua es un recurso escaso y al mismo tiempo fundamental para la vida, lo que exige creatividad, innovación, inversión, tecnología y la existencia de unos mercados eficientes. No hay espacio para el populismo ni las abstracciones utópicas. La experiencia histórica demuestra cómo intervenciones innecesarias o la pérdida de sentido económico con respecto al agua únicamente incrementan el desperdicio de agua y suben peligrosamente las posibilidades de contar con situaciones de estrés hídrico. Desde un punto de vista global, la existencia de un entorno estable con respecto al libre comercio es otro elemento higiénico fundamental para garantizar el mejor uso de los recursos hídricos desde un punto de vista global; un tema especialmente sensible para aquellos países con un déficit estructural en su balanza agrícola.

El agua es una mega-tendencia fundamental en los próximos años por el reto que supone alimentar a una población creciente y con más consumo de agua.

Javier Santacruz es economista del Instituto Agrícola San Isidro



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