Compensación de indicadores de biodiversidad, una oportunidad para las empresas - EL ÁGORA DIARIO

Compensación de indicadores de biodiversidad, una oportunidad para las empresas

En pocas ocasiones nuestras empresas han considerado la posibilidad de compensar su huella hídrica, de carbono o la que provocan sobre la biodiversidad

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La crisis ambiental que sufre el planeta tiene múltiples causas, como las emisiones de los gases de efecto invernadero, la deforestación, el consumo de agua potable y su contaminación, la inadecuada gestión de residuos y, en especial, de plásticos, etc.

Es hora de superar la idea de que sólo hay una forma de reducir la huella de la actividad humana, que hasta la fecha sólo se ha relacionado con la emisión de carbono.

En pocas ocasiones nuestras empresas han considerado la posibilidad de compensar, por ejemplo, su huella hídrica o la que ocasionan sobre la biodiversidad.

Existen muchas oportunidades en España para poder unificar la compensación de las tres huellas en proyectos comunes, en las que la conservación de importantes espacios naturales conlleve la recuperación conjunta de carbono y agua, además de mejorar la imagen y reputación de la empresa en los mercados.

Carricerín cejudo (Acrocephalus paludicola). | Zymantas Morkvenas

Un ejemplo de posibilidad de compensación de las tres huellas son los proyectos de restauración de humedales que gestiona la Fundación Global Nature. Desde 1993, la Fundación ha invertido cerca de 19 millones de euros en más de 14.000 ha de humedales, tanto de España como en otros países donde ha cooperado.

Hasta la fecha, las empresas relacionan el concepto de compensación de su huella con favorecer sumideros de carbono mediante el apoyo de proyectos de plantaciones de árboles.

Pero la empresa española, a diferencia de la de muchos países de nuestro entorno, se enfrenta también al reto de la escasez de agua como recurso productivo.

Compensar su impacto sobre el ciclo del agua aparece como una nueva necesidad y, por qué no, una estrategia de mercado que muchos consumidores valoran ya.

En paralelo, tampoco podemos dejar de lado la compensación de la huella sobre la biodiversidad, es decir, los impactos sobre fauna, flora y ecosistemas, como una nueva estrategia de mercado de muchas compañías, especialmente del Norte de Europa.

España alberga la mayor biodiversidad de Europa Occidental; por ello, esta debería ser una de sus estrategias fundamentales, tanto de responsabilidad social como de negocio.

Compensación en humedales: LIFE Paludicola

Uno de los principales problemas que sufren los humedales mediterráneos estacionales es la colmatación de sus cubetas por el avance de los carrizales, al perderse la gestión tradicional y periódica de los mismos, ya sea por quemas, pastoreo o siegas controladas.

Las cañas (Arundo donax) especie invasora muy abundante en las zonas húmedas y carrizos (Phragmites australis) son dos gramíneas con gran capacidad invasiva que cierran las aguas abiertas o con juncales dispersos, necesarias para la alimentación y el desplazamiento de la avifauna y para muchas especies de anfibios, peces e insectos.

También es necesaria la entrada de luz solar para muchas especies de flora acuática sumergida básica para toda la pirámide trófica.

La Fundación Global Nature trabaja, por ejemplo, en el control de carrizales mediante la retirada de biomasa con máquina anfibia, siegas, decapados y pastoreo controlado en nueve humedales de la Comunidad Valenciana (Marjal de Pego-Oliva, Albufera de Valencia, Marjal del Moro en Sagunto y Prat de Cabanes-Torreblanca), Castilla y León (Lagunas de Fuentes de Nava, Pedraza y Boada de Campos) y Castilla-La Mancha (Lagunas de Villafranca de los Caballeros y Manjavacas en Mota del Cuervo), gracias al programa LIFE Naturaleza de la Unión Europea.

El objetivo principal de este proyecto llamado LIFE Paludicola es la recuperación de láminas de agua abierta y juncales para favorecer el hábitat específico del carricerín cejudo (Acrocephalus paludicola), el paseriforme más amenazado de Europa, que cría en el Norte de Europa y cruza la Península Ibérica en sus rutas migratorias hacia Senegal y otros países del Oeste de África.

Los carrizales segados se trituran y ofrecen gratuitamente a los agricultores y ganaderos del entorno. De esta manera, se fijan toneladas de materia orgánica en los suelos agrícolas y se ofrece una alternativa a la fertilización natural a la vez que se consigue una enmienda y estructuración de los terrenos agrarios que rodean estos humedales. Los agricultores y ganaderos, que utilizan esta biomasa triturada como cama para el ganado, perciben así estos proyectos de mejora de la biodiversidad y de regulación de los ciclos hidrológicos como un proyecto mutuamente beneficioso e, incluso, analizan la posibilidad de utilizarlo como una herramienta de comercialización diferenciada de sus producciones hortícolas.

Los carrizales segados se trituran y se ofrecen gratuitamente a los agricultores y ganaderos del entorno.

El proyecto tiene así un balance positivo frente a las emisiones de carbono y, por tanto, para la protección del clima. Las acciones de siega en más de 300 hectáreas, donde la materia vegetal se reconvierte en compost para otros cultivos o cama para el ganado, permiten evitar la emisión a la atmósfera de entre 3.000-4.500 t de CO2, utilizando ese carbono como materia orgánica mejoradora de suelos. Además, la reutilización de este recurso natural, en el propio lugar donde se produce, reduce la necesidad de transportar estos recursos de otros lugares, disminuyendo así las emisiones por parte del transporte.

Al contrario de los que pudiera pensarse, la no actuación sobre en estos carrizales no supone una medida de conservación, ya que el exceso de materia orgánica en la cubeta, además de provocar su colmatación provoca el deterioro de la calidad del agua y la emisión de gases producto de su quema o por descomposición, cambiando su papel de sumidero a emisor.

Además de mejorar el hábitat para el carricerín cejudo y otras especies palustres amenazadas como el carricerín real, bigotudo, escribano palustre y numerosas anátidas y ardéidas que necesitan estos espacios abiertos, en estas 300 hectáreas se recupera un volumen de agua de alta calidad, de entre 1 y 1,5 millones de metros cúbicos de agua, según el régimen hídrico.



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