El agua urbana y los ODS - EL ÁGORA DIARIO

El agua urbana y los ODS

Por alguna razón, cuya justificación se me escapa, el ciudadano medio español mayoritariamente urbanita ha perdido la cultura de valorar el agua

Fernando Morcillo Presidente de la Asociación Española de Abastecimientos de Agua y Saneamiento (AEAS)


Pero sobre todo desconoce la complejidad, tecnificación y recursos que la sociedad, a través de los operadores especialistas en servicios urbanos, emplea para desempeñar las continuadas tareas (24X365) que exigen los servicios de abastecimiento y saneamiento.

Y ello, a pesar de los programas de información, talleres escolares, jornadas de puertas abiertas y otros mecanismos de divulgación que los operadores desarrollan para explicar la razón y tecnología asociada a la prestación de estos servicios.

Quizás la explicación hay que encontrarla en la razonable eficiencia de estos servicios. En abastecimiento, la continuidad del servicio y la seguridad en el suministro de agua, siempre con aptitud para el consumo humano, sin fallos, problemas o disminución del asumido confort. En saneamiento, porque el agua usada y contaminada desaparece por los desagües domésticos y parece que los ríos han mejorado gracias a la depuración de las aguas residuales.

Suelo repetir que hoy, en España, estamos de notable en abastecimiento y que en saneamiento solo aprobamos “por los pelos”, pero que tenemos el problema de la sostenibilidad del mañana, del futuro cercano.

Y lo repito porque hay claros indicios para preocuparnos por las nuevas generaciones y por los servicios que les dejaremos que, de seguir así, seguro que serán de insuficiente, de suspenso.

Cuando en el año 2015, como parte de una nueva agenda de desarrollo sostenible, los líderes mundiales adoptaron un conjunto de objetivos globales para erradicar la pobreza, proteger el planeta y asegurar la prosperidad para todos, obviamente no se olvidaron del agua. Y aunque implícitamente forma parte de la gran mayoría de los 17 objetivos, se le ha dedicado uno específico: el número 6. Lo explicitaron concretamente como AGUA LIMPIA Y SANEAMIENTO.

Tengo que reconocer que las primeras veces que me acerqué a estos objetivos, a sus premisas y sus metas, me pareció que eran una especie de rejuvenecimiento de los Objetivos del Milenio, con los que la comunidad mundial enfocó la preocupación global y la necesidad de cooperación internacional a principios del siglo XXI. Sin embargo, los encuentros con expertos nacionales e internacionales me sacaron de mi error. Esta nueva agenda no sólo pone el foco en los países en vías de desarrollo, en las fuertes carencias que existen a nivel mundial, sino que también indican que es preciso centrarse en lo nacional, en lo autonómico y en lo local. Este enfoque hacia lo cercano, lo inmediato, lo propio o lo que nos concierne como sociedad, es esencial y definitorio de la evolución de las agendas mundiales que se concretan en los ODS.

Cada objetivo tiene metas específicas que deben alcanzarse en los próximos 15 años. Para cumplirlas todo el mundo tiene que hacer su parte: los gobiernos, el sector privado, la sociedad civil y las personas.

Los relativos al agua se resumen, muy sucintamente, en:
– Lograr el acceso universal y equitativo al agua potable y al saneamiento, a un precio asequible para todos y especialmente para los más vulnerables.
– Mejorar la calidad del agua reduciendo la contaminación.
– Aumentar considerablemente el uso eficiente de los recursos hídricos.
– Implementar la gestión integrada de los recursos hídricos a todos los niveles, incluso mediante la cooperación transfronteriza.
– Proteger y restablecer los ecosistemas relacionados con el agua.
– Ampliar la cooperación internacional y el apoyo prestado a los países en desarrollo.
– Apoyar y fortalecer la participación de las comunidades locales en la mejora de la gestión del agua y el saneamiento.

Si los analizamos en lo que nos afecta, en una primera aproximación podríamos decir que nuestra gobernanza, administración y gestión se encuentran alineadas con estos objetivos. Pero, no nos equivoquemos, somos una sociedad desarrollada y debemos mantener una posición ambiciosa en relación con el máximo nivel de cumplimiento de estas metas en nuestros territorios. Es oportuno que profundicemos y nos hagamos alguna pregunta: ¿realmente estamos haciendo las cosas de acuerdo a los principios y estrategias de los ODS, según nuestro nivel de desarrollo?

Tenemos que ser críticos y rigurosos. Parecería que el primer objetivo lo cumplimos pero, ¿realmente podemos asegurar el nivel de calidad y seguridad en la prestación de estos servicios a las siguientes generaciones? Desde nuestra óptica la respuesta es negativa.

Sabemos que Europa nos está abriendo expedientes sancionadores por el incumplimiento de la Directiva 271/91 sobre Aguas Residuales porque los vertidos de un 15% de la población no son conformes con las exigencias autoimpuestas. Por tanto no cumplimos.

¿Estamos reduciendo la contaminación? Creo que no estamos trabajando con el impulso y esfuerzo que requeriría la situación, ni preventiva, ni correctivamente.

Culturalmente no hemos asumido todavía el criterio de mejorar la calidad de las masas de agua ─que es el gran reto de la Directiva Marco del Agua (DMA)─ y tenemos que mejorar los mecanismos de transparencia hacia la sociedad para apoyar y fortalecer la responsabilidad y participación de los usuarios.

Los profesionales de la operación de los servicios urbanos del agua venimos reclamando de nuestras autoridades cinco acciones básicas, que ayudarían al cumplimiento de los ODS:
-Avanzar en la resolución del déficit actual de infraestructuras, con especial enfoque en la renovación de nuestro poderoso parque actual. Ello solo se puede hacer mediante un esfuerzo sostenido de inversión.
-Implantar procedimientos claros de recuperación de costes y establecer criterios sostenibles para repartir las cargas, siguiendo la premisa de la DMA respecto a la contribución adecuada por parte de los usuarios. Hay que reforzar el papel de las tarifas, ya que demuestran ser el instrumento económico más eficiente y justo.
-Armonizar la profusa legislación y normativa, de modo que se reduzcan las excesivas heterogeneidades entre localidades y territorios, y establecer un cuerpo regulador que asegure el cumplimiento del marco básico.
-Fomentar de forma efectiva, real y práctica la innovación. El empleo de la “compra pública innovadora” por parte de las Administraciones Públicas y una coordinación de las acciones investigadoras elevando su escala, magnitud y sinergias, favorecerían esta apuesta.
– Debe ser promovido por todos los actores un acuerdo político y social sobre el agua, para derivar de él una “estrategia de Estado” a medio y largo plazo.

No quiero concluir sin insistir, también, en la importancia del ODS 17 para avanzar en la eficiencia de los servicios urbanos. Parafraseando su propio enunciado, se hace necesario tomar medidas para facilitar y activar las alianzas entre actores.

En la coyuntura actual, me preocupa que no se analice con rigor el tradicional y exitoso papel de las colaboraciones público-privadas, que tan buen resultado y ejemplos han dado en España desde hace siglo y medio y que, por posicionamientos radicales sin base justificable ni real, haya responsables políticos que pretendan minimizarlas o eliminarlas, cuando a nivel mundial (ONU, OCDE, Unión Europea, etc.) se busca, precisamente, la integración y la cooperación, es decir, las alianzas.

Asimismo, me preocupa que actualmente sean tan débiles las alianzas público-públicas entre la administración local, que es quien tiene las competencias en materia de servicios de agua urbana, y las administraciones de rango superior. Es preciso reforzar estas alianzas.

Para todo ello, el ciudadano tiene que volver a reconocer la importancia y el verdadero valor del agua y debe asumir una responsabilidad que ha perdido u olvidado. Todos debemos contribuir a ello. La formación, la información transparente y comprensible, así como la involucración, ayudarán a cumplir nuestras deficiencias actuales preparándonos para el futuro. Las metas planteadas por los ODS son unos buenos referentes para conseguir el uso sostenible y racional del agua.


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