El virus de la nacionalización, por Diego Jalón

El virus de la nacionalización

En esta tribuna en El Ágora, Diego Jalón defiende la eficaz respuesta y la gran disposición a ayudar que las empresas españolas están mostrando durante la epidemia de coronavirus y el Estado de Alarma.  Ante eso, las consignas de partidos como Unidas Podemos en favor de la nacionalización de servicios quedan desnudas de sentido. Son soflamas doctrinarias en favor de un comunismo desfasado

Mucho se ha criticado, yo también lo he hecho con dureza, el afán de Pablo Iglesias por conseguir algo de protagonismo estos días, aunque sea a costa de saltarse, incluso dos veces, el aislamiento que se impone al resto de los españoles, los que no forman parte de la casta de los vicepresidentes de Galapagar. Pero esta obsesión tiene una explicación: Pablo ha perdido su sitio, su vicepresidencia se ha quedado vacía y solo le queda escaparse de casa a hurtadillas para conseguir un micrófono desde el que lanzar discursos ideológicos, cuando lo que ahora se requiere es gestión.

Y precisamente por eso, ahora Pablo no sirve, porque él es pura ideología, mera imagen insustancial. Solo verle junto a Illa, un ministro de Sanidad que tampoco es precisamente Churchill ni Adenauer, nos permite constatar su diminuta y ridícula dimensión política. Él es un personaje creado para un mundo que ha saltado por los aires, en el que su papel era llamar machista al ministro de Justicia, pedir a los agricultores más presión, intrigar para sacar réditos políticos de su connivencia con los independentistas y vender soluciones sencillas e inmediatas a problemas complejos, como rebajar los alquileres a golpe de decreto. Y lo mismo le ocurre a todo su partido.

“No sabemos cómo acabará la epidemia, pero lo que es seguro es que el viento del coronavirus ya se ha llevado por delante el ‘gobierno de progreso'”

Su guion ha saltado en pedazos. Ni él ni su partido son nadie en el Gobierno. Es muy posible que el mundo no vuelva a ser el mismo, que esta epidemia no acabe como acaban las guerras, con la gente abrazándose en las calles, llenando los bares y volviendo a sus vidas como el que despierta de un mal sueño. Es muy posible que nos queden secuelas permanentes o por lo menos muy largas de curar. Pero lo que es seguro es que el viento del coronavirus ya se ha llevado por delante el “gobierno de progreso”, los presupuestos, la reforma del Código Penal, la Ley de Igualdad de la ministra consorte, la agenda social o la “mesa de diálogo”. Eso lo sabe hasta el tonto de Torra, no hay más que ver cómo se afana ahora en conseguir la independencia a costa del coronavirus.

Pablo Iglesias y Podemos se están dando cuenta, tarde, del gran error que cometieron al entrar en el Gobierno, incluso de su falta de visión al rechazar por dos veces el Ministerio de Sanidad porque, decían, “no tiene competencias”. Están atrapados, fuera del núcleo duro que toma las decisiones, ven que no se van a poder cobrar por ningún medio su apoyo a Sánchez.

“La nueva consigna es volver a vendernos las ventajas económicas del comunismo, ese sistema donde el poder es un fin en sí mismo”

Solo les queda una salida, una pequeña rendija para tratar de salvarse y se han lanzado de lleno, aunque haya que saltarse la cuarentena y romper todos los pactos. Ahora ya no pueden vendernos las bondades del feminismo excluyente, ni las del ecologismo apocalíptico, totalitario y prohibicionista, que hasta eso les ha arrebatado el coronavirus, más eficaz en la reducción de emisiones que un millón de Gretas. Así que la nueva consigna es volver, en una especie de día de la marmota, a vendernos las ventajas económicas del comunismo y de las nacionalizaciones, de ese sistema en el que el poder, más que un medio, es un fin en sí mismo.

Esa patraña que ya ni ellos mismo se creen -por eso estaban volcados en otras causas “progresistas”- se les antoja ahora su tabla de salvación. Y vuelven a la carga contra todo lo privado, pese a que todos estamos viendo cómo las iniciativas particulares van estos días siempre por delante de la imprevisión de los gobiernos, cómo la sociedad civil demuestra siempre en los momentos difíciles su agilidad y su eficiencia.

Nos quieren salvar del coronavirus inoculándonos el virus de la nacionalización. Vuelven a la carga con todas esas mentiras que ya nos contaban en 2008 y tratan de convencernos, otra vez, de que la especial gravedad de aquella catástrofe en España la provocaron las políticas de austeridad y la banca privada. Es la teoría de ese otro totalitario, los extremos se tocan, de que una mentira repetida mil veces se convierte en verdad.

“El coronavirus se cura en un gran porcentaje de casos, pero el virus de la nacionalización es crónico”

Su receta para salir de esta vuelve a ser la de siempre, la que siempre ha fracasado y hundido en la pobreza a los países que la han aplicado: intervenir la economía, nacionalizar, eliminar la iniciativa privada, dejar todo en manos del Estado. Esa receta que tan bien funciona en Cuba, en Venezuela o en Corea del Norte.

En realidad, ese ha sido siempre su proyecto. Por eso se empeñan en las municipalizaciones de los servicios públicos allí donde gobiernan, tratando de apartar a las empresas y de destruir un modelo de colaboración público-privado que siempre ha demostrado su eficiencia y su calidad. Por eso se empeñan en crear bancos nacionales o compañías estatales de electricidad e insisten en demonizar la sanidad o la educación privada, a la que luego recurren cuando se trata de educar a sus hijos o de curar sus enfermedades. Porque su verdadero objetivo es el poder absoluto y totalitario.

Lo mejor de todo esto es que se han quitado la careta del progresismo y nos revelan, ya sin pudor, su verdadera identidad comunista. Decía Orwell en su Rebelión en la Granja que “el resultado de predicar doctrinas totalitarias es debilitar el instinto por medio del cual los pueblos libres saben lo que es o no es peligroso”. Y eso intentan, lo que resulta particularmente repugnante, aprovechando esta situación dramática.

Creo que a estas alturas casi todos tenemos ya calado al personaje y a lo que va quedando de su partido, pero no está de más que estemos prevenidos. No van a dejarse diluir por la historia sin intentar engañarnos de nuevo. Y ya se sabe, cuando alguien te engaña una vez es culpa suya, pero si te engaña dos veces… No vayamos a salir de esta crisis pasajera para caer en una permanente, porque el coronavirus se cura en un gran porcentaje de casos, pero el virus de la nacionalización es crónico.



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