Sobre el pacto de reconstrucción nacional después de la pandemia - EL ÁGORA DIARIO

Sobre el pacto de reconstrucción nacional después de la pandemia

Vuelve a El Ágora Ramón Tamames, Catedrático de Estructura Económica, Catedra Jean Monnet de la UE, y miembro de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, para analizar las claves que rodean al plan de reconstrucción nacional que se perfila en el Congreso de la nación

Ramón Tamames Catedrático de Estructura Económica. Cátedra Jean Monnet de la UE. De la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas


El pasado jueves 16, El Ágora publicó un artículo mío con el título “Desescalada del confinamiento: cuestiones previas y metodología”. Una colaboración en que me permití recordarle a la Ministra para la Transición Ecológica, y Cuarta Vicepresidenta del Gobierno, Teresa Ribera, una serie de cuestiones relacionadas con el “Plan Moncloa” que, con un equipo de colaboradores, le encargó el Presidente del Gobierno. Por lo demás, no sé si esa encomienda a Doña Teresa se mantiene en los mismos términos originarios, o si tras las idas y venidas de los últimos días, ha cambiado algo o mucho. Como consecuencia del acuerdo al que han llegado Pedro Sánchez y Pablo Casado.

Siendo mi presente escrito de hoy continuación del de hace justo una semana, lo cierto es que desde el 16 de abril ha llovido bastante. Y por fin ya no se oye hablar, disparatando a tope, de fórmulas como el Plan Marshall para la UE, que no venía a cuento; ni de unos segundos Pactos de La Moncloa para España en un contexto nada comparable hoy con el de 1977.

Lo que parece que ahora quiere diseñarse son unos acuerdos mínimos para tratar de controlar la hemorragia de decisiones que está tomando el Gobierno Sánchez, sin previa discusión en el Congreso, merced al artículo 86 de la Constitución; que permite exclusivos Reales Decretos-Leyes del Gobierno, en casos extraordinarios y de urgente necesidad.

Más en concreto, el nuevo instrumento será una Comisión Oficial en el Congreso de los Diputados, que sirva de plataforma para preparar el que ya se denomina Pacto de Reconstrucción Nacional de la Pandemia; con cuatro mesas: Economía, Sanidad, Estado de Bienestar, y Ayudas de la UE. Nada, pues, comparable a una gran mesa negociadora de todo, sino con un área limitada; excluyéndose, desde el principio, a VOX y ERC. Y de los indepes, que apoyaron la investidura de Sánchez, se supone que cero bajo cero.

En mi anterior artículo del 16 de abril, recomendaba hacer la desescalada para la vuelta a la actividad normal, según un cierto detalle, de los sectores agrario, industrial y de servicios, con su desglose en las Cuentas Nacionales. Y en cuanto al factor humano, el trabajo, también se preveía el retorno escalonado a la normalidad, según la lista de actividades concretas de la Clasificación Nacional del INE. A tales efectos, introduje en ese artículo dos cuadros sobre PIB y empleo por ramas de producción, que creo siguen siendo útiles.

Hoy, querría hacer algunas recomendaciones más de cara a los intentos de acuerdo PSOE/PP. Para lo cual, será indispensable una visión de todo el cuatrienio 2020/2023, porque la situación, además de grave, es compleja, y las dificultades y ajustes se prolongarán por más tiempo de lo que en un principio hubiera podido preverse.

Para esa proyección al cuatrienio, hay que hacer una serie de cuantificaciones razonables sobre cómo evolucionarán variables como el gasto público y privado, formación bruta de capital fijo, relaciones con el exterior, etc. Explicitando, para empezar, la intensidad de la recesión a que llegaremos, que según el FMI sería del 8 por 100 del PIB, y del 13 en la estimación del Banco de España. En un artículo anterior nuestro (25.III.2020), calculamos en El Ágora una tasa de recesión del 11,28, pero al día de hoy, siendo el panorama mucho más sombrío que hace unas semanas, no deberíamos descartar que la recesión pudiera situarse en el 15 por 100 del PIB.

En el cuadro de escenario macroeconómico –al que debe unirse un proyecto de ley de acompañamiento por las cuestiones fiscales, financieras y sociales—, habrá que proyectar los años 20 a 23, y a partir de esa especificación y otras, elaborar los Presupuestos Generales del Estado para el mismo cuatrienio 2020/2023.

Los presupuestos en cuestión habrán de situar de un lado los recursos propios (sólo aumentables con deuda pública del Estado en su conjunto, y endeudamiento de las empresas), más el apoyo que pueda venir de la UE; como los fondos estructurales de la Comisión; y los del BCE para liquidez bancaria y compra de deuda pública y bonos corporativos. Sin olvidar al vituperado MEDE, para convenios especiales de inversión y empleo. Teniendo en cuenta, además, los acuerdos que puedan alcanzarse por el Eurogrupo, en el marco del Consejo Europeo y de la Comisión. Ya sean transversales, o de carácter Norte-Sur.

Por lo recién dicho, está claro que habrá un fuerte endeudamiento del Estado para financiar la Seguridad Social (ERTEs incluidos), y de más lucha contra el paro en sus diversas manifestaciones. Rechazando la más que controvertida renta mínima vital, por ser un factor más retardatario que otra cosa de la vuelta al trabajo. Será necesario, además, una previsión de desarrollo de infraestructuras y vivienda, como impulsores de la economía en general, tal como proponen Julián Núñez desde Seopan, y Jaime Lamo de Espinosa desde Anci.

Asimismo, resultará indispensable pensar en más inversión para I+D+i, y Salud Pública; recordándose aquí que Alemania tiene ocho camas de hospital por 1.000 habitantes, y en España estamos en solamente tres; cosa que generalmente no se sabe… pero que sí se ha notado, y mucho, en la crisis pandémica.

Por lo demás, en el contexto en que estamos, tendrían que seguirse, en el planeamiento para salir de la crisis, los criterios lógicos de una economía mixta –Paul Samuelson dixit—. Por lo que no es factible apoyar la idea de ir a una economía con más intervención pública, debiendo rechazarse, pues, el trasnochado mantra podemita/bolivariano de ir a la contracción de la empresa privada. Está demostrado que la cooperación público-privada (CPP) es lo verdaderamente indispensable para el futuro programa de reconstrucción nacional.

Habrá que considerar muy mucho a los empresarios, conectando con la CEOE y la CEPYME, que ya han destacado a Fátima Báñez y a Marcos Peña como sus cerebros económicos, para sus propuestas. Igual que habrá de darse entrada a los Sindicatos, subrayándoles que es preciso no olvidar temas como la productividad y la competitividad exterior.

También debe subrayarse que el esquema Sánchez/Casado que resulte habrá de ser más amplio, concreto y duradero de lo que inicialmente parece plantearse; si es que se quiere conseguir un éxito razonable.

Finalmente, que nadie se olvide que para monitorizar el Plan de Reconstrucción Nacional, debe constituirse una verdadera Comisión de Seguimiento de los acuerdos.


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