Adaptar la salud humana al calentamiento global, un reto urgente

Adaptar la salud humana al calentamiento global, un reto urgente

Aumento de las temperaturas, polución, eventos climáticos extremos… El cambio climático tiene múltiples y complejos efectos sobre la salud, una problemática que intenta abordar el Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático propuesto por el Gobierno


La ola de calor que recorrió Europa el verano de 2003 aún perdura en la memoria colectiva. Durante algo más de dos semanas de agosto, la canícula azotó varios países europeos, provocando importantes problemas de salud entre las poblaciones más vulnerables. En Francia, el calor fue responsable de una sobremortalidad del 55% y llegó a causar una crisis política debido a la falta de previsión de las autoridades, mientras que en España el INE estima que murió un 15% más de personas de lo normal en esas fechas.

De hecho, según el Atlas de la mortalidad de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), la ola de calor de 2003 constituye el desastre natural que más víctimas mortales ha provocado en España desde 1970. Un morboso hito que revela a las claras las funestas consecuencias que puede tener el cambio climático sobre la salud humana. Y el reto no deja de crecer: la propia OMM lleva décadas alertando de que los eventos climáticos extremos son cada vez más frecuentes.

Por eso es tan necesario que los planes institucionales de adaptación al calentamiento global tengan muy en cuenta el aspecto sanitario. Ese es uno de los objetivos del Plan Nacional de Adaptación al Cambio Climático (PNACC), que se encuentra en fase de alegaciones y pretende estar listo a finales de año.  El plan, elaborado por el Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico, busca crear una hoja de ruta que dé respuesta a las crecientes necesidades de adaptación al cambio climático en España y evitar o reducir los riesgos económicos, sociales y ecológicos para favorecer una mejor preparación y recuperación tras los impactos climáticos.

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Personas combatiendo el calor en Madrid.

En El Ágora, estamos repasando cada ámbito del PNACC, una labor de información pública que iniciamos con el agua y continuaremos todo el verano. A continuación, analizamos los aspectos más importantes en el área de salud, que deja sin embargo gran parte del desarrollo normativo a futuros Planes Nacionales que se encuentran aún en fase de elaboración. 

Plan Nacional de Salud y Medio Ambiente

A finales de febrero, la vicepresidenta cuarta y ministra para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico, Teresa Ribera, avanzó que el Plan Nacional de Salud y Medio Ambiente sería presentado formalmente por parte del Gobierno antes de concluya el año 2020. El trabajo iba a realizarse de forma conjunta con el Ministerio de Salud que dirige Salvador Illa, pero, previsiblemente, este proyecto sufrirá retrasos debido a la pandemia de coronavirus.

Sin embargo, este plan es una parte vital de la adaptación al cambio climático en el ámbito de la salud. El propio PNACC lo destaca como la línea de acción más importante dentro del área sanitaria, ya que este Plan Nacional de Salud describirá los principales factores ambientales que influyen en la salud humana y establecerá los objetivos y líneas de intervención de todo el sistema sanitario español. Además, en ese mismo plan se deberán abordar cuáles son los mecanismos de intervención preventiva más eficaces, flexibles, multidisciplinarios y adaptados a los nuevos riesgos ambientales.

De este mismo plan, que en teoría servirá para dirigir la acción climática gubernamental en materia de salud, se derivan todas las acciones concretas contra efectos particulares del cambio climático sobre la salud de los españoles. En este sentido, se deberán tener en cuenta desde las temperaturas extremas hasta la calidad del aire pasando por los desastres naturales, la calidad sanitaria del agua y alimentos y los vectores transmisores de enfermedades. 

En cualquier caso, la elaboración de un Plan Nacional de Salud y Medio Ambiente no es una propuesta exclusiva del actual Gobierno que preside Pedro Sánchez. Hace años que este tipo de planificación está en la mesa de los anteriores dirigentes de los ministerios de Sanidad y Medio Ambiente, sin que haya habido éxito a la hora de trasladar esta intención a la normativa. El PNACC establece el propio plan como punto de partida de la adaptación de España al cambio climático en materia de salud, por lo que está debe ser la máxima prioridad en la materia si se quiere abordar el resto de retos sanitarios provocados por el calentamiento global.

Olas de calor y contaminación atmosférica

A pesar de esta falta de desarrollo concreto en materia de salud que se evidencia por la falta de un Plan Nacional de Salud, el PNACC abordar algunas de las problemáticas más conocidas del cambio climático sobre la salud humana. La primera es el ya mencionado aumento de las temperaturas que puede provocar olas de calor veraniegas que supongan un riesgo para la vida de las personas más vulnerables. La segunda, la polución de las grandes ciudades y zonas industriales que tantos problemas pulmonares acarrea.

En lo que respecta al calor, España está bien preparada. La terrible ola de calor de 2003 motivó la creación del Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud, una normativa pionera en Europa que ordena y orienta las medidas dirigidas a evitar los impactos del calor excesivo sobre la salud en España. Este plan ha contribuido en los últimos años a reducir la mortalidad asociada a episodios de altas temperaturas en España, evitando así que se repitieran episodios como el de 2003.

Pero, sobre todo, el plan contra las olas de calor es un buen ejemplo de las ventajas de la coordinación entre los servicios públicos, así como de la necesidad de basar las iniciativas de protección de la salud en la mejor ciencia disponible. Un modelo sin duda para el resto de actuaciones contra los impactos negativos del cambio climático, como puede ser la contaminación atmosférica. 

MURCIA TRANSPARENTE. El estado de confinamiento en el que continuamos en España por el virus que azota al mundo entero no nos deja salir de casa. No obstante, ha hecho posible que en muchos puntos del país podamos ver una mejora muy notable en el ambiente, que poco a poco recupera su trasparencia. Por ejemplo, la contaminación del dióxido de nitrógeno, vinculado al tráfico de vehículos a motor, se ha reducido en el entorno urbano de Murcia más de un 40% en las primeras semanas de confinamiento. En la imagen, un combo de dos fotografías que refleja el nivel de contaminación ambiental en la ciudad de Murcia, la imagen de la izquierda fue tomada el pasado 29 de febrero y la de la derecha este jueves 23 | Foto: EFE / Marcial Guillén
Un combo de dos fotografías que refleja el nivel de contaminación ambiental en la ciudad de Murcia con y sin confinamiento | EFE / Marcial Guillén

El propio PNACC reconoce que, en buena parte del territorio español, el cambio climático puede favorecer la persistencia de condiciones de estabilidad atmosférica que dificultan la dispersión de los contaminantes primarios en las zonas urbanas. Esta situación, que es conocida sobre todo por la famosa “boina” que se forma en Madrid cuando persiste un anticiclón, agrava la contaminación atmosférica, especialmente las concentraciones de óxidos de nitrógeno y partículas. En condiciones meteorológicas concretas, como cuando hay una capa de polvo del Sáhara que cubre parte de España, la polución puede afectar gravemente a las vías respiratorias de muchas personas.

Por eso, el Ministerio apuesta por elaborar un Plan Nacional de Actuaciones Preventivas ante episodios de contaminación atmosférica, lo que equivaldría a crear una estrategia común e integrada para los periodos de alta polución en las ciudades. Según lo adelantado en el PNACC, este plan se debería desarrollar en colaboración las comunidades autónomas y las entidades locales, que van a ser con toda probabilidad las responsables de aplicarlo. 

Salud laboral

El PNACC también aborda los impactos que puede tener el cambio climático sobre los trabajadores, teniendo en cuenta especialmente el posible aumento de los riesgos laborales en ciertas profesiones debido al calentamiento global. En este sentido, las temperaturas ambientales son un claro ejemplo de los riesgos existentes, ya que los termómetros cada vez más altos en algunas épocas del año pueden no sólo alterar la atención y causar malestar, sino incluso causar accidentes de trabajo.

A corto plazo, las altas temperaturas pueden provocar enfermedades por calor (incluyendo el golpe de calor) en sectores al aire libre y que exigen esfuerzo físico, como la construcción o la agricultura. Pero, a largo plazo, la exposición repetida a altas temperaturas puede contribuir al agravamiento de enfermedades crónicas y suponer un riesgo para el embarazo, incluso en personas que no realizan actividades físicas en horario de trabajo. Además, el calor incrementa la toxicidad de ciertas sustancias, a la vez que reduce la efectividad de los equipos de protección individual en la reducción del riesgo.

Por eso, la prevención frente a los efectos del cambio climático sobre la salud en el medio laboral requiere incluir los factores del cambio climático en las evaluaciones de riesgo en los lugares de trabajo y la consiguiente planificación de medidas preventivas, así como impulsar programas específicos de protección de los colectivos de trabajadores más vulnerables.  

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Los trabajos al aire libre pueden ser irrealizables en verano si hay altas temperaturas.

En este sentido, la intención del Ministerio dirigido por Teresa Ribera es elaborar un Plan nacional de actuaciones preventivas frente a los efectos del cambio climático en la salud de los trabajadores. El proyecto debe ser elaborado en colaboración con la patronal y los sindicatos, además de contar con la tutela del Ministerio de Trabajo, por lo que es muy probable que, al igual que pasa con el Plan Nacional de Salud y Medio Ambiente, su preparación se vea retrasada por la crisis del coronavirus.

En conclusión, el PNACC detalla una gran cantidad de líneas de acción a desarrollar para adaptar nuestro sistema sanitario a los efectos del cambio climático y salvaguardar la salud de los españoles ante sus efectos más visibles. Sin embargo, la mayoría de ese trabajo está aún por elaborar: piezas vitales de la estrategia, como el Plan Nacional de Salud y Medio Ambiente o las normativas sobre polución o riesgos laborales, no está ni siquiera en condiciones de ser presentadas. 

El éxito del Plan Nacional de Actuaciones Preventivas de los Efectos del Exceso de Temperaturas sobre la Salud supone un importante precedente del que se puede inspirar los futuros desarrollos normativos en materia de salud frente al cambio climático. Y es que, como ha demostrado el coronavirus, es de vital importancia estar preparados para las peores consecuencias del calentamiento global sobre la salud humana. Cualquier dejadez o improvisación puede costar vidas.

Vectores de enfermedad

El PNACC también contempla prorrogar hasta 2030 el Plan Nacional de Preparación y Respuesta frente a Enfermedades Transmitidas por Vectores, aprobado a comienzos de la pasada década para hacer frente a la expansión territorial de virus antes endémicos de zonas tropicales como el dengue o el zika. Esta normativa se articula sobre seis elementos clave: 

  • La vigilancia epidemiológica y microbiológica para detectar, diagnosticar y tratar a todos los pacientes lo más rápidamente posible.
  • La vigilancia entomológica para detectar la presencia del vector. 
  • La gestión del vector para prevenir y controlar su presencia y si es posible erradicarlo. 
  • La protección individual de la población.
  • La formación e información y en su caso investigación; así como la coordinación y la comunicación entre las administraciones y agentes implicados, sin los cuales las actividades que se contemplan en el Plan no podrían llevarse a cabo.

El objetivo es que estos planes para la prevención y control de la transmisión autóctona de Dengue, Chikungunya y Zika se mantengan operativos en el periodo 2021-2030. 



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