América Latina, una región llena de agua pero con sed - EL ÁGORA DIARIO

América Latina, una región llena de agua pero con sed

La esencia de la vida, el agua, está en peligro. Un recurso que abunda en América Latina y Caribe pero que se agota por el crecimiento de la población, el cambio climático global y una gestión deficiente


Norberto Ovando Presidente de la Asociación de Amigos de los Parques Nacionales de Argentina (AAPN)


El agua potable es uno de los recursos que favorece el desarrollo de una sociedad. La decreciente disponibilidad de agua potable de calidad es un problema importante que aqueja a todos los continentes.

El agua es la sustancia que hace posible la supervivencia y el desarrollo de todos los seres vivos, incluida la especie humana. La crisis climática hace que cada vez tengamos menos agua disponible.

Irónicamente, somos una región llena de agua, pero con sed. América Latina y el Caribe (ALC) es una parte del mundo privilegiada al contar con más del 30% de las reservas globales de agua dulce y con apenas el 18% de la población del planeta.

En ALC de los 77 millones de habitantes que no cuentan con servicios de agua potable; 51 millones habitan en zonas rurales mientras que los restantes 26 millones se encuentran en zonas urbanas.

En Argentina el 21% de los 45 millones de habitantes no tiene acceso a la red pública de agua. Las ocho provincias que viven las situaciones más críticas de acceso al agua potable son Buenos Aires, Chaco, Corrientes, Formosa, Misiones, Salta, Santiago del Estero y Tierra del Fuego. Además no es solamente su disponibilidad sino también su calidad.

Según la Fundación Plurales, existen comunidades, en algunas provincias de Argentina, en las que deben caminar hasta cuatro o seis horas para conseguir agua potable.

Según los datos de la UNESCO, el consumo de agua se ha multiplicado por seis en el último siglo y crece a un ritmo de un 1% anual.

Según el PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), cada vez más países están experimentando estrés hídrico, y el aumento de las sequías y la desertificación ya está empeorando estas tendencias. Se estima que al menos una de cada cuatro personas se verá afectada por escasez recurrente de agua para 2050.

Los recursos de agua dulce disponibles por persona han disminuido en más de un 20% en las últimas dos décadas debido al crecimiento de la población y el desarrollo económico, exacerbados por el cambio climático, y de no tomar medidas la tendencia continuará, advirtió la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura).

Impactos 

Con una población en aumento con crecientes demandas de servicios básicos y un modelo de desarrollo sustentado en la explotación de materias primas, ALC se encamina hacia una agudización en la explotación de sus fuentes de agua.

Un documento realizado por la UNESCO y la Organización Meteorológica Mundial (OMM), señala que “La disponibilidad de agua dulce es uno de los grandes problemas que se plantean hoy en el mundo y, en algunos aspectos, es el principal. Durante los próximos 50 años los problemas relacionados con la falta del agua o la contaminación de masas de agua afectarán prácticamente a todos los habitantes del planeta”.

La región experimenta una creciente dependencia en el uso de sus fuentes hídricas subterráneas: América del Sur utiliza entre el 40 y el 60% del agua que consume de los acuíferos, aunado a esto, existe una deficiente gestión en el manejo y conservación del agua.

Otro serio problema es el deterioro de la calidad de las aguas. Actualmente son muchos los ríos cuyos niveles de contaminación los están haciendo inservibles para el consumo humano.

Si el agua con la que dispone una comunidad no es segura, o sus sistemas de saneamiento no cumplen con los requerimientos básicos, el agua puede convertirse en un transmisor de enfermedades.

La OMS (Organización Mundial de la Salud) ha manifestado en varias ocasiones que el 85% de las causas de enfermedades y de muertes en el mundo, se asocian con el agua contaminada y la falta de acceso a la misma. Anualmente 3 millones de personas mueren por enfermedades de origen hídrico.

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Habitantes de Buenos Aires intentan cruzar las avenidas de la zona de Puenta Pacífico, en el barrio Palermo de la capital argentina, durante una jornada de intensas lluvias registradas en 2010 | Foto: EFE/Leo La Valle

Según el estudio Global Burden of Disease (Carga Global de Enfermedad),  denominado Proyecto GBD, con sede en la Universidad de Washington y financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates, 1.23 millones de personas murieron prematuramente en 2019 como resultado de la falta de agua potable.

América Latina no escapa a esta realidad, anualmente se reportan 150.000 muertes por enfermedades hídricas, 85% de las cuales, ocurren en niños menores de 5 años de edad.

Las amenazas a la seguridad hídrica corresponden básicamente a un eventual desequilibrio entre los caudales posibles de obtener del sistema hídrico, dada su capacidad de manejo y la infraestructura disponible, y las demandas del sistema productivo. Este desequilibrio se origina en las frecuentes falencias en el sistema institucional, que resulta incapaz de establecer un balance efectivo entre disponibilidades y demandas.

Alrededor del 41% del riego actual se produce a expensas de los requisitos de flujo ambiental, que son esenciales para mantener los ecosistemas que brindan funciones de soporte vital.

Los principales factores que afectan la oferta y/o la demanda de agua, generando situaciones de desequilibrio, son: a) Impacto de la variabilidad y del cambio climáticos; b) Cambios en el sistema de recursos hídricos (demandas, tecnologías, etc.), debido a la dinámica económica y social presente en las cuencas; c) Explotación sin control de las aguas subterráneas; d) Deterioro de las cuencas altas de los ríos y e) Deterioro de los hábitats y perdida de las funciones de regulación de eventos hidrológicos extremos que cumplen los humedales. Estos factores, en ausencia de un sistema de gestión suficientemente sólido, pueden generar desequilibrios entre la oferta y la demanda en el mediano o largo plazo.

Por otra parte, la contaminación del agua resulta de legislaciones inadecuadas y de la falta de inversiones para tratar residuos. Los gobiernos deben garantizar la disponibilidad de agua y su gestión sostenible, el saneamiento y la necesidad de asegurar que estos recursos estén disponibles para todas las personas.

Derecho al agua

En 2020 se celebró el décimo aniversario de la resolución histórica adoptada por la Asamblea General de Naciones Unidas que en 2010, “Reconoció el derecho al agua potable y al saneamiento seguros y limpios como un derecho humano que es esencial para el pleno disfrute de la vida y de todos los derechos humanos”. La ONU advierte que la crisis del agua y del saneamiento está empeorando.

“La palabra ‘agua’ rara vez aparece en los acuerdos climáticos internacionales”, indica la directora general de la UNESCO, Audrey Azoulay. “Las contribuciones determinadas a nivel nacional que presentan los Estados en virtud del Acuerdo de París son de carácter general y no proponen planes específicos para el agua, agregó”.

Es necesario que las políticas públicas y el sistema institucional consideren el elevado grado de incertidumbre existente, debido tanto a la variabilidad hidrológica y cambio climático, como a la profundidad de los cambios sociales, económicos y políticos presentes.

Se deben instrumentar más regulaciones legales para responder a las necesidades de conservación y desarrollo de los recursos hídricos superficiales y subterráneos, del ordenamiento territorial, el manejo del cauces e inundaciones, la regulación de los aspectos ambientales y de la calidad de las aguas, la contaminación difusa, el desarrollo de infraestructura verde, entre otras.

Hacer un uso responsable del agua es esencial en el contexto actual.

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El profesor Norberto Ovando, experto en Educación y Comunicación, es el presidente de la Asociación de Amigos de los Parques Nacionales de Argentina, miembro de la Comisión Mundial de Áreas Protegidas (WCPA) de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) y miembro de la Red Latinoamericana de Áreas Protegidas (RELAP).

La Asociación Amigos de los Parques Nacionales forma parte de la campaña global de #AcciónPorElAgua de Naciones Unidas, “Agua para el Desarrollo Sostenible”.


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